edición: 2327 , Viernes, 20 octubre 2017
13/07/2011

Se acabó el vivir a crédito

Rafael Vidal
La crisis financiera desatada por los grandes bancos de negocios estadounidenses hace un par de años tuvo, como consecuencia inmediata, la desaparición del dinero en los mercados, al menos en las condiciones en que se estaba consiguiendo. Productos hipotecarios multimillonarios basados en créditos sin garantías pusieron al descubierto la gran trampa del sistema: papel, mucho papel financiero apoyado en un crédito fácil y al momento sin que nadie preguntara cómo se iba a pagar. Había liquidez de sobra y todos contentos.

Lo que nadie pensaba en aquellos momentos es que la situación de muchos particulares era la misma que la de la mayoría de los estados. Todos estaban viviendo a crédito sin detenerse a pensar, ni acreedores ni deudores, quién iba a pagar la factura en caso de que surgieran problemas. Las consecuencias de esta situación sobre los estados la estamos sufriendo en la actualidad a través de la exigencia de mayores rentabilidades por el mismo dinero que antes prestaban por la simple garantía estatal. Esos problemas -el endurecimiento de las condiciones del crédito- están ahí y parece que nadie va a sustraerse a sus consecuencias, ni siquiera Estados Unidos, a menos que su Gobierno ceda ante las condiciones de los representantes del gran capital, en este caso el Partido Republicano.

En los primeros momentos de la actual crisis financiera se pensó en buscar culpables y en aplicar soluciones para evitar posibles réplicas. Lejos de ello, el poder político se ha plegado a las condiciones de "los mercados" y en los últimos meses baila al son que le toquen. La clase política busca soluciones que no molesten al sector financiero y así nos va, con una constante pérdida de tiempo, en el caso europeo, que no hace más que beneficiar a los conocedores del mercado, "los mercados", que han decidido poner un alto precio a su dinero. Prestar barato y casi sin condiciones se ha acabado, al tiempo que en Estados Unidos quieren, además, dejar de pagar impuestos. Visto lo visto en los últimos meses -la pasividad de la clase política- hay que reconocer que tienen la sarten por el mango y que todo parece indicar que, a partir de ahora, los estados se van a administrar con criterios de empresa, pero de esas empresas que se deshacen de mucho personal o imponen serios recortes, al tiempo que conceden generosos bonus para los directivos.

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