edición: 1667 , Viernes, 6 marzo 2015
30/03/2010

Sarkozy, Merkel y Bruselas le ‘nublan’ a Zapatero el Plan Solar del Mediterráneo

París busca con el Transgreen que la conexión española no sea la única entre la UE y el Magreb: bajo el mando de EDF potenciará redes desde Túnez, Libia, Marruecos y Egipto a Italia y Grecia
Francia promueve un banco de desarrollo euro-magrebí y junto con Alemania busca fórmulas de integración entre el Plan Solar y el Desertec, con o sin Bruselas y España
Desarrollo del Proyecto Desertec

Tenía un calendario para hacer suyas en la Cumbre comunitaria de junio las ambiciones del Plan Solar del Mediterráneo llamado a transportar desde la otra orilla del Mare Nostrum en 2020 hasta un 15% de la electricidad de la UE. Le hizo sitio entre los seis planes energéticos de la presidencia española, pero Sebastián empieza a conocer el tamaño de los muros del Magreb y la sombra de la diplomacia energética del Elíseo sobre ellos. El comisario Oettinger, tan cercano a sus compatriotas de Desertec como al Plan de la UdM, no ha incluido ningún proyecto de interconexión Magreb-UE en la mayor partida de financiación de la historia para proyectos energéticos, 2.300 millones de euros. La CE deja aún por madurar una posible interconexión entre Argelia y España para sacar 2.000 Mw hacia la península. Lo sabe el Elíseo, adelanta por la derecha las esperas de Sebastián, mira de lejos la única red entre las dos orillas del Mediterráneo -bajo mando español y las aguas del Estrecho-; quiere la llave del futuro renovable entre la UE y el Magreb y está dispuesta a encontrarla en el Proyecto Transgreen para minimizar la ventaja española. Francia acelera el acuerdo con Berlín para hermanar el Plan Solar del Mediterráneo y el Desertec y potenciar con la capitanía de EDF una nueva red de redes entre Italia y Túnez, Italia y Libia, e incluso Grecia y Egipto. Le quiere poner los apellidos de sus empresas a los proyectos locales, ya ha empezado en Marruecos y Túnez y baraja un banco de desarrollo interregional con banqueros de confianza de Sarkozy. Si sus planes se cumplen, despegarán antes de la fecha prevista por Moncloa, en la Cumbre de la Unión por el Mediterráneo del 25 de mayo en El Cairo y con la sintonía del Gobierno de Mubarak.

No era otro que el ejecutivo egipcio el que le advertía a Sebastián hace un mes, en el estreno de la capitalidad barcelonesa para la UPM, de que sólo los planes industriales con el padrinazgo galo y el apoyo de los Veintisiete y el respaldo mayoritario de los socios magrebíes podrían despejar a medio plazo los planes energéticos comunes. Y, si el de Sarkozy lo hace, verá la luz con un mapa de redes eléctricas en el que, en el mejor de los casos, España sólo podrá ponerle apellidos a la interconexión ya en funcionamiento a través de Argelia, aunque sabe que su techo son 400 Mw. El Elíseo le hace sitio a las nuevas líneas submarinas entre Italia y Túnez, Italia y Libia, e incluso Grecia y Egipto. Ya le ha puesto un calendario -quiere tener lista la planificación antes de fin de año-, cifras -necesita unos cinco millones de euros, sólo para la fase inicial de su estudio- tiene los aliados justos para un consorcio que se pueda autoproclamar como paneuropeo (entre ellos Siemens, ABB o Areva especializados en redes, los fabricantes de cables Nexans o Prysmian, fabricantes de centrales solares, empresas proveedoras de sistemas de información como Cap Gemini o Atos Origin y gestores de redes eléctricas como RTE) y sobre todo, como adelantaba La Tribune, un capitán: nada menos que el presidente del Consejo Internacional de Grandes Redes Eléctricas, André Merlin, que además preside el consejo de vigilancia de la Red de Transporte de Electricidad de Francia (RTE), filial de EDF para la gestión de las líneas de alta tensión.

Francia está dispuesta a tejer la pinza eléctrica en los mismos mimbres que la gasista: el gasoducto Galsi puede servir para sacarle también la electricidad a ENI -la nueva aliada de EDF- desde Argelia y Túnez a Italia, estudia ya su conducción eléctrica, un ariete con el que empujar la luz del Magreb hasta las redes alemanas.  Y esta vez le deja claro a la presidencia española de turno que ni siquiera necesitaría financiación comunitaria, no al menos en sus primeros compases: los participantes en el consorcio se encargarían de asumir el presupuesto inicial y, en caso de concretarse el plan, tendrían ventaja sobre sus competidores para hacerse con los contratos para la instalación de las líneas, cada uno de ellos de más de 1.000 millones de euros.

España y Francia son líderes en tecnología solar, punteros en materia de concentradores solares, cilindros parabólicos, tubos y fluidos de conversión del calor, sales de almacenamiento térmico y turbinas. Mucho más de lo que puede decir Francia: pionera del sector termosolar en los años sesenta, con su central experimental de Odeillo y Targassonne (Pirineos Orientales), trata de recuperar espacio a toda prisa en un sector que había abandonado a mediados de la década de los ochenta. El Eliseo y Moncloa rompen la baraja de la calma. Dan por inaugurada una batalla solar que, hasta ahora, Francia, Alemania y España buscaban impulsar sin rivalidades y de cara a los vientos de la UE. Se miden las fuerzas, los proyectos y las redes en los espejos de la financiación de Bruselas y del interés de Argelia, Marruecos y Túnez por sumar sus planes energéticos nacionales a cualquiera de los dos intentos europeos por hacer de la solar del Magreb la fuente de generación de un 15% de la energía eléctrica de los Veintisiete, ya sea con el Plan Solar del Mediterráneo o el Desertec.

Sarkozy y Merkel han visto pasar de largo las promesas de Miguel Sebastián de poner en pie desde este semestre los planes detallados del Plan Solar del Mediterráneo, la última vez durante la Semana de Energía Sostenible de la UE. Al sur de los Pirineos, los objetivos españoles del Plan de Energías Renovables 2005-2010 se han cumplido en todas las tecnologías salvo en biomasa y desde Castellana 160 se buscan ya mercados exteriores para el sector y -al calor de la Directiva trasnacional de renovables de la UE y el mecanismo de transferencia estadística de energía de origen renovable- saben que el PSM permitiría generar 20 gigavatios de energía solar, de manera que países europeos, como los nórdicos, puedan cumplir los objetivos del 2020 y que las empresas locales exporten su tecnología. Por eso Miguel Sebastián ha tratado de hacer suyo -como uno de los seis objetivos de Industria para el turno español en el primer semestre de 2010- las ambiciones del Plan Solar del Mediterráneo, recogido en la Directiva para el fomento de energías limpias de 2009, que había quedado relegado en un rincón comunitario durante el año pasado. Pero si llegan, será sin el apoyo expreso de Francia, no al menos por este semestre. Se guarda sus mejores esfuerzos para la segunda mitad de 2010 y para 2011, durante su presidencia del G-20 y el G-8, ya ha acordado con el Banco Mundial un presupuesto de 750 millones de euros para proyectos de energía solar en la zona, que espera atraer más fondos para llegar hasta los 4.500 millones de dólares a Marruecos, Argelia, Túnez, Egipto y Jordania.

EL SILENCIO DE BRUSELAS Y LOS EUROS DEL BANCO DE DESARROLLO

Sarkozy y Merkel cuentan con la sintonía del Comisario Gunther Oettinger, nadie en Bruselas duda de la viabilidad y la oportunidad de un proyecto encaminado a reducir la dependencia energética mediante la instalación de plantas termosolares en el norte de África con una potencia total acumulada de 20.000 megavatios (MW). Otra cosa serán sus mapas, sus calendarios y sobre todo, sus padrinos.  Y esos, acaban de demostrar que París y Berlín están dispuestos a peleárselos a Madrid. El presidente francés ha vuelto a escuchar a su mano derecha en estrategia exterior, Guaino, el mismo que lo empujó a impulsar a bombo y platillo una Unión por el Mediterráneo un 14 de julio de 2008. El presidente galo ha dejado hacer durante cuatro meses a Miguel Sebastián al calor de la presidencia española de turno de la UE, pero vuelve por los fueros de su diplomacia energética. Esta vez de la mano de Angela Merkel. En el Elíseo aún consideran que la Unión por el Mediterráneo (UPM) es una criatura gala, heredera de la Unión nacida en una cumbre en París el 13 de julio de 2008, por más que su sede recién inaugurada esté el barcelonés Palacio de Pedralbes. Trata de cortar todo rastro con el Proceso de Barcelona de 1995. Espera hacerlo por la puerta de los proyectos concretos y sabe que de las seis grandes líneas de trabajo de la organización que agrupa a los 27 países de la UE con sus 16 vecinos de la ribera sur del Mare Nostrum, (la lucha contra la contaminación en el Mediterráneo, las autopistas del mar, la cooperación en protección civil, un Erasmus de intercambio, planes de ayuda a las pequeñas y medianas empresas y los programas de cooperación energética) el Plan Solar del Mediterráneo era el que más posibilidades tenía de comenzar a encarnarse en acuerdos empresariales y programas de financiación comunitaria.

No es casualidad que Nicolas Sarkozy acabe de dejar en manos de Charles Milhaud -ex presidente del Grupo Caisse d’Épargne (GCE) y uno de los ‘banqueros de ‘cabecera’ del presidente francés- el encargo de evaluar la creación inmediata de un Banco de Desarrollo euro-magrebí llamado a inyectar financiación a proyectos tecnológicos y energéticos entre otros, ahora que esas mismas manos barajan la creación de un centro euro-mediterráneo de innovación que Francia y Egipto quieren servir en el menú de la segunda Cumbre de la Unión por el Mediterráneo en junio. Milhaud aún no ha definido si será un banco, una caja de depósitos regionales, o un claco simplemente del Banco Europeo de Reconstrucción y Desarrollo (BERD), pero ya cuenta con la sintonía de los ejecutivos de Marruecos, Argelia y Túnez y con el ariete de una docena de ‘nombres’ de la banca europea y africana a favor, designados personalmente y trabajando en su comisión. Desde Abderrahmane Hadj-Nacer, ex gobernador del Banco Central de Argelia y cofundador del International Maghreb Merchant Bank (IMBank),  a Franco Bassanini presidente de la Caja de Depósitos y Préstamos  italiana, Daniel Houri, ex administrador de la Compañía Internacional de Banca y de Crédito Lionés, Philippe de Fontaine Vive-Curtaz, vicepresidente de la Banca Europea de Inversión (BEI), Jean Lemierre, ex gobernador del Banco Europeo de Reconstrucción y Desarrollo y consejero del presidente de BNP Paribas, pasando por Hervé Lorenzi, presidente del Círculo de Economistas (en el que participa Olivier Pastré, presidente del IMBank de Argelia) y Jean-Louis Guigou, secretario general del Instituto de Prospectiva Económica del Mundo Mediterráneo. Desde los despachos de Milhaud miran a Argel, ahora que acaba de ver la luz el BMCIE, el primer proyecto sólido de banca de inregración magrebí, avalada por el BM y el FMI y con 500 millones de dólares sobre la mesa para impulsar proyectos en los cinco países de la UMA: Argelia, Marruecos, Túnez, Libia y Mauritania.

VENTAJAS GALAS EN ARGELIA, TÚNEZ Y MARRUECOS

Argel se ha tomado al pie de la letra las recomendaciones de la ex Comisaria Europea de Relaciones Exteriores, Benita Ferrero-Waldner, que apunta a las renovables del  Magreb para reducir la dependencia de la energía de la Unión. Miran de reojo a Marruecos y su Plan Solar, se ha fijado el objetivo de que el 10% de su demanda eléctrica antes de 2025 tenga apellidos solares con una nueva central térmica y dos termosolares de ciclo combinado y no pueden ocultar que le han tendido ya la alfombra roja a los euros españoles tras la senda de la central híbrida de Hassi-R’Mel,  en proceso de construcción y en la que participa la española Abener Energía S.A. (perteneciente a Abeinsa, cabecera del grupo de negocio de Ingeniería y Construcción Industrial de Abengoa) en asociación con AEC, que entrará en funcionamiento a lo largo del año 2010 y estará facultada para producir 150 MW (25 MW de origen solar). Pero Argelia intenta ponerle cara a España la electricidad ‘verde’ del Magreb, busca ser el segundo suministrador extranjero de España; la estatal Sonelgaz tiene 2.178 millones de euros listos para invertir y la voluntad de llegar al corazón de mercado europeo, pero necesita la colaboración ibérica. Madrid quiere un nuevo nodo eléctrico con Argelia y sueña con alimentarlo con hasta 2.000 megavatios. Bouteflika se lo pondrá caro, en precios o en acuerdos. Vincula la suerte del gas, la paz de precios (que trata de elevar un 20% desde 2007) y la tranquilidad de Medgaz con un acuerdo marco de flexibilización de tarifas para España, promesas de inversiones en renovables argelinas y el visto bueno para una interconexión eléctrica entre Argelia y la península ligada al trayecto del gasoducto. Bouteflika tirará a dos manos de los lazos con España si consigue que la interconexión fluya por la espina dorsal de Medgaz con los euros prestados por Bruselas.

En Moncloa amenazaban en enero bajo la mesa de los recelos de Argel con potenciar el ‘sol marroquí’ en detrimento de la producción renovable argelina. No es casual que desde la llegada al poder de José Luis Rodríguez Zapatero, haya habido ocho Reuniones de Alto Nivel con Marruecos, por sólo tres con Argelia. Pero si a Zapatero no le acaba de aterrizar el Plan de Cooperación Energética con Argel estrenado en diciembre, en el Palacio de Mohamed VI han vuelto a mirar a los campos Elíseos aún con más intensidad. No demoran los planes solares euro-africanos y los calendarios de Miguel Sebastián para el PSM sólo la ausencia de Mohamed VI en la Cumbre bilateral de Granada del 7 de marzo. El 11 de marzo en el Elíseo, Francia y Marruecos, Jean Louis Borloo y su homólogo Amina Ben Khadra, consagraban una sociedad institucional, técnica y financiera -de Estado a Estado- para bautizar el primer Plan Solar Marroquí y su aspiración de generar antes de una década el 43% de sus necesidades energéticas de fuentes renovables, una capacidad de generación solar de 2 Gw entre 2015 y 2020.

Nada que no hubiera empezado a coreografiar desde el 2 de noviembre de 2009 Mohamed VI lanzara un mega-proyecto de seis centrales de concentración solar con una inversión de 9.000 millones de dólares. Pero nada que deje sitio a la primacía alauita de Moncloa, ahora que Marruecos hace valer la llave -que gracias a sus interconexiones sabe que tiene en sus manos- de la concreción del Desertec y del Plan Solar del Mediterráneo y se deja querer por igual por Berlín, Bruselas y París. Hasta el momento, la interconexión eléctrica en el Magreb se limita a Marruecos, Argelia y Túnez, mientras que Libia se encuentra en proceso de unirse a la red. España tiene la llave de la única conexión eléctrica entre Europa y el Norte de África -hoy, sólo hay una línea de alta tensión, que es la que va de Marruecos a España a través del Estrecho de Gibraltar-  pero el apellido marroquí obstaculiza las pretensiones de duplicar la capacidad de los dos cables de 700 megavatios. La financiación y el repudio galo se lo complican a la tercera interconexión prevista con Rabat, que sigue en el congelador.

Sarkozy mueve las fichas de su diplomacia energética en el tablero magrebí, a cuatro manos con Berlín. Trata de nublarle los ‘soles’ del Magreb a las expectativas españolas. Aprovechará la copresidencia gala y egipcia de la UPM hasta finales de 2010. Y ya ha empezado a consumar sus ‘tormentas’. Las de la producción tienen ya apellidos propios, las de las redes de transporte entre Europa y el Magreb empiezan a definirse con  mapas franco-germanos, como las de los modelos de financiación. Acaba de confirmar que, al menos en Marruecos y en Túnez, ya tiene el viento de popa para las start-up y las energéticas galas. Como adelantaba Maghreb Confidentiel, en Túnez el Elíseo ha conseguido apadrinar los primeros pasos del Plan solar nacional (PST), que agrupa una cuarentena de proyectos entre 2010 et 2016 bajo el paraguas de 2.000 millones de euros de inversión -la cuarta parte de fondos públicos- entre ellos al menos 50 millones financiados por la Agencia Francesa de Desarrollo y el Banco Europeo de Inversión. La ADEME (Agencia  de Medio Ambiente y Energía) anunciaba el 23 de enero que tres empresas galas han estrenado contratos renovables en la otra orilla del Mare Nostrum, con Egipto, Siria, Jordania, Túnez y Argelia. Pero sobre todo, es el Plan Marroquí el que ha visto la luz en ‘sociedad’ nada menos que en París. Francia es el primer inversor extranjero en Marruecos, con 6.000 millones de euros de intercambios comerciales, absorbe un cuarto de las exportaciones del reino alauita y es el primer proveedor de fondos bilaterales. Y no quiere perder su sitio preferente en la carrera energética que Mohamed VI acaba de dar por abierta.

Se lo decía en persona este mes Pierre Lellouche, el secretario de Estado para Asuntos Europeos en su viaje a Marruecos. Las galas Solar Euromed y Sogreah (asociada a Alatec) parten con ventaja y con el apoyo expreso de los ministros  de Energía francés Jean-Louis Borloo, su homólogo alauita, Amina Benkhadra, el director general de la Oficina Nacional de Electricidad (ONE) Ali Fassi Fihri, y el director de la Agencia de Energía Solar, Mustapha Bakkoury ante las otras siete candidatas (entre ellas la alemana Fichtner Solar, la californiana Nexant, la australiana WorleyParsons, o las españolas Astrom, Socoin y Ayesa, para hacerse con el contrato de Ouarzazate, a pesar de que de Fichtner Solar cuentan con una central similar en  Ain Beni Mathar (Maroc) y ha realizado trabajos preliminares en Hassi R'Mel en Argelia y  Kuraymat en Egipto. Y no es otro que Ouarzazate y sus 500 Mw el proyecto llamado no sólo a aportar el 38% de la electricidad nacional en 2020, sino a inaugurar la carrera del Gobierno de Mohamed VI en y en el Plan Solar del Mediterráneo. Le seguirán después Lâayoune (Sahara), Tarfaya (al sur de Agadir) y Ain Beni Mathar (en Fès).

LA SINTONÍA PARÍS-BERLÍN DESPLAZA A MADRID

Se lo advertía a Zapatero Nicolas Sarkozy, junto a la canciller alemana, Angela Merkel, en la firma el 4 de febrero de la reedición del pacto franco-germano en París: “para que Europa sea fuerte desde el punto de vista político, Alemania y Francia deben trabajar juntos" y esa unidad pasa desde ahora también por las renovables, dentro y fuera de los muros de los Veintisiete. Lo han empezado a consumar con una participación en proyectos al CO2-Abscheidung, la creación de una oficina franco-alemana de renovables en 2010 y le abren la puerta a acuerdos energéticos ‘verdes’. Para empezar, los de las renovables del Magreb. Ya no están tan claras las fronteras de la rivalidad absoluta entre el PSM de cuna gala y el Desertec de origen alemán, con su promesa de generar electricidad para Europa mediante la construcción de plantas termosolares que cubrirían el 15% de la demanda eléctrica de Europa en 2050, a cambio de inversiones de 4.000 millones de euros. El ministro de Exteriores Bernard Kouchner prepara las maletas para viajar a Argelia y en ellas lleva tanto el PSM como el Desertec y los primeros planes concretos para Transgreen: serán la puerta abierta a una intersección entre los dos proyectos que Sarkozy y Merkel buscan hermanar en la otra orilla del mare Nostrum, con o sin España.

Ya no están tan claras las fronteras de la rivalidad absoluta entre el PSM de cuna gala y el Desertec de origen alemán, en el que se han hecho sitio la italiana Enel, la francesa Saint-Gobain Solar, la española REE o la marroquí Nareva Holding. El Consejo de París los igualaba entre los objetivos energéticos del Elíseo y con las redes trasnacionales del Mar del Norte y el Báltico con las que ya ha empezado a integrar la eólica del norte y centro de Europa. Al fin y al cabo, Francia quiere la cooperación nuclear entre Areva y Siemens y es la alemana la que capitanea además el Desertec. De hecho, el propio embajador francés en Madrid, Bruno Delaye, reconocía que el PSM sigue entre las prioridades del Elíseo, que le tiende la mano a un acuerdo con el Palacio de Santa Cruz para un sistema de interconexiones entre las dos orillas del mare Nostrum, pero que Francia impulsará -aunque invite incluso a España- un proyecto de transporte de energía propio. Las empresas han empezado a desbloquearlo por su cuenta, lo sabe Acciona, que ha iniciado conversaciones para formar parte del proyecto Desertec y en el que, bajo la capitanía un grupo de empresas alemanas, entre ellas E.ON, y RWE, tiene sitio propio ya Abengoa: se ha hecho sitio en la estrategia Euromediterránea que lidera Sarkozy desde Francia y el proyecto Desertec de Merkel. En ambas está como actor o como observador activo: ya es la única empresa europea que está construyendo centrales solares en el Norte de África, una en Argelia y otra en Marruecos.

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