edición: 2557 , Miércoles, 19 septiembre 2018
02/03/2009

Sarkozy salta las líneas rojas con los Castro tras el petróleo para Total

Ha sacado la ‘ficha’ más roja de su gobierno -Jacques Lang- a pasear la bandera tricolor por los predios de Raúl y Fidel Castro. Le pisa a Moratinos las huellas que el presidente francés repudió hace sólo meses. Donde dijo distancias ahora dice una relación "intensa", lo justo para recordar que Cuba huele más que nunca a petróleo y que el aroma llega a Washington ahora que Obama ha comenzado el deshielo. No son ni los apuros de Habanos S.A.- que Altadis comparte a medias con el Estado- ni el anuncio de la primera exploración autónoma y en tierra de Cupet lo que asusta a los galos. Lo que le mueve la ficha diplomática al Elíseo es el avance de Repsol, la promesa de nuevas exploraciones, el tacto del inicio de la explotación y la presión por la batalla en las aguas del Golfo de México, donde Total tiene una cincuentena de bloques desde 2006, pero los anuncios sólo acompañan este año la suerte de Chevron, Repsol y Exxon. Las compañías francesas hasta ahora sólo tocaron dos de los diez bloques cubanos de tierra, han dejado el caramelo de las aguas profundas para Repsol. París busca un sitio en el crudo y lo demás: la tientan los teléfonos de los que Telecom Italia quiere salir y más adelante, la energía nuclear que los Castro se piensan ya.

Todos los astros del ‘ahora o nunca’ de la energía cubana se alinearán este semestre, la fecha prevista para que comiencen -en manos de las multinacionales asociadas- la explotación de gas y petróleo en aguas profundas, tan cerca de la costa estadounidense como para que retumben los cimientos de la política cubana de la Casa Blanca. Sarkozy y con él Total se hace sitio en la foto americana, auque sea por la puerta de las sonrisas hasta ahora negadas a los Castro. La Isla ya tiene ya inversión extranjera para sacar su petroleo de las aguas profundas en 24 pozos, pero busca más. Ahora que Barack Obama mueve la ficha de la apertura comercial hacia la isla, no quiere estar fuera de la foto cuado llegue el día después, no es casualidad que sea Lang y su vis americana el escogido para el deshielo galo en el Caribe. Lang se fuma los ‘puros’ de Altadis. Se juega su futuro a cuatro manos con los Castro y necesita más que nunca horadar la barrera antitabaco en los EEUU.

Castro juega sus dados energéticos en el espejo de sus vecinas del norte. La diplomacia cubana no está por abrir la puerta del Golfo a EE UU, pero no quieren acabar como PEMEX. A medida que desenvuelve el caramelo cubano a los ojos de Washington, golpea la política energética y exterior de Obama. Y con ella, las de quienes, como París, quieren un palco en la nueva relación bilateral. Raúl Castro le da cuerda al oro negro, un horizonte que necesitará 20.000 millones de dólares de inversión en una década si quiere saborear el caramelo de sus aguas profundas. Khan le ha recordado que Total no quiere quedar fuera de esa foto. La tercera petrolera europea se ampara en el desembarco en Oriente de Sarkozy, que le entrecierra a Total las puertas nucleares galas, pero le abre las del gas y el petróleo allá donde sólo la diplomacia puede llegar. Quiere alejar las intenciones de Total del cerco nuclear de Areva para dejarle el terreno expedito a Alstom. Y le busca compensaciones fuera de Francia. Las aguas profundas cubanas, el gas iraní, el petróleo iraquí y las nucleares de los Emiratos la esperan. Ya se encarga París de pagar las facturas en Washington.
De lado y lado, comienzan a rendirse a lo inevitable. Cuba explorará y Washington no quiere perder el paso. Por primera vez, aunque lo nieguen en público, la diplomacia comercial cubana no se cierra la puerta a las inversiones y las prospecciones estadounidenses, aunque sean con apellidos prestados. Y viceversa: las líneas rojas del embargo, las fronteras a la participación energética y la moratoria a las exploraciones en las aguas de la Florida tiemblan con cada paso de la carrera petrolera cubana.

Es la hora del crudo cubano. Se lo recuerda Raúl Castro por igual a los nuevos aliados chinos y malayos, a los viejos amigos rusos que han vuelto a la casa habanera, a las multinacionales que tienen vía libre para pasar a mayores en la isla caribeña y a las que, como la canadiense Pebercan, han sido obligadas a hacer las maletas. Para empezar, serán los yacimientos a 20 millas de la costa, -los que explota Repsol en colaboración con Norks-Hydro (Noruega) y ONGC (India)- los que prometen emanar buenas nuevas. Pero en Washington saben que el rastro de los anuncios de Brufau será sólo el principio: la actividad en la Zona Económica Exclusiva (ZEE) se multiplicará  si las otras seis compañías que han firmado convenios con la estatal CUPET siguen los pasos de la española, como se plantean ya formalmente para 2010. Sobre todo cuando Petrobrás -con el contrato en ristre desde hace semanas- se zambulla en las aguas de la ZEE.

El consorcio ruso lo ha dicho alto y claro, a dos voces con Raúl Castro: quieren explorar más pronto que tarde el Golfo de México. Será su precio por la cooperación militar en unas aguas en las que los Castro quieren volver a enseñorearse, con los buques en una mano –aunque sea la del Kremlin y sus ambiciones por un nuevo ‘Canal de Panamá’ caribeño- y las plataformas en la otra. Cuba se lo deja en bandeja a Repsol. Tiene petróleo bajo las aguas, pero el cordón umbilical de la mitad de su consumo la ata a Venezuela con 100.00 barriles diarios, un lazo al que Hugo Chávez promete darle dos vueltas al cuello. Necesita, pero cada vez se lo pone más difícil. Rastrea la senda del crudo mundial- Argelia, Moscú y Angola- y busca inversiones por 20.000 millones de dólares en diez años. Las visitas llegarán por la puerta estrecha. Las nuevas, las que ya están, con Repsol YPF en cabeza, amasan sus ventajas, sobre todo el puente a EE UU.

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