edición: 2557 , Miércoles, 19 septiembre 2018
15/10/2010

Sebastián aterriza a trompicones a su ‘cenicienta’ de las renovables

Javier Aldecoa

Quería impulsarla, limpiarla de la etiqueta de “cenicienta” del Régimen Especial que el propio Sebastián le puso literalmente. En Industria, en menos de cuatro años, han pasado del embeleso con las posibilidades de la biomasa al desconcierto y, ahora, a juzgar por las cifras del Paner, simplemente a la resignación, con aspiraciones de generar un 2,6% con biomasa. Cuando en Castellana 160 engendraron el anterior Plan de Energías Renovables 2005-2010 -aún vigente- la biomasa iba a ser la ‘estrella’ de su mix verde, preveían confiar en ella hasta un 47% de la generación renovable de energía consumida.

La regulación del RD 661/2007 era -oficialmente- el espaldarazo para haber llegado a 2011 más allá de los 1.300 Mw de potencia instalada. Pero España sólo ha ejecutado un 9% de la potencia de generación prevista y acabará el período del PER con una cuarta parte de su objetivo. Una “decepción” para el IDAE, como reconocía su Director de Energías Renovables, Jaime Margerit en la III Conferencia Internacional sobre obtención de energía a partir de residuos y biomasa, en el Instituto para la Sostenibilidad de los Recursos (ISR).

Una cita en la que la industria privada y algunas administraciones municipales le han recordado al ministro las posibilidades perdidas de la valorización energética de todo tipo de residuos, en un país que ocupa la tercera posición en la UE por su potencial en biomasa, pero está entre los ocho últimos por su nivel de producción. Y es que, como detalla el monográfico’El valor de la Biomasa Forestal’ publicado por Ence en colaboración con Boston Consulting Group, España cuenta con 6,5 millones de toneladas de residuos forestales en sus montes que no se aprovechan, una cantidad a la que, si adicionalmente se uniera la puesta en aprovechamiento de 350.000 hectáreas de cultivos energéticos proporcionaría 7 millones de toneladas al año de biomasa verde, lo que se traduciría en 1.296 megawatios de potencia.

Es “la hermana que parecía fea y pobre, pero que acaba siendo la más importante”, confiaba el ministro. Eso era hace más de un año y una sacudida al sector de las renovables. Al ritmo de crecimiento de los últimos años, se hubieran necesitado algo más de once años para cumplir el objetivo de que el 41,2% de la generación eléctrica renovable en 2010 proviniera de la biomasa y del biogás, que ahora aportan el 12,5%. Lo reconocen en el ministerio, por más que el director general de Política Energética y Minas, Antonio Hernández, haya proclamado que “España no puede permitirse no desarrollar las energías renovables incluida la biomasa y los residuos; nuestra dependencia energética es de más del 100 por 100 en gas y petróleo y el uso de estar energías nos ayudaría a frenar esta dependencia”.

Ahora, Industria simplemente pliega sus objetivos, rebaja -Appa denuncia- en 45 puntos básicos su presencia en el "mix" de energías renovables aunque -Margerit dixit- no descartan volver a flexibilizar el Paner si la biomasa repunta. Han pasado del horizonte de 1.317 Mw para 2010 y la generación -según las asociaciones del sector- de un total de 60.880 puestos de trabajo entre directos e indirectos con el desarrollo del sector en España hasta 2020, a conformarse con poco más de 1.100 Mw en 2020 en las previsiones del Plan Nacional de Acción sobre Energías Renovables, lejos del aumento de la potencia a instalar de  2.146 MW en 2.020 con inversiones por más de 4.000 millones de euros que pide la patronal Appa. La biomasa ha quedado además en un “cajón desastre” de renovables  con mucho menos desarrollo, como la geotermia y la marina, frente a las luces rojas del sector, que exige a la administración central una "actualización" de las primas en base al coste de la tecnología necesaria para la producción.

Ni las ventajas de una tecnología renovable 100% gestionable y altamente disponible, la que más impuestos paga, la que más residuos valoriza, la que más emisiones de CO2 evita, ni su gran capacidad de creación de empleo y su contribución a la evitación de incendios forestales han podido contrarrestar lo que muchas empresas del sector consideran un maratón de desincentivos y obstáculos desde la administración. Los objetivos fijados por el PER para los usos térmicos de la biomasa supusieron más del 90% del total, siendo el restante 10% para la solar térmica de baja temperatura, cuya instalación para calentar el agua sanitaria es obligatoria en toda nueva construcción debido al Código Técnico de la Edificación. Un factor que explica que el crecimiento de esta última tecnología haya sido enorme, mientras el de la biomasa casi inapreciable. Otro escollo es el abastecimiento de materia prima, ya que el plazo para amortizar las inversiones es largo -unos 15 o 20 años- y durante ese tiempo hay que garantizar el suministro a la planta, por medio de convenios o contratos con propietarios de montes, públicos o privados o por los cultivos forestales energéticos. Y, aunque para facilitar el uso de la biomasa se han instalado de forma singular algunas redes con potencia de hasta 5 MW, las principales asociaciones del sector denuncian que todavía son proyectos aislados y los proyectos impulsados por algunas empresas de servicios energéticos tropiezan con la gran barrera del desconocimiento y por consiguiente con la desconfianza, empezando por la propia administración.

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