edición: 2618 , Martes, 18 diciembre 2018
05/12/2008

Sarkozy apura el reloj del bonapartismo

Ana Zarzuela

Le da cuerda a las últimas semanas de su ‘reinado’. Se resiste a recoger las redes de la presidencia de la UE sin piezas para la galería de sus trofeos. A la vista de las arrugas de la diplomacia magrebí que esperaba desplegar en su semestre presidencial, de los problemas para su aspiraciones nucleares en el Este, del techo para Areva y EDF en EE UU y de las líneas rojas que Putin le marca a su despliegue energético, el francés ha echado todos sus cebos en el mar de las influencias financieras y la proyección del G8. Pero sus banderas no tienen quien las porte. La segunda vuelta de la Cumbre del G20 en Londres no le permitirá lucirse. A contrapié, amuebla al menos a su gusto el patio galo para indiferencia de Bruselas (que apuesta por el 1,5% del PIB) y para espanto de la ministra Lagarde, que encendió todas las alarmas con el fondo soberano francés y ha recibido el plan de 25.000 millones para la reactivación de la economía con el simple silencio.

Areva, empeñada en iluminar la torre Eiffel con el anuncio del semestre francés de la UE es lo único que le brilla al galo en las últimas bocanadas de su presidencia. Sarkozy se estresa por el adiós. Quiere parafrasear a Soros y convertir ésta en la crisis de su vida, aunque sea a golpe del miedo de los mercados. Pero Angela Merkel y Gordon Brown se le han adelantado. No consigue protagonismo. El de la crisis se lo llevaron Bernanke, Paulson y Bush. El del plan de emergencia, que el francés trató de cocinar en los fogones exclusivos de los ‘cuatro’ grandes de Europa, no se lo creyeron los Veintisiete hasta que a Berlín y Londres les llegó el agua al cuello de la intervención estatal. Ahora, la bandera de la reforma de las instituciones financieras internacionales la asume Dominique Strauss Khan -resucitado de su caída en desgracia ante el Eliseo- la de la UE y los planes de rescate de los Veintisiete la asume, incluso desde fuera del euro, Downing Street. La del salvamento financiero y las glorias bancarias- Dexia y Fortis y la Casse mediante- se la manchan ABN, Fortis, Credit, PNB y Societé Generale. Se deja aún en la nevera uno de los paquetes legislativos más ambiciosos de la Unión, no sólo en el campo medioambiental, sino también en el corpus normativo sobre el cambio climático y la eficiencia energética. Y Barroso rechaza su fondo soberano con la misma firmeza con la que deja la puerta abierta a las rebajas del IVA.

Francia viste de proteccionismo la ley del embudo para sus gigantes estatales. A falta de plan industrial y de un gobierno paneuropeo con el que castigarle el hígado a Trichet, Sarkozy se ha refugiado en la venganza de un fondo soberano propio. Con él como jeque, claro. Aunque, como Sebastián, acabe pidiendo que los fondos árabes compren deuda para financiárselo. Pero la liquidez no está a la altura de sus ensueños. Se lo recuerdaba nada menos que su propia ministra Christine Lagarde. Por si acaso -aviso para el Pacto de Estabilidad- corre a confesar “la debilidad del presupuesto francés”, con un déficit público superior al 2,8% del PIB, que ya ha saltado por los aires a golpe de rescate y puede dispararse hasta el 3,9% en 2010, con un crecimiento para 2008 más cercano del 0 que del 1%. La prima de riesgo de la deuda acusa el salvamento financiero y la deuda pública ya se había elevado en julio a 1,2693 billones de euros, el 65,7% del PIB antes de planes de rescate. Lagarde lo reconoce: ni con la mejora de la tesorería del Estado (2.900 millones de euros) ni con la reducción del agujero de diversos organismos de la Administración central (4.900 millones), pudo compensar los números rojos de la Administración del Estado y de la Seguridad Social en el segundo trimestre. Menos de ahora en adelante, con unas previsiones desbordadas ya.

Pinchó en la cláusula Gazprom, el paraguas de la Unión del Mediterráneo se le ha cerrado en la cabeza; el pragmatismo de sus empresas se abrazó a los cañones de Putin en el Cáucaso. Y ya no está solo en el despliegue nuclear, ni siquiera el europeo. Ni el rescate financiero europeo y planes de reactivación de la economía real entre los Veintisiete ni la Cumbre del G20 llevan su apellido y hasta en casa se le chafan sus revoluciones. Sus bancos le manchan la pechera. Se lo juega todo en la trastienda de los favores bilaterales. Y en el ‘te daré lo que me pidas’ que ha empezado a cobrarle a Moncloa: la presidencia de Ecofin y la escisión industrial a debate en la UE, para comenzar.

Sarkozy hace patria de los 26.000 millones de euros de su plan de rescate, por más que llegue tarde –ha sido el sido el último país de la UE en abrir sus arcas públicas para atajar el impacto de la crisis en la economía real- y bajo la bandera de Bruselas, la primera que propuso el horizonte del ayuda del 1,5% del PIB por dos años. Un techo incluso superior al que se abraza ahora el presidente francés.

Se ampara en eso de que “Alemania piensa y Francia trabaja”, pero no es Angela Merkel la única que deja a Sarkozy en fuera de juego con las inyecciones comunitarias para impulsos nacionales, por más que sean de salvamento. Barroso se echa atrás en su apoyo al fondo galo de apoyo industrial. Nada de proteccionismo. Y menos si es para mayor gloria gala a cargo de la UE. Los ministros de Finanzas no apoyaron la propuesta de la Comisión donde se proponía la posibilidad de una disminución temporal del IVA, pero ya Gran Bretaña con anticipación había tomado esta iniciativa rebajando el IVA del 17,5 al 15%.

Quiso subirse al armazón de la nueva economía y que su esqueleto -apenas bocetado en Washington- le sirvira de caballo de troya para regresar a París. Pero su paseíllo europeo tiene las horas contadas. El “socialista en el armario”, como lo define ‘The Economist’, no se resigna a buscar aliados a su cruzada de paladín de la intervención estatal. Jura que la posición común de la UE después del G-20 tiene su apellido. Pero ya desde Washington,  los demás no se dieron cuenta. Todos unidos, sí. Pero también todos vedettes, con una agenda nacional e internacional no siempre coincidente. El británico Gordon Brown, confiado tras ser el dirigente europeo más elogiado por su sólida reacción a la crisis. Angela Merkel, en un segundo plano y con el país en recesión. La cumbre le arrugó la corona a Sarkozy: evidenció las divergencias entre del modelo capitalista estadounidense -versión Bush- y el europeo. Y marcó la irrupción en los máximos foros de líderes de las potencias emergentes y un deslizamiento de los centros de poder económico y financiero.

Sarkozy busca ahora camaradas para una Cumbre a medida  en París el 8 y 9 de enero sobre el nuevo capitalismo que debe salir de la actual crisis financiera, en complemento al proceso que lleva a cabo el G-20. ZP se entregó con su promesa de ‘darle lo que le pida’. A lo peor, comienza a cobrarle pronto lo que falta. Ya ha comenzado con EDF, con sus acuerdos con catapulta el bache de los Pirineos con el pago de los favores debidos. Los grandes consumidores de energía- entre los que se encuentran gigantes como Alcoa o Ferroatlántica- comprarán la electricidad en Francia. No es sólo el sillón en la Cumbre del G-20 de Washington lo que está pendiente de pago. Le debe la sede barcelonesa de la Unión, la pérdida de la corona de Lawrence de Arabia. Y el apoyo antiterrorista. Todas sus facturas apuntan a las glorias globales. Y a facturas europeas. Si no se atreve a pedirle el retorno a Marsella de la UPM (no depende ya de España), buscará el beneplácito de Rodríguez Zapatero en la eliminación de las resistencias en el proyecto hacia el Mediterráneo, el apoyo del plan francés de tanteo a Rusia y del modelo de acercamiento de Moscú a la OTAN tipo Francia.

Pero sobre todo, la primera de las ‘letras de la hipoteca española será el respaldo a un presidente para el Eurogrupo de apellido francés. Europa, además, deberá debatir en breve la separación entre la producción y la distribución eléctrica. Una propuesta energética de la Comisión que cuenta con el rechazo galo.

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