edición: 2284 , Viernes, 18 agosto 2017
24/10/2014

Según las proyecciones de la AIE la demanda europea de gas natural seguirá débil hasta el 2030

La debilidad se vincula al cierre de centrales a gas, la falta de incentivos y el precio de los derechos de emisión
Carlos Schwartz

De acuerdo con las proyecciones de la Agencia Internacional de la Energía (AIE) la demanda de gas en Europa estará signada por la debilidad hasta 2030. El consumo de gas en el continente ha acusado la crisis económica internacional reduciéndolo hasta los niveles de hace quince años. En el momento más alto de la actividad económica reciente en 2010 el consumo de gas en Europa fue de 500 mil millones de metros cúbicos de gas (bcm por sus siglas e inglés), mientras que en 2013 su consumo fue de 448 bcm y las estimaciones de fuente privada colocan el posible nivel de consumo este año en los 420 bcm. Entre 2012 y 2013 la demanda cayó en España un 8%, comparado con un 11,5% en Grecia, un 10,1% en Eslovaquia, un 8,6% en Luxemburgo y un 8,3 en Hungría de acuerdo con los datos de la AIE.

Es decir la española es la quinta mayor caída de la demanda entre los países de la OCDE ya que estos son los miembros en los que más ha caído la demanda de gas en ese periodo de tiempo. La demanda global de gas en 2013 creció solo el 1,2% muy por debajo de los otros combustibles a causa de la debilidad económica internacional, las dificultades de aprovisionamiento, la débil comercialización del gas natural líquido, y la competencia de las renovables y el carbón en el sector de la generación eléctrica señala la AIE.

De acuerdo con los analistas del sector de la energía la caída de la demanda de gas natural pone en cuestión la capacidad europea de diversificar sus fuentes de aprovisionamiento del combustible y de reducir los costes de la transición hacia sus nuevos objetivos de cambio climático. Pero este cuadro está directamente relacionado con la caída del precio de los derechos de emisión de carbono, es decir del régimen diseñado para penalizar las emisiones contaminantes de la industria, y la caída del precio del carbón. El efecto combinado de ambos hechos ha disparado la generación eléctrica mediante la combustión de carbón. Un fenómeno de dimensiones significativas en Europa del este y en Alemania.

El gas natural, un combustible fósil poco contaminante, tiene una presencia cada vez menos destacada en la generación eléctrica en Europa a medida que las compañías eléctricas cierran centrales accionadas por gas y las sustituyen por centrales que queman carbón. La participación en porcentajes de la generación por gas sobre la generación total de electricidad en España es la menor del conjunto de las regiones de la OCDE con la excepción de China. Esta situación, y lo precios a los que Europa adquiere el GNL, han llevado a los analistas de la AIE a afirmar que es muy difícil que la demanda de gas en el continente realmente se recupere en un horizonte próximo sin una política de apoyo por parte de la Unión Europea (UE).

Uno de los motivos de preocupación de los analistas del sector es que las dificultades políticas en Europa para el desarrollo de la generación por energía nuclear va crear una brecha de generación que tenderá a ser ocupada por las energías renovables a medida que se vayan cerrando centrales nucleares. “Sin embargo, esto puede realmente disparar los costes de la energía en Europa ya que la transición hacia las renovables se hace necesariamente sobre la base del subsidio de ese tipo de generación. Si no se encuentra un equilibrio entre las energías renovables y la utilización de combustibles con baja emisión de carbono como el gas natural la industria de Europa va a sucumbir a la pérdida de competitividad y los altos costes frente a Estados Unidos y China”, señaló una fuente del sector a ICNreport. En este cuadro el precio del gas natural entra como un componente importante de una salida alternativa. Europa paga el gas que consume tres veces más que el precio del gas en Estados Unidos. El principal proveedor de gas del continente sigue siendo Rusia, con los problemas de suministro que ya se han evidenciado en el pasado. Mientras, existe una imposibilidad política de explotar el gas no convencional por el rechazo en Europa al impacto medioambiental de la extracción de este tipo de combustible.

El gas es una materia prima que no es fácil de transportar. Se requieren grandes infraestructuras como los gasoductos o equipo para licuar y envasar y para regasificar en la terminal portuaria de destino además de los flotas navieras adecuadas. Es por ese motivo que los mercados de gas suelen ser más regionales y mucho menos integrados que los del petróleo. Esa falta de integración global ha determinado grandes diferencias de precios en el gas como los que se registran en la actualidad entre Estados Unidos y Europa, por ejemplo. El efecto de una situación como esta se refleja en hechos como que la participación en las exportaciones estadounidenses de manufacturas intensivas en energía ha crecido de forma sostenida mientras que las no intensivas han retrocedido. Las estadísticas de aduanas ponen de manifiesto que las exportaciones estadounidenses de manufacturas han crecido en torno al 6% desde que se inició la bonanza del gas no convencional. Estados Unidos se ha convertido en el principal productor de gas natural del mundo, y se convertirá en uno de los principales exportadores de este combustible en un futuro muy próximo.

“Mientras las fuerzas del mercado dan forma a la mezcla energética, la política en el sector de la energía tiene un papel que jugar, incluyendo el carbón y las renovables, influyendo a su turno sobre el comercio mundial de la energía. En este punto, Europa y Japón están en una encrucijada, haciendo frente a un difícil equilibrio entre preocupaciones ambientales, objetivos de eficiencia económica y seguridad energética. Lograr un equilibrio acertado de estos factores debería ocupar un lugar preeminente en la agenda de los políticos, afirma al respecto el funcionario del Fondo Monetario Internacional (FMI), Rabah Arezki.

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