edición: 2784 , Lunes, 19 agosto 2019
18/01/2012
EL DEDO DE MADOZ

Se reanuda la frágil negociación de la deuda griega rodeada de tensiones en el Gobierno

El FMI se ha puesto en la línea de las quitas a los bancos y se muestra bastante más flexible ante las necesidades de Grecia que los funcionarios de la UE y que el propio BCE
Carlos Schwartz

Un portavoz del Insituto Internacional de Finanzas (IIF) en Washington confirmó este martes a ICNr que “el miércoles se reanudan en Atenas las negociaciones entre el Director Gerente del IIF, Charles Dallara, y Jean Lemiere, asesor especial del presidente de BNP-Paribas, copresidentes del comité de bancos acreedores de Grecia y los funcionarios del Gobierno griego sobre la participación del sector privado en la reestructuración de la deuda soberana del país”. El viernes pasado las conversaciones quedaron suspendidas ante lo que las fuentes del IIF calificaron de “disidencia por parte de algunos de los participantes en la negociación” con los acuerdos preliminares alcanzados en octubre.

La disidencia consistía en el hecho que tanto el Gobierno alemán como el Fondo Monetario Internacional ejercieron fuertes presiones para lograr que la quita sobre la deuda griega se acercara al 60% del valor neto presente de los bonos en manos de la banca. Los bancos acreedores se resisten a una pérdida de esta magnitud. El total de bonos en manos de la banca es de 206.000 millones de euros. El Banco Central Europeo (BCE) tiene en su cartera unos 40.000 millones en bonos de deuda soberana de Grecia.

Las perspectivas de un acuerdo en Atenas son tenues de momento. Hoy, además de Dallara y Lemiere, estarán en Atenas miembros de la troika. Un equipo formado por funcionarios del BCE del Fondo Monetario Internacional (FMI) y de la Unión Europea (UE) que valoran desde ayer los progresos hechos por el Gobierno de tecnócratas, cuajado de políticos antagónicos, a cargo de ejercer de policía fiscal. La troika debe efectuar recomendaciones para poner en marcha el segundo programa de ayuda a Grecia por 130.000 millones de euros que debe hacer su primer aporte antes de que en marzo el país afronte un vencimiento de 14.400 millones de euros de bonos de deuda pública. La UE, el FMI y el BCE no darán el visto bueno al programa si además del equilibrio fiscal no hay un reestructuración de la deuda soberana que la haga sostenible.

Es en este contexto que ayer el viceministro de Economía de Grecia, Iannis Mourmouras -asesor del dirigente opositor Antonis Samaras- publicó un duro artículo de opinión en el que afirma que reducir los déficit presupuestarios mediante la austeridad genera mayor retracción económica y deflación interna, lo que provoca un crecimiento relativo de la deuda respecto del producto interior bruto (PIB), una caída de la recaudación y por tanto mayores necesidades de endeudamiento. El funcionario afirma que “cualquier consolidación fiscal en un país miembro de una unión monetaria altamente endeudado debe tener como objetivo no el déficit fiscal global (que es cíclico) sino el déficit estructural. El fracaso de los programas de austeridad en los países de la periferia de la eurozona puede atribuirse a este significativo error técnico en su diseño”. El funcionario sostiene además que no es suficiente atacar el déficit estructural sino que es imprescindible acompañar ese esfuerzo con medidas de apoyo al crecimiento. Con este telón de fondo la posibilidad de un progreso en la negociación con los bancos parece complejo.

Más allá de la crítica al programa del Gobierno del que forma parte en representación de la oposición, las observaciones de Mourmouras ponen de relieve la fragilidad del ejecutivo que tiene en sus manos la negociación con los acreedores y con la troika. El tenso hilo del que tiran las partes interesadas parece a punto de romperse. El fin de semana pasado, el Gobierno de Grecia envió a un grupo de funcionarios a Washington a negociar con el FMI un apoyo de último momento en la negociación. Anoche, la directora ejecutiva del FMI, Christine Lagarde, anunció al final de una reunión del Consejo Ejecutivo del FMI que había coincidencias entre miembros del Consejo para incrementar los recursos del organismo multilateral. “El mayor reto es responder a la crisis de una forma adecuada y muchos Directores Ejecutivos han subrayado la necesidad y urgencia de los esfuerzos colectivos para contener la crisis de la deuda en la zona del euro y proteger a las economías alrededor del mundo de la transmisión de contracciones excesivas de producción/ingresos. En este contexto dan la bienvenida al compromiso recientemente anunciado por parte de los miembros europeos de contribuir a los recursos del Fondo, subrayando al mismo tiempo la importancia de los cortafuegos europeos y otras políticas lo suficientemente fuertes como para responder a la crisis en la zona del euro”.

Es llamativo el papel del FMI en el proceso griego. El organismo se ha puesto en la línea de las quitas a los bancos y se muestra bastante más flexible ante las necesidades de Grecia que los funcionarios de la UE y que el propio BCE. Entretanto, la evidencia de que la política de austeridad no conduce a una reducción del déficit público y si en cambio a una recesión de gran magnitud está mellando de forma creciente el clima social del país y resquebrajando al Gobierno de coalición. Ayer hubo una nueva jornada de huelga general en el país que paralizó los puertos y el transporte público.

La falta de mejoría de la situación económica del país sometido a la medicina de los recortes desde 2007 y con una tasa de desempleo que alcanzó en el tercer trimestre del 2011 al 17,7% de la población activa se ha traducido en una creciente resistencia social a las políticas de austeridad. El primer ministro Lucas Papademos y su ministro de Economía, Venizelos Evangelos, parecen menos conscientes de esta situación que funcionarios de otros Gobiernos y de organismos multilaterales.

En cualquier caso, si el FMI y la UE no consideran sostenible la deuda tras cualquier acuerdo con los acreedores privados el segundo programa de ayuda no se activará y en marzo Grecia entrará en suspensión de pagos y por lo tanto en una reestructuración desordenada. El dilema en el fondo es sencillo. Cuanto mayor la quita de las entidades privadas, menor la financiación con la que deberá cargar la UE y su Fondo Europeo de Estabilidad Financiera (FEEF). El FMI tiene un límite claro en sus estatutos en materia de ayuda bilateral a un país miembro. Por lo tanto la brecha la deberá cubrir el FEEF. En cualquier caso el proceso parece anunciar un fracaso de la reestructuración voluntaria ahora por falta de acuerdo, o más adelante por incapacidad de pagar si la deuda es insostenible. La política de austeridad con deflación interna es un callejón sin salida. Lo peor es que una reducción de la deuda por si misma tampoco va a operar un milagro.

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