edición: 2852 , Viernes, 22 noviembre 2019
23/03/2009

Sarkozy se rinde a la interconexión gasista con España

Mal que le pese, Bruselas apadrina la que será la tercera vía entre España y Francia
Javier Aldecoa

Jugaba hasta ahora a todas las manos del gas con cartas propias: con Sonatrach, con Gazprom y con el proyecto de la conexión transahariana a través de Nigeria con Total. Nicolas Sarkozy conformaba el consumo galo y sus pretensiones energéticas con los brazos españoles de Euskadour y Larrau, pero ha visto la luz de la ‘postguerra’ del gas europeo en la piel rusa. Quiere a domicilio el suministro de Sonatrach y del Medgaz, aunque sea con el peaje español. No habrá -mientras llega directamente- otra fórmula mejor. Sonatrach se lo ha dejado claro a GDF-Suez. El galo se abraza a la posibilidad de multiplicar por 2,5 la capacidad de tránsito del gas a ambos lados de los Pirineos con el Midcat, aún a riesgo de cumplir las profecías de la CNE y Enagas -optimizar los 900 millones de euros invertidos en Medgaz desde finales de 2009-, sacarle más brillo a los galones gasistas españoles y crear una capacidad de flujo hacia la península de hasta 6,5 bcm al año. España tiene las fuentes, el poderío de la mitad de las GNL de Europa y el grifo al 50% del gas que llega al Viejo continente. Mal que le pese a Sarkozy, lo sabe Bruselas, que apadrina la que será la tercera interconexión entre España y Francia con 200 de los 2.500 millones recién comprometidos para la seguridad energética europea. El Elíseo promete poner su ‘rendición’ negro sobre blanco en la Cumbre hispano-gala de abril.

España, el tercer mayor importador de gas natural licuado (GNL) del mundo, sólo tiene la capacidad de hacer llegar a Francia un mínimo anual de 0,1 bcm a través del gasoducto Euskadour. Existen planes de ampliar su capacidad a 2,5 bcm al año, pero no será hasta 2011. La otra única interconexión con Francia, el gasoducto navarro de Larrau, tiene una capacidad de 2,5 bcm por año pero (aunque el Gobierno español prevé duplicarla para 2013) sólo permite importar gas a España, no exportarlo. Hasta ahora, a Sarkozy no le importaba. Los recelos del lado galo dejaron (en la última Reunión de Alto Nivel hispano-francesa de Zaragoza) en un mero compromiso de estudio técnico-económico de viabilidad los vientos de la nueva interconexión de gas entre Figueres y la Artère du Midi y una estación de compresión en Sentmenat llamadas a poner en servicio desde 2015 7.000 millones de metros cúbicos al año. Bruselas y Sarkozy le dan ahora cuerda a los planes de Enagás, TIGF y GRTgaz.

El Elíseo hace de la necesidad virtud: se lo había advertido ya Ian Cronshaw, director de diversificación en la Agencia Internacional de la Energía (AIE): el mercado español en solitario podría tener dificultades en absorber los suministros adicionales de Medgaz sin exportar algo de gas a Francia. Y el vecino galo, dificultades de abastecimiento sin ese gas. Ni los gasoductos ni las plantas de regasificación acompañan a París en sus pretensiones gasistas. España, con siete de las quince plantas de regasificación del continente, tiene ya en su mano la llave al 50% del GNL: es el principal receptor europeo de Gas Natural Licuado. GN, Repsol, Unión FENOSA y ENAGAS se preparan para pescar, con Bruselas por madrina, los recelos de París y los puentes tendidos de Lisboa, en las heridas europeas abiertas por Gazprom.

GDF-Suez, con el 10% del GNL europeo en la mano, promete pelearle los galones a las españolas, ahora que la menor demanda del GNL en Asia y la ralentización de las operaciones han comenzado a afearle el resultado y que el Kremlin le ha recordado las líneas rojas de su ‘lealtad’. El gigante galo tiene un pie en Medgaz, un 8,8% de Gas Natural, promete  empezar a comercializar gas en España entre grandes consumidores y fábricas y  hace saber que mira a los activos de la desinversión de la española. GDF-Suez ha firmado un contrato para que la compañía argelina tenga capacidad de regasificación en la terminal de Montoir, en la Bretaña francesa, que le permitirá suministrar alrededor de un millón de metros cúbicos de gas en el mercado galo en el horizonte del 2010, pero siempre a través del gasoducto Medgaz. Por eso no es la única que busca extender el segundo gasoducto hispano-argelino a Francia, aunque sea pasando por la península. 

El proyecto europeo de creación de un mercado de gas interconectado en Europa del Sur es aún papel mojado: en Europa el 50% del gas licuado proviene de la ribera sur del Mediterráneo, en el 2030 esto se irá reequilibrando, porque la ribera sur irá consumiendo más hasta el 58% en el norte y 42% en el sur. Pero sus zozobras tienen también ya apellidos: los de las limitaciones propias y los de los nuevos horizontes del gas español. Los argelinos firmaron el acuerdo con Gaz de France, por el cual se obligaron a suministrar el gas licuado a la compañía francesa hasta 2019 y siguen construyendo dos nuevos gasoductos a través del Mediterráneo que permitirán a Argelia aumentar en un 50% los suministros de gas a Europa. Pero sus aspiraciones -Khelil lo reconoce- llevan ya el apellido del gasoducto tunecino-italiano (cuya capacidad esperan incrementar en un 20%) y el proyecto de Medgaz -llamado a transportar desde finales de año 8.000 millones de metros cúbicos adicionales hacia la península ibérica- la obliga al peaje ibérico.

Argel mira al Medgaz, aspira a hacer del Mare Nostrum el patio de sus ambiciones energéticas y de España el atajo de ese desembarco. Ya lo es, de alguna manera: un 87% de los 62.000 millones de metros cúbicos exportados por la estatal magrebí en el último año han terminado en tuberías españolas. Pero Sarkozy sabe que las llaves al Medgaz no están tan cerca de París. Ni la geometría accionarial ni los recelos de Sonatrach se lo ponen fácil. GN, Cepsa e Iberdrola tienen la mano sobre esa llave,  más ahora que Sonatrach acalla sus sables a la luz de la postguerra del gas ruso. En 2006, Sonatrach suscribió un acuerdo con Gaz de France (GDF) por el que se le reservaba una capacidad de regasificación de hasta 1.000 millones de metros cúbicos en la terminal de Montoir de Bretagne, cerca de París. La propia compañía aseguró en su momento que el acuerdo tiene una vigencia de diez años. No obstante, el grupo energético estatal argelino se ha negado a establecer una alianza mayor con GDF-Suez, a pesar de que el propio presidente francés sugirió desde su visita a Argelia en 2008 estrechar las relaciones entre ambas compañías.

La argelina sostiene la promesa de vender a partir de 2010 en Francia parte del gas transportado a la Península desde Argelia por el gasoducto Medgaz, que unirá el enclave norteafricano de Beni-Saf con Almería. Pero poco más. Por si acaso, París trata de subirse, en las ruedas de Total y de la mano de Gazprom y Sonatrach, en la alternativa del gasoducto Nigal, una tubería de 4.128 km que traerá hasta 30.000 millones de metros cúbicos de gas al año a Europa desde Nigeria a través de Argelia. Pero la negociación con la argelina para construir a cuatro manos el gasoducto transahariano es aún papel.

La CNE espera que la capacidad de entrada de gas al sistema aumente un 45% en 2012 con respecto al nivel de 2008, gracias al aumento en un 89% de la capacidad de almacenamiento de los tanques de gas natural licuado (GNL) y a la entrada en funcionamiento del gasoducto Medgaz a finales de 2009, cuya conexión con la red gasista facilitará el gestor con la construcción del tramo entre Almería y Chinchilla, que estará disponible en verano de 2009. España, que planea desde hace años la mejora de sus interconexiones con el resto de Europa a través de tres proyectos para desarrollar y ampliar sus gasoductos, ha visto la crisis como una oportunidad para impulsarlos con el apoyo de Bruselas, que acelera bajo la sombra de Moscú su proyecto de una autopista  europea de la energía por la que el gas y la electricidad circulen sin interrupciones desde España hasta Suecia o desde Portugal hasta Bulgaria.  Ya no será -al menos formalmente- a contrapié del Elíseo. Las españolas, entre tanto, buscan su hueco: Además de transportar el gas desde España a través de los gasoductos Irún-Arcangues (Euskadour) y Larrau-Calahorra (Lacal), la compañía que preside Ignacio S. Galán usará el gas que tiene almacenado en los almacenamientos subterráneos galos de la región de Aquitania.

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