edición: 2309 , Viernes, 22 septiembre 2017
06/04/2009

Sarkozy, el 'burlador burlado' por el puño del intervencionismo

Ana Zarzuela

Encarna su bonapartismo en las grietas de las zozobras financieras e industriales europeas. Se saltó a Bruselas con la bandera tricolor en ristre y el empeño en un club bancario galo capaz de mirar por encima del hombro a las vecinas y de hacerse con sus debilidades, aunque fuera a costa de inyecciones de competencia desigual. Dribló a la UE con sus ayudas automovilísticas y su fondo industrial. Sus ‘protegidas’ le han recordado que no responden a sus órdenes, ni a cambio de la segunda hornada de 10.000 millones de euros pendientes. Bruselas le complica el plan con Dexia, los accionistas minoritarios le nublan el desembarco de BNP en Fortis y las compras que tenía previstas; el cuestionamiento a Periol amarga la génesis de Caisses-Banque Populaire; Renault y Peugeot le bailan las condiciones a sus ayudas. Y su ‘cuadra bancaria’ se le rebela y le hace sangrar por las heridas de los resultados y las remuneraciones. Los seis bancos protegidos por el dinero del Elíseo le han obligado a partir lanzas con la patronal -la poderosa Medef- , a dar a luz a la sexta ley en siete años sobre remuneraciones y a verse adelantar por la derecha por el Senado galo, que desafía su política de contención de la remuneración en las empresas auxiliadas por el Estado. Si Sarkozy no lo remedia, o convence a la Comisión mixta paritaria, emborronarán el horizonte que diseñó para su Fondo Estratégico de Inversión (FSI). De nuevo, sólo se lo puede cobrar en otra vuelta de tuerca al intervencionismo.

Respira por los poros de Napoleón. Con los bancos, lo justo para no enfundarse los sables europeos, por más que las miserias propias y los lastres de su ‘cuadra bancaria’ se los oxiden. Se autoinvita a las ‘bodas’: lo hizo con Dexia, con Populaire y las Cajas de Ahorro galas y ahora otra vez con BNP y Fortis. Trata de celebrarlas al mismo tiempo que los funerales financieros de sus vecinos europeos. Pero ni las unas ni los otros se consuman a su gusto y en sus calendarios. AIG le ha manchado la foto de sus bancos con los 15.000 millones de ayudas que acabaron en arcas francesas.

Nicolas Sarkozy creó su Fondo Estratégico de Inversión (FSI) en otoño para proteger a las empresas estratégicas de los vientos de la crisis y la gula de los petrodólares -cuando aún tenían con qué ejercerla-.  Antes muerto que en manos extrañas, prometía el presidente galo. Y abrió la veda de los 20.000 millones para la ‘caza’. Pero son los propios dirigentes del FSI los que se rebelan contra los designios que el Elíseo tenía para el ‘frankenstein’ de sus fondos soberanos. Lo advierte su presidente, Augustin de Romanet: no es mágico. Tampoco su generosidad aleatoria. Tras más de dos meses de funcionamiento y más de 5.000 millones en ayudas, aún no han acabado de definir sus criterios, pero ya han rechazado los bocados de Caterpillar France –que va a anunciar supresión de empleos- y Bénéteau –con los pedidos reducidos a la mitad-. Incluso su intervención en Heulez pende del hilo de las negociaciones con los accionistas.

Sarkozy le ha puesto el  tentetieso a Peugeot y la puerta abierta a Christian Streiff, que será reemplazado desde junio por Philippe Varin en Renault. Se lo advertía a los principales fabricantes de coches que asentaron sus reales en territorio galo: como consecuencia de las presiones de la Comisión Europea, Francia retiró de su legislación la cláusula que condiciona la adjudicación de ayudas al mantenimiento de empleo. Pero, a cambio de los euros, hubo un ‘pacto entre caballeros’ con el Elíseo y, lo que es más importante, después de que Bruselas mirara para otro lado, disfrazó sus ayudas de ‘subvenciones regionales’, la gatera por la que obligar a las empresas que reciben ayudas públicas a permanecer en la región en la que las reciben durante un lustro.  Para empezar, los créditos por 6.000 millones a bajo interés que Francia va a conceder a sus principales fabricantes -Renault, PSA (Peugeot Citroën) y Renault Trucks- están condicionados a que no cierren fábricas en territorio francés ni haya despidos. Ya Francois Fillon, advirtió de forma nítida al presidente de la Comisión Europea, José Manuel Durao Barroso: si el plan de ayudas al sector del automóvil (6.500 millones de euros) diseñado por el Ejecutivo galo no recibe el visto bueno de Bruselas, por considerarlo proteccionista, Renault y Peugeot se verán obligados a cerrar plantas en distintos países europeos. Pero PSA, con los 3.000 millones de créditos blandos y ayudas del Elíseo en la mano ha encontrado la gareta a los designios del presidente Sarkozy: el primer fabricante de automóviles francés ha dejado la puerta abierta para que 11.000 trabajadores abandonen de forma voluntaria la compañía a lo largo de 2009. Streiff lo ha dejado claro antes de marcharse: al término del año la corporación arrojará nuevamente pérdidas por la caída de las ventas y los costes de reestructuración. Son las propias marcas las que lo dejan en fuera de juego. Renault baila la yenka con los 3.000 millones de Sarko: una repatriación de la producción de la empresa Renault desde Eslovenia, que generaría 400 nuevos empleos. Bebe del proteccionismo propio y ajeno: sólo las ayudas directas alemanas y el auge de la demanda nutren su nacionalismo en brazos de las solicitudes eslovenas. La operación, en realidad, es un alza de sus capacidades productivas en Flins y también en Novo Mesto, capaz de despertar los recelos de Bruselas y la desconfianza eslovena por igual.

DESCONCHONES EN EL BONAPARTISMO BANCARIO

Trató de recapitalizar sus errores a la banca nacional. La mimó, alimentó sus miserias y sus ansias, extendió el LivretA y aguantó la rebelión de sus bonus. Dejó que los seis mayores bancos privados regatearan la competencia y plantaran sus ‘reales’ en el tablero de las finanzas europeas con los 10.500 millones de euros de la primera hornada de ayudas públicas. Sobre la mesa, los planes para la segunda oleada. A cambio, la renuncia a sus bonus de 2008, la promesa de aumentar los préstamos una media del 3% al 4% anual y la aceptación a los límites de opción de compra de acciones. Aún así, han rebelado sus sables. Sometidos a la presión política, los dirigentes de los tres principales bancos galos -Crédit Agricole, Société Générale y BNP Paribas- renunciaron a sus 'bonus' y 'stock-options' del año pasado, pero sus remuneraciones y sus jubilaciones siguen sin verse limitadas. Se lo recuerdan BNP-Paribas, que ha realizado una provisión de 28,6 millones de euros con cargo al ejercicio 2008 para hacer frente a los compromisos de las jubilaciones de cinco de sus directivos y Société Générale, también socorrido por el Estado, que aprovisionó 33 millones de euros para las jubilaciones de seis de sus altos ejecutivos.

Chevreux, la filial de la Caisse d'Epargne y de Banques populaires, déficitaria en 2.800 millones de euros en 2008 le ha dado ‘el bautizo’ del segundo banco del país a Sarkozy, con el amago de 51 millones de euros en bonos.  Los coqueteos-contra natura y la voluntad del Eliseo, a contrapié del Eliseo- entre BNP y Societé Geneale le afean su zigurat. Credit y Societé acercaron activos No es su primera alianza. Y promete no ser la única. Se miden ya las distancias de los seguros de vida, por más que Oudea jurara hace un mes que no. Tanto va el cántaro a la fuente de las alianzas que puede acabar rompiendo en la costa de las fusiones. No será si Sarkozy puede impedirlo. La Cámara alta ha dejado atrás el decreto de mínimos adoptado por el Gobierno para prohibir sólo las 'stock options' hasta 2010 a los directivos de sociedades apoyadas por el Estado y permitir las llamadas 'jubilaciones blindadas' que gozan todavía de un trato de favor. No serán solamente los seis bancos auxiliados por el Estado, los constructores automovilísticos y las empresas públicas.

A Sarkozy se le amargan los bocados bancarios de su bonapartismo. Ha hecho de las grietas belgas el atajo a las pretensiones más napoleónicas de su cuadra bancaria, pero Bruselas le enseña por partida doble que el camino enmarañado puede ser de ida y vuelta: La Comisión Europea autorizó al banco franco-belga Dexia a adquirir el control total de su filial en Austria, Dexia-Komm, tras constatar que la operación no tendrá un impacto negativo sobre la competencia en el mercado comunitario. Pero le pisa los talones al proteccionismo de Sarkozy e inicia con Dexia - el mayor prestamista municipal del mundo- la batalla contra las ayudas al sector. La CE ha lanzado una profunda investigación sobre la reestructuración del grupo financiero franco-belga, exige una reestructuración profunda a cambio de los subsidios: ya tiene en sus manos 6.400 millones de euros desde fines de septiembre y garantías por hasta 150.000 millones de euros para sus deudas con los tres Estados. A Dexia –que ya ha utilizado la mitad de los 150.000 millones de euros en concepto de garantías concedidas el pasado octubre por Bélgica, Francia y Luxemburgo para salvarlo de la quiebra- el salvavidas galo le costó el reemplazo de Axel Miller y la puerta abierta a Jean-Luc Dehaene, y Pierre Mariani -directivo de BNP Paribas y antiguo jefe de Gabinete del presidente francés Nicolas Sarkozy-  como consejero delegado y presidente del comité de dirección del banco franco-belga.

FORTIS Y DEXIA

Le debe aún favores a la cúpula de BNP Paribas. Se acogió a préstamos del Estado para aumentar su capital en 5.100 millones, dentro del primer plan de ayuda del Gobierno francés. Le seguirá inyectando liquidez,  pero no le permite soltar el mordisco de Fortis, aunque presentó pérdidas de 1.400 millones de euros, la primera trimestral en 10 años. Al igual que en el caso de Crédit Agricole, el deterioro de BNP se aceleró en el cuarto trimestre del año, en el que perdió 1.376 millones de euros. Pero con la mano de Nicolas Sakozy, BNP Paribas pagará 8.300 millones de euros por el control del 75% de Fortis Banque, el 25% de Fortis Assurance Belgique por 1.375 millones de euros y 800 millones más por Fortis Luxemburgo. Con la fagocitación de Fortis por BNP  Sarkozy esperaba apadrinar el segundo mayor banco de Europa: 660.000 millones de activos bajo gestión. No oculta que la entidad ya tiene en la mira la compra de activos  en el sector de los seguros en Europa y Asia con los euros del Elíseo, pero la demora y los recelos de los minoritarios le nublan el paseillo. Fortis calcula que sus pérdidas en el 2008 ascendieron a 22.500 millones de euros (29.096 millones de dólares) por lo que no dispone de margen para distribuir dividendos por el pasado ejercicio. Y el folletín de la entidad belga-francesa está lejos de acabar: depende ora vez de los minoritarios y el peaje del precio y – a la luz e la decisión del Tribunal de Apelaciones de Bruselas- no se despejará, como pronto, antes del 29 de abril, casi un mes después de lo previsto. 

Le ha puesto la mano de los euros oficiales a Dexia. Pero no gana para disgustos. La rebeldía, los resultados y las facturas pendientes no le lucen. Con BNP, el 75% de Fortis le costará 10.400 millones y un buen mordisco al fondo de seguros recién creado a medida por el Elíseo. Con el conjunto de sus ‘favoritos’, amasa ya la segunda hornada de ayudas por otros 10.000 millones de euros. Al grupo de servicios financieros belga francés Dexia, el mayor prestamista municipal del mundo, la exposición estadounidense y la voracidad internacional le han pasado ya una factura que de ahora en adelante respalda también Sarkozy: acaba de reconocer unas pérdidas netas de 3.330 millones de euros en 2008  -300 de ellos adicionales en depreciación en su cartera de valores residenciales con respaldo hipotecario de Estados Unidos- y ni la mano del Elíseo la libra de  retirar sus tentáculos de Australia, India y México, de cerrar el grifo de los dividendos y obligarse a recortar 600 millones de euros de costes en tres años. Los de Pierre Mariani aún tendrán que digerir su exposición en más de 13.000 millones de euros en países de Europa central y del Este. Sólo así consuela los desconchones de su ‘cuadra bancaria’. A Dexia -ya ha utilizado la mitad de los 150.000 millones de euros en concepto de garantías concedidas el pasado octubre por Bélgica, Francia y Luxemburgo para salvarlo de la quiebra- el salvavidas galo le costó el reemplazo de Axel Miller y la puerta abierta a Jean-Luc Dehaene, y Pierre Mariani -directivo de BNP Paribas y antiguo jefe de Gabinete del presidente francés Nicolas Sarkozy-  como consejero delegado y presidente del comité de dirección del banco franco-belga.

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