edición: 2807 , Jueves, 19 septiembre 2019
08/07/2010
Empresas españolas toman posiciones sin apoyo polítco

Sarkozy, Merkel y Bruselas ningunean a Zapatero y Sebastián en los planes solares europeos para el Magreb

Torearon la Cumbre de Valencia, cancelaron la de Barcelona y esperaron al fin de la presidencia española para un acuerdo de integración eléctrica con Argelia, Marruecos y Túnez
París busca con Transgreen que la conexión española no sea la única entre la UE y el Magreb: EDF potenciará redes desde Túnez, Libia, Marruecos y Egipto a Francia, Italia y Grecia
Proyecto Desertec
Javier Aldecoa

Han esperado. Cosas de la diplomacia de Sarkozy y Merkel. Sólo una semana, el tiempo justo para decirle adiós a la presidencia de turno de la UE y garantizar que Moncloa no se hacía con ninguna candileja en la sintonía energética entre los Veintisiete y sus socios del Magreb. El ministro Sebastián buscó hacer suyo -uno de los seis objetivos para el semestre español- el Plan Solar del Mediterráneo, llamado a transportar desde la otra orilla del Mare Nostrum hasta un 15% de la electricidad de la UE. París, Berlín y Bruselas le dejaron deshojar promesas, nada más. Pasaron de largo por la Cumbre de Valencia del PSM en mayo, impulsaron la cancelación de la Cumbre de la Unión del Mediterráneo en junio y ahora lo dejan en fuera de juego. El Comisario Oettinger acaba de sellar a solas un Acuerdo de integración eléctrica de la UE con Argelia, Marruecos y Túnez, pero deja aún por madurar una interconexión entre Argel y España. España tiene alfombra roja a la presencia empresarial de Abengoa y REE en Desertec y su llave maestra al Transgreen, pero, ahora que Sarkozy y Merkel imprimen un marchamo estatal a sus consorcios, las voces institucionales españolas ya no serán hegemónicas. Y si París y Berlín pueden evitarlo, ni siquiera serán. Francia, con la puesta de largo del Consorcio Transgreen potenciará la capitanía de EDF y nuevas redes entre Italia y Túnez, Italia y Francia con Argelia, e incluso Grecia y Egipto. Compromete 600 millones del Banco de Desarrollo para Marruecos, financiará la central de Ouarzazate y baraja un banco de desarrollo interregional con banqueros de confianza de Sarkozy.

Sarkozy y Merkel se hacen fuertes en los retrasos de Bruselas, y, después de un semestre de silencios, han dejado a Sebastián mudo entre la pared germana de Desertec y la espada gala de Transgreen. Francia aprovechará ahora la copresidencia gala y egipcia de la UPM para ponerle apellidos propios a los planes de producción solar en Túnez, Argelia y Marruecos, a las de las redes de transporte entre Europa y el Magreb y a los modelos de financiación. El ministro Jean-Louis Borloo, responsable de Energías Verdes del Gobierno de Sarkozy, se lo dejaba claro el  5 de julio a los demás socios europeos en la puesta de largo oficial –parisina, por supuetso- del Consorcio Transgreen. Quieren que el proyecto, al que hasta ahora se han subido 13 empresas e instituciones del viejo continente y la egipcia Taqa Arabia, sea la versión ‘renovable’ en el siglo XXI de la CECA, la vieja Comunidad del Carbón y del Acero que fungió como germen de la UE. Y -no ha hecho falta que lo juraran sus padrinos galos- como entonces, París y Berlín aspiran a hacerse con los dos únicos extremos de los ‘cables’ de la integración eléctrica entre el sur de la Unión y el Norte de África, esa misma de la que se nutrirían 20 Gw de energía renovable que Bruselas, París y Madrid esperan importar del Magreb en 2020. Aunque el futuro de las interconexiones pase por España -al fin y al cabo la conexión con Marruecos por el Estrecho es hoy la única entre amas riberas del Mare Nostrum- ya saben que no será sólo por ella. Ni con su protagonismo institucional, ni rastro de liderazgo político.

Hoy, apenas dos años después de que Sarkozy empezara a esbozar un Plan Solar del Mediterráneo (PSM) unificado para los Veintisiete, ni en la Comisión Europea, ni en los Ejecutivos de Mohamed VI y Bouteflika dudan que el consorcio Transgreen recién nacido será el brazo operativo, comercial y empresarial oficial del Plan Solar del Mediterráneo (PSM). Y con él,  dan por hecho sus apellidos galos: ya de las trece socias de Transgreen, ocho son galas: Electricité de France, EDF; Areva; Atos Origin; Alstom; RTE; Nexans; Veolia, y Caisse des Dépôts.  Pero también, descuentan que el conjunto de los planes de la UE para pasan por una estructura bicéfala, en la que Desertec (y la veintena de socios para generar hasta el 15% del consumo eléctrico europeo en 2020) ahora que cuenta con el apoyo expreso del Comisario de Energía, el alemán Günther Oettinger, será su otro tentáculo. Si uno, el proyecto de epicentro germano, tiene el apoyo de Siemens, E. ON y RWE, el otro aúna el impulso de Areva o Alstom, pero se articula en torno a la capitanía inequívoca de Electricidad de France (EDF) y su filial RTE (La Red de Transporte Eléctrico Nacional). El pulso está servido, pero no será ya a tres banderas con igual intensidad. Desde que en febrero de 2010 Sarkozy y Merkel reeditaron el pacto germano-francés de cooperación energética, han intentado neutralizar su rivalidad intraeuropea. Entre el triunvirato al que el Elíseo encargó el Transgreen, se hizo sitio Christian Stoffaës, especialista en energía y relaciones bilaterales. Sólo así se entiende que ahora, Transgreen vea la luz con varios socios en común con el proyecto alemán (Siemens, Abengoa -la mayor constructora en transmisión y distribución, con 10.000 km de líneas en concesión- y REE están en los dos planteles) y no como rival, sino como posible aliado de Desertec.

El impulso estatal para la integración energética renovable entre ambas orillas del Mediterráneo no se pone en cuestión, ni en el Palacio del Elíseo ni en la Cancillería alemana. Por más que sintonicen en realidad la voluntad y la inversión de una treintena de grupos industriales y energéticos, Transgreen y Desertec son mucho más que dos alianzas empresariales: se han convertido en ‘cuestión de Estado’ para Merkel y Sarkozy. La mano de la presidencia francesa tras la tramoya del Transgreen era un secreto a voces desde que en marzo el Presidente francés encargó a su gigante paratestatal Electricité de France (EDF) y al regulador y gestor de redes galo, TRE, avanzar en la tentativa de una Red de Transporte Eléctrico Mediterráneo. El premier francés ha vuelto a escuchar esta vez a su mano derecha en estrategia exterior, Henry Guaino, el mismo que lo convenció para impulsar una Unión por el Mediterráneo desde un 14 de julio de 2008. En el Elíseo aún consideran que la UPM es una criatura gala, por más que su sede inaugurada bajo el semestre español esté el barcelonés Palacio de Pedralbes, y tratan de cortar todo rastro con el Proceso de Barcelona de 1995. Francia espera hacerlo por la puerta de los proyectos concretos y sabe que de las seis grandes líneas de trabajo de la organización que agrupa a los 27 países de la UE con sus 16 vecinos de la ribera sur del Mare Nostrum, el Plan Solar del Mediterráneo era el que más posibilidades tenía de comenzar a encarnarse en acuerdos empresariales y programas de financiación comunitaria.

Hasta los grandes patronos del sector eléctrico francés- Henri Proglio (EDF), Anne Lauvergeon (Areva), Patrick Kron (Alstom), Dominique Maillard (RTE) y Frédéric Vincent (Nexans) han sabido -o tenido- que dejarle sitio como maestros de ceremonia de Transgreen al ministro Jean-Louis Borloo, al titular de Asuntos Europeos, Pierre Lellouche y el  ‘Rasputín’ de Sarkozy,  Guaino. El mapa aún está por definir. Pero el Gobierno de Nicolás Sarkozy se hace fuerte en el tiempo muerto, escoge socios, calendarios y escenarios. Trangreen tiene los aliados justos para un consorcio que se pueda autoproclamar como paneuropeo (entre ellos Siemens, ABB o Areva especializados en redes, los fabricantes de cables Nexans o Prysmian, fabricantes de centrales solares, empresas proveedoras de sistemas de información como Cap Gemini o Atos Origin y gestores de redes eléctricas como RTE) y sobre todo, un capitán: nada menos que el presidente del Consejo Internacional de Grandes Redes Eléctricas, André Merlin, que además preside el consejo de vigilancia de la Red de Transporte de Electricidad de Francia (RTE), filial de EDF para la gestión de las líneas de alta tensión.

Los primeros pasos de Transgreen los dará con un presupuesto tentativo de entre 2.000 y 3.000 millones de euros, pero -según sus propios pronósticos- servirán para elaborar un esquema director internacional y un marco para el intercambio de experiencias y la coordinación de los planes técnicos y financieros. Y esta vez, con Transgreen, Sarkozy  pretende demostrar que ni siquiera necesitaría financiación comunitaria, no al menos en sus primeros compases: los socios se encargarían de asumir el presupuesto inicial y, en caso de concretarse el plan, tendrían ventaja sobre sus competidores para hacerse con los contratos de instalación de las líneas.

Para Borloo, las tarifas de recompra de la energía solar por las eléctricas europeas contribuirán a la rentabilidad de los propios proyectos de renovables del Sur. Transgreen, además, como descuenta Augustin de Romanet, el director general de la Caisse des Dépôts, espera “seducir a los inversores del Golfo y del Sudeste Asiático”. Es el propio vicepresidente del Banco Europeo de Inversiones (BEI), Philippe de Fontaine el que lo advertía: los financieros tendrán que elaborar orientaciones “nuevas y realistas” y “no se conseguirá nada si el sector privado no se une a las administraciones públicas”. Además, los países del sur del Mediterráneo tienen los precios regulados, lo que -Barbaso dixit- dificulta las inversiones privadas en energías alternativas. Aunque el artículo 9 de la directiva europea de energías renovables contempla la posibilidad de que algún país miembro de la Unión establezca marcos de colaboración con terceros países, “hasta 2020” (según los cálculos del director general adjunto de Energía) no se prevé la exportación de electricidad producida por fuentes de energía renovable desde los países del Mediterráneo.

Guaino en persona se ha ocupado de despejarle el camino entre los trece consorcios industriales y energéticos del Transgreen a instituciones como la Caisse des Dépôts. No es casualidad que Sarkozy dejara desde marzo en manos de Charles Milhaud -ex presidente del Grupo Caisse d’Épargne (GCE) y uno de sus ‘banqueros de ‘cabecera’- el encargo de evaluar la creación inmediata de un Banco de Desarrollo euro-magrebí llamado a inyectar financiación a proyectos tecnológicos y energéticos entre otros, ahora que esas mismas manos barajan la creación de un centro euro-mediterráneo de innovación que Francia y Egipto quieren servir en el menú de la segunda Cumbre de la Unión por el Mediterráneo en junio. Milhaud aún no ha definido si será un banco, una caja de depósitos regionales, o un calco del Banco Europeo de Reconstrucción y Desarrollo (BERD), pero ya cuenta con la sintonía de los ejecutivos de Marruecos, Argelia y Túnez y con el ariete de una docena de ‘nombres’ de la banca europea y africana a favor, designados personalmente y trabajando en su comisión, desde Abderrahmane Hadj-Nacer, ex gobernador del Banco Central de Argelia y cofundador del International Maghreb Merchant Bank (IMBank),  a Philippe de Fontaine Vive-Curtaz, vicepresidente de la Banca Europea de Inversión (BEI), o Jean Lemierre, ex gobernador del Banco Europeo de Reconstrucción y Desarrollo y consejero del presidente de BNP Paribas.

BRUSELAS AVANZA SIN ESPAÑA

Sarkozy y Merkel -pero sobre todo Desertec- cuentan con la sintonía del Comisario Europeo de Energía. En realidad, nadie en Bruselas duda de la viabilidad y la oportunidad de un proyecto encaminado a reducir la dependencia energética mediante la instalación de plantas termosolares en el norte de África con una potencia total acumulada de 20.000 megavatios (MW). Otra cosa serán sus mapas, sus calendarios y sobre todo, sus padrinos.  Y esos, acaban de demostrar que París y Berlín están dispuestos a peleárselos a Madrid. En la Comisión Europea aún no están claros los mapas de la ‘electricidad’ verde del Magreb y mucho menos el papel de las arcas comunitarias. A pesar de que el proceso de identificación de los proyectos que mejor contribuirían al PSM está muy avanzado, para la CE, las renovables del Magreb todavía necesitan -en palabras de la Comisión y el BEI- que se “garantice su viabilidad”. La UE y el Banco Europeo de Inversión quieren darle más tiempo a la iniciativa privada (dejarán en sus manos al menos dos tercios del coste total) y la sintonía regulatoria: Argelia, Marruecos y Túnez aún despegan ahora sus planes de renovables. Pero, ha bastado el comienzo del semestre belga de la Unión para que la Comisión haya comenzado a

Günther Oettinger era el primero deseoso de esperar al adiós al protagonismo institucional español para sellar con Argelia, Túnez y Marruecos un plan de acción de la UE (2010-2015), que prevé la armonización de las legislaciones del sector de electricidad para permitir la integración progresiva de los tres países del Magreb con la Unión Europea. El programa adoptado en Argel el 21 de junio prevé además velar por el desarrollo de los mercados de electricidad, asegurar el incremento de los intercambios comerciales entre los países de la región y reforzar las competencias de los diferentes operadores sobre los mercados de los países beneficiarios. Bruselas sabía que el horizonte del mercado común energético iba a monopolizar el consejo ministerial entre la UE y la Unión del Magreb Árabe (UMA), del 21 de junio en Argel. Que iba a ser el escenario en el que las tres potencias norafricanas proclamaran su voluntad pública común de crear un mercado magrebí de electricidad abierto a una integración con el europeo y la invitación formal a Mauritania y Libia (en las que Italia, Francia y Alemania tienen interés para que encajen sus geografías renovables). También que la ausencia española dejaría en el escenario de Argel todos los calendarios en manos de Bruselas.

NEUTRALIZAN LAS VENTAJAS DE LA CONEXIÓN ESPAÑOLA

Lo que la Administración francesa y los consorcios industriales del Plan Transgreen llaman ya “las autopistas Sur-Norte de la energía renovable”, el mapa de redes e interconexiones entre los dos continentes y la treintena de mercados a ambos lados no pasarán ya necesariamente -y desde luego, no sólo- por latitudes ibéricas. París y Berlín saben que sin la posibilidad de construir largos enlaces de alto voltaje en corriente continua entre Europa y África, con menos pérdidas, por debajo de un 3% por millar de kilómetros (la red eléctrica actual se basa en la corriente alterna) no se podría ni empezar a pensar en la viabilidad ni del Desertec ni del Plan Solar del Mediterráneo. Las redes serán siete u ocho veces más caras que las actuales -al menos 15.000 millones de euros en principio- y, como reconocía el propio Guaino, el Consejero Especial de Presidencia, su despliegue, la manera en la que se vayan desenvolviendo las diferencias entre los modelos regulatorios será uno de los desafíos más costosos para la integración energética del Mediterráneo. Pero Francia y Alemania se han propuesto hacer una oportunidad propia de ella. Transgreen busca hacerle sitio además a las ‘debilidades’ del mercado alpino, que deberá importar energía renovable de terceros países para el cumplimiento de objetivo nacional en 2020. Así, con cada ‘ladrillo’ en la casa común de la energía con Marruecos, Argelia o Túnez, tratan de superar las ventajas -que parecían irrenunciables hasta hace poco- de España, con la única interconexión eléctrica intercontinental operativa hoy, 1.400 Mw de capacidad y con la geografía más favorable en un Mar en el que, con profundidades de más de 5.000 metros, algunas costas no son aptas para interconexiones eléctricas.

En la nueva bitácora de Transgreen y Desertec aparece ya el proyecto para que sean al menos seis las nuevas líneas de alta tensión submarinas que transporten la electricidad entre África del Norte y Próximo Oriente : las interconexiones Marruecos-España y Argelia- España no se cuestionan (otra cosa serán los detalles para la segunda y sus calendarios), pero París, Berlín y Bruselas le hacen sitio a un mapa tan diverso como suyo para nuevas redes desde Argelia a Córcega y Cerdeña, de Túnez a Italia, de Libia a Sicilia, e incluso Grecia y Egipto, de Egipto a Bulgaria vía Jordania, o Líbano a Grecia y Turquía. Nada que deje sitio a la primacía alauita de Moncloa, ahora que Marruecos hace valer la llave -que gracias a sus interconexiones sabe que tiene en sus manos- de la concreción del Desertec y del Plan Solar del Mediterráneo y se deja querer por igual por Berlín, Bruselas y París. Hasta el momento, la interconexión eléctrica en el Magreb se limita a Marruecos, Argelia y Túnez, mientras que la de Libia está en proceso. España tiene la llave de la única conexión eléctrica entre Europa y el Norte de África -hoy, sólo hay una línea de alta tensión, que es la que va de Marruecos a España a través del Estrecho de Gibraltar-  pero el apellido marroquí obstaculiza las pretensiones de duplicar la capacidad de los dos cables de 700 megavatios. La financiación y el repudio galo se lo complican a la tercera interconexión prevista con Rabat, que sigue en el congelador.

CODAZOS, PROYECTO A PROYECTO, EN MARRUECOS, ARGELIA Y TÚNEZ

España y Alemania son líderes en tecnología solar, punteros en concentradores solares, cilindros parabólicos, tubos y fluidos de conversión del calor, sales de almacenamiento térmico y turbinas. Mucho más de lo que podía decir hasta hace muy poco Francia: pionera del sector termosolar en los años sesenta, con su central experimental de Odeillo y Targassonne (Pirineos Orientales), trata de recuperar espacio a toda prisa en un sector que había abandonado a mediados de la década de los ochenta.  Y busca un territorio de expansión para sus gigantes industriales y energéticos en su oasis comercial histórico, en la diplomacia comercial con el Magreb. El Eliseo y Moncloa se miden los proyectos  y el interés de Argelia, Marruecos y Túnez por sumar sus planes energéticos nacionales a los intentos europeos por hacer de la solar del Magreb la fuente de generación de un 15% de su energía eléctrica, ya sea con el Plan Solar del Mediterráneo o el Desertec. No es casualidad que desde marzo, nada menos que el patrón de la fundación Desertec -Gerhard Knies- y el Consejero especial de Sarkozy para la Unión por el Mediterráneo, Henri Guaino (el padre del proyecto inicial del Plan Solar) hayan paseado sus promesas y sus requerimientos por los Palacios marroquíes y tunecinos. Menos accidental aún, que después de acoger la presentación oficial en los Campos Elíseos del Plan Estatal de Energías Renovables de Marruecos, con la presencia del Rey Mohamed VI, París haya hecho coincidir el bautismo del Proyecto Transgreen con la firma de un Acuerdo de Cooperación Bilateral con aristas energéticas.

Francia hace bandera de la ‘diplomacia nuclear’con el Magreb y del modelo que ha desplegado los planes atómicos de Areva y EDF en todo el continente africano. La avanzadilla política con las empresas de participación estatal y las expectativas comerciales nacionales en la mano ‘izquierda’ le han servido a Nicolas Sarkozy para apadrinar por igual nuevos acuerdos de infraestructuras, aeronáuticos, o nucleares con Argelia, Túnez, Marruecos, o los Emiratos Árabes. Bajo el signo de Guaino, quiere utilizar para la carerra solar que ahora comienza al sur de Gibraltar la misma táctica que le ha servido para aumentar la participación financiera gala en la línea de alta velocidad LGV entre Tánger y Casablanca, la ampliación de la red de autopistas a 1800 km en 2015, la extensión y la mejora de los aeropuertos y puertos del Reino, o para capitanear ya el plan eólico nacional del reino alauita. No es casual que la Agencia Francesa de Desarrollo (AFD), el principal organismo de ayuda pública gala, decidiera esta misma semana destinar 600 millones de euros hasta 2012 a impulsar “la modernización de Marruecos”. Tampoco que, por primera vez, buena parte (aún sin determinar) de esa partida lleve los apellidos del nuevo Plan Solar Nacional de Mohamed VI y su aspiración de generar antes de una década el 43% de sus necesidades energéticas de fuentes renovables, una capacidad de generación solar de 2 Gw entre 2015 y 2020.

Sarkozy y Borloo sólo avanzan en la ruta inaugurada en marzo en el Elíseo, cuando Francia y Marruecos consagraban una sociedad institucional, técnica y financiera -de Estado a Estado- para bautizar el primer Plan Solar Marroquí. El primer ministro M. Fillon se guardaba para comunicarle en persona a su homólogo M. Abbas El Fassi durante la Reunión Bilateral de Alto Nivel que Francia apoyará -financiera u operativamente- el proyecto de central solar de 500 Mw en Ouarzazate. Confían en que las galas Solar Euromed y Sogreah (asociada a Alatec) parten con ventaja y con el apoyo expreso del ministro Jean-Louis Borloo, su homólogo alauita, Amina Benkhadra, el director general de la Oficina Nacional de Electricidad (ONE) Ali Fassi Fihri, y el director de la Agencia de Energía Solar, Mustapha Bakkoury ante las otras siete candidatas (entre ellas la alemana Fichtner Solar, la californiana Nexant, la australiana WorleyParsons, o las españolas Astrom, Socoin y la valenciana Ayesen, para hacerse con el contrato de Ouarzazate, a pesar de que de Fichtner Solar cuentan con una central similar en  Ain Beni Mathar (Maroc) y ha realizado trabajos preliminares en Hassi R'Mel en Argelia y  Kuraymat en Egipto.

Nada diferente a lo que Francia ha empezado a orquestar en el resto de la región. Como adelantaba Maghreb Confidentiel, en Túnez el Elíseo ha conseguido apadrinar los primeros pasos del Plan solar nacional (PST), que agrupa una cuarentena de proyectos entre 2010 et 2016 bajo el paraguas de 2.000 millones de euros de inversión -la cuarta parte de fondos públicos- entre ellos al menos 50 millones financiados por la Agencia Francesa de Desarrollo y el Banco Europeo de Inversión. La ADEME (Agencia  de Medio Ambiente y Energía) anunciaba el 23 de enero que tres empresas galas han estrenado durante el primer trimestre del año contratos-marco renovables en la otra orilla del Mare Nostrum, con Egipto, Siria, Jordania, Túnez y Argelia. La propia patronal sellaba con su homóloga Aderee el 26 de abril -después de dos décadas de sintonía- un compromiso de cooperación preferente para los próximos tres años.

En Argelia, con una dependencia de hidrocarburos del 98% y con más de 3.000 horas de insolación, el Presidente Bouteflika y el nuevo ministro de Energía, Yusef Yusfi, empiezan a soñar con extender su autonomía y su hegemonía regional gasista a la producción renovable, hoy menos de 1 Mw. Al menos, lo justo para no perder el pulso con sus vecinos. Miran de reojo a Marruecos y su Plan Solar, se ha fijado el objetivo de que el 10% de su demanda eléctrica antes de 2025 tenga apellidos solares con una nueva central térmica y dos termosolares de ciclo combinado y no pueden ocultar que le han tendido ya la alfombra roja a los euros españoles tras la senda de la central híbrida de Hassi-R’Mel,  en proceso de construcción y en la que participa la española Abener Energía S.A. (perteneciente a Abeinsa, cabecera del grupo de negocio de Ingeniería y Construcción Industrial de Abengoa) en asociación con AEC, que entrará en funcionamiento a lo largo del año 2010 y estará facultada para producir 150 MW (25 MW de origen solar).

Pero Argelia intenta ponerle cara a España la electricidad ‘verde’ del Magreb, busca ser el segundo suministrador extranjero de España; la estatal Sonelgaz tiene 2.178 millones de euros listos para invertir y la voluntad de llegar al corazón de mercado europeo, pero necesita la colaboración ibérica. Madrid quiere un nuevo nodo eléctrico con Argelia y sueña con alimentarlo con hasta 2.000 megavatios. Bouteflika se lo pondrá caro, en precios o en acuerdos. Vincula la suerte del gas, la paz de precios (que trata de elevar un 20% desde 2007) y la tranquilidad de Medgaz con un acuerdo marco de flexibilización de tarifas para España, promesas de inversiones en renovables argelinas y el visto bueno para una interconexión eléctrica entre Argelia y la península ligada al trayecto del gasoducto. Bouteflika tirará a dos manos de los lazos con España si consigue que la interconexión fluya por la espina dorsal de Medgaz con los euros prestados por Bruselas.

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