edición: 2390 , Martes, 23 enero 2018
14/11/2008

Seis empresas del Ibex 35, por debajo de su valor en libros

Juan José González

Puede ocurrir, Dios no lo quiera, que si se liquida una empresa, los accionistas reciban más dinero por la venta de los edificios, terrenos y máquinas, que por la venta de las acciones de esa sociedad. Suena mal pero es cierto, es duro pero posible, y sin embargo, esto es lo que les sucedería a varios millones de accionistas españoles si se liquidaran hoy, o por qué no, el próximo lunes, las empresas en las que tienen invertidos sus ahorros. Vamos, que hay unas 35 empresas cotizadas en nuestro mercado de renta variable que cotizan por debajo de su valor contable y seis en el selectivo.

Cuando una compañía vale en Bolsa menos de lo que vale en libros, se suele estar viviendo una situación anómala, una crisis o un momento bursátil con fuerte castigo para las cotizadas, con un alto grado de exigencia hacia esas compañías, por parte de los inversores. Es, ni más ni menos, lo que sucede desde hace unos meses en el mercado de renta variable: un nutrido y significativo grupo de sociedades, que desarrollan sus actividades en sectores productivos decisivos para la economía y que debido a las bajas cotizaciones bursátiles se encuentran fuertemente infravaloradas.

Y ¿quién está en esta situación? Pues compañías cotizadas de las que nunca nos hubiéramos imaginado que llegarían a cotizar por debajo de su valor en libros. De la misma forma que nadie se pensaba que General Motors podría desaparecer, o que un banco como Lehman llegara a quebrar. La lista de empresas es reveladora de su preocupante situación porque son lo más granado de nuestras cotizadas. Banco Santander, Repsol, Iberia, Acciona, Ferrovial e Iberdrola Renovables. Seis empresas del selectivo, y Ence, Catalana de Occidente, Iberpapel, Unipapel, Sol Meliá, Prisa, NH Hoteles, Alba, varias inmobiliarias y constructoras y alguna de alimentación, etc… En alguno de estos casos, un tanto dramático, las deudas son superiores al 50% del activo.

Ver a estas empresas en semejante situación no es plato de buen gusto para nadie, sobre todo para los inversores y los propietarios, a los que se les encienden las luces más rojas. Se sabe que el valor en Bolsa, no deja de ser una percepción, parte objetiva y parte subjetiva, pero en el tráfico mercantil, en los negocios, las acciones tienen un precio. Sin llegar a caer en el popular “sólo el necio confunde valor y precio”, el descuento al que están cotizando las empresas señaladas, son descuentos históricos, donde se llegan a registrar caídas de hasta el 80% en el presente ejercicio bursátil, con un mercado, el Ibex que acumula un retroceso próximo al 40%. Se trata de compañías que en un momento como el actual, con el mercado en 8.600 puntos del Ibex 35, son víctimas de la desconfianza de los inversores, como es el caso de Prisa o Adolfo Domínguez, o que por la naturaleza de su negocio se encuentran en una posición de descuento “lógico”, como por ejemplo Dinamia o Alba.

Lo que ya no es tan lógico, ni habitual, ni razonable, son los ratios de Santander y Repsol, dos compañías que son referencia y que están, permanentemente, en el punto de mira de cualquier movimiento, como es el caso. Santander es un banco sólido pero cuyo fuerte retroceso le ha llevado a cotizar en la actualidad con un ratio precio/valor contable de 0,9 veces, y en 2,7 veces en la última década (el Ibex cotiza 1,5 veces, la más baja de la década). Para descarga del banco, cotizar por debajo del valor en libros es común en el sector financiero donde los inversores, y el mercado en general, descuentan que las entidades financieras se encuentran en un proceso de fuerte descapitalización, antesala de malos, o no tan buenos, resultados de explotación.

La infravaloración que supone cotizar en Bolsa por debajo del valor en libros, tiene otra lectura más interesante, desde el punto de vista de la inversión, pues en una primera selección de valores, siempre aparecerán como más atractivos aquellos que se encuentren con un mayor descuento y que probablemente supongan una mayor oportunidad de inversión. Pero este criterio es engañoso en la medida en que las empresas, dependiendo del sector de actividad en el que desarrollen su negocio, tienen necesidades y exigencias diferentes. El ejemplo más típico es el de las empresas intensivas en capital, las eléctricas, en las que los ratios suelen estar mucho más ajustados que en las compañías cuya actividad se desarrolle en el sector servicios.

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