edición: 2613 , Martes, 11 diciembre 2018
03/12/2009

Sebastián se atraganta con las bombillas

Dice ahora que “lo importante es que hablen de ellas, aunque sea mal”. Pero las luminarias del ministro no tienen quien las quiera: sólo ha repartido el 30% de las bombillas de bajo consumo que esperaba hacer llegar a los consumidores de forma gratuita este año. Ni regaladas. Más de trece millones ocupan sitio aún en los almacenes de Industria y los anaqueles de las oficinas de Correos de toda España y paralizan la segunda fase de su programa. Ni en los planes más optimistas -Sebastián lo ha tenido que confesar- espera encontrar dueños ni para la mitad de los 20 millones que el ministerio compró. De los otros veinte millones que planeó distribuir en 2010, nadie quiere ni hablar en Castellana 160. Son sus propios subordinados, el secretario de Energía y sobre todo los técnicos del Instituto para la Diversificación y Ahorro de Energía (IDAE), los que le han bajado los humos a las bombillas de su Plan de Activación del Ahorro y la Eficiencia Energética 2008-2011, como ya lo hicieron con el Movele, o sus aspiraciones para las empresas de servicios energéticos. Moncloa y el Idae han tenido que paralizar el siguiente capítulo, el Plan 2x1 -cambiar una bombilla convencional por dos de bajo consumo- que iba a estrenarse en colaboración con el sector comercial a partir de diciembre, para poner en el mercado otros 2,4 millones de unidades.

En Moncloa no quieren ni oír de las bombillas del ministro. Ya saben que hasta su reciclaje sigue sin solución. Y, por si acaso, ya no será Sebastián sino Elena Espinosa quien capitanee la siguiente de sus joyas del ahorro y el consumo limpio. Medio Ambiente dirigirá esta vez una campaña institucional de dos años para reducir el consumo de las bolsas de plástico de un solo uso desde mediados de 2010.

Se le iluminó Europa. Quería legar antes que nadie y conquistar el olimpo del ahorro energético de los Veintisiete a lomos de sus bombillas de bajo consumo. Ahora ya sólo busca consuelo en los ‘casquillos’ de bajo consumo que sí ha conseguido colocar.  “Nunca se habían repartido siete millones de nada en España” –Sebastián dixit- , pero no iluminan los planes ni los calendarios en los que ya ni Moncloa ni sus segundos creen. Además, cuando llegue a Bruselas y estrene en enero la presidencia de turno española de la Unión el ministro verá que ya hace mucho que la UE descubrió las luminaras de bajo consumo. En marzo, después de dos años de debate, la CE aprobó un reglamento que obliga a eliminar las bombillas incandescentes entre 2009 y 2012, dos años antes que EE UU. Al ministro no le queda más protagonismo que la trasposición de la normativa comunitaria, pero a Sebastián se le atragantan hasta los restos de las bombillas, no se libra ni de su sombra.

Su Plan de Activación de Ahorro y Eficiencia Energética 2008-2011 se nhizo trizas primero en manos de su propio Made in Spain: los primeros 50 millones de euros fueron en la primera fase camino de Pekín, en bombillas que no superan las 800 horas de uso frente a las 8.000 o 12.000 horas de otras marcas. Después, llegó el repudio: ni regaladas quieren las bombillas sus beneficiarios. Ahora, aún no han acabado de llegar a todas las casas y ya le duelen sus restos. Se ha hecho la luz con la contaminación de sus residuos. Alguien se olvidó de decirle a Miguel Sebastián que no es oro todo lo que reluce en su bajo consumo (entre un 50 y un 80% menos que las incandescentes): contienen una media de 3-5 miligramos de mercurio en su interior, suficiente para contaminar 35.000 litros de agua.

Le han sacado los colores la patronal y los científicos del reciclaje. La modificación de la directiva que regula la gestión de residuos obligará a España a superar tasas de reciclaje del 65% para 2015, el doble de lo que se trata actualmente. Es la Asociación para el Reciclaje de Lámparas (Ambilamp)-  que ya ha recolectado y reciclado más de 3.500 toneladas- la que se está encargando de cerrar acuerdos con grandes superficies, incrementar contenedores y lanzar una campaña masiva para concienciar a los ciudadanos. A lo peor, el plan acaba en digestión de fakir para el Ministro de Industria. Serán más de 40 millones de unidades. Mucho cristal para una idea de 105 millones de euros, con la que, a cambio, Sebastián prometía ahorrar 8 euros al año por bombilla, y ahorrar 1,848 gigavatios por hora anuales.

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