edición: 2346 , Viernes, 17 noviembre 2017
24/05/2011
Desarrollo Sostenible

Shell intenta recuperar su reputación a través de la gestión sostenible tras su ruptura con el DJSI

Beatriz Lorenzo

Ocupa uno de los primeros lugares de la desafortunada lista de desastres y desmanes que la mano del hombre causa sobre los ecosistemas, ya de por sí agotados- y agostados- por fenómenos como el deterioro de la capa de ozono, la aparición de la lluvia ácida, la deforestación o la pérdida de biodiversidad. Entre todos ellos, los vertidos petroleros destacan por lo virulento de sus consecuencias.

Ellos son los desafortunados protagonistas de buena parte de las catástrofes ecológicas que dan al traste con kilómetros y kilómetros de ecosistemas y espacios naturales. Las cifras no dejan lugar a dudas: alrededor del 0,2% de la producción mundial de petróleo acaba vertido al mar cada año. Un porcentaje que puede parecer mínimo pero que representa en realidad unos tres millones de toneladas que todos los años acaban contaminando las aguas y los ecosistemas marinos.

Así las cosas, no es de extrañar que en una época en que la reputación coporativa se ha convertido en el más valorado de los intangibles las empresas petroleras que han cometido “descuidos” con su gestión ambiental hayan perdido la confianza de sus grupos de interés. De hecho, la consultora de análisis de datos sociales y ambientales de empresas RepRisk elabora cada año su “Ranking Anual de Empresas Controvertidas”, basado en un clipping de noticias de prensa negativas; un listado que últimamente ha estado liderado por British Petroleum y Transocean, las dos principales responsables de grandes desastres ambientales.

GESTIÓN MÁS CUIDADOSA

Ante este panorama, las petroleras capean como pueden el temporal y buscan subterfugios para recuperar la reputación dañada. Tal es el caso de Shell, denostada también por los grupos de interés no sólo por sus desajustes en materia medioambiental, sino también por la dudosa atención a los derechos humanos de sus trabajadores. Shell ha dado a conocer recientemente su último informe de Responsabilidad Social en el que menciona una nueva definición de su política de bonos, asociada a los resultados en sostenibilidad. Se trata de todo un hito en el modelo de gestión de la petrolera, más aún teniendo en cuenta el anuncio previo de la empresa anglo holandesa del abandono de la referencia del Dow Jones Sustainability Index para establecer dichas remuneraciones, al considerar “injusta” su expulsión del índice sostenible. Así pues, para 2011 la petrolera establecerá sus propio sistema de puntuaciones en materias tales como la seguridad, la eficiencia energética o el uso de agua dulce.

El nuevo interés de Shell por la sostenibilidad no es casual. No sólo es necesario a efectos de recuperar la reputación dañada; para las petroleras, la mejoría de la eficiencia energética trae, además, otras ventajas. Economiza recursos naturales como el petróleo y el gas, disminuye costes de producción, posibilita la producción de bienes cada vez más baratos y competitivos, mejora el desempeño económico de empresas o reduce la necesidad de invertir en infraestructura y energía, pues es más barato conservar que generar energía.

Sin embargo, y a pesar de este “nuevo” interés de Shell por el desarrollo sostenible, el tema de los atentados contra los derechos humanos todavía colea. Durante la reciente asamblea general de la petrolera celebrada en La Haya, organizaciones no gubernamentales se hicieron eco de los daños provocados por la petrolera no sólo a nivel medioambiental sino también a las comunidades de las zonas afectadas. Así, Amigos de la Tierra Internacional exigió a la multinacional que asuma toda la responsabilidad para prevenir y mitigar los daños ocasionados al medio ambiente y a las personas afectadas. La organización presentó un documento donde se hacía eco de varios casos de violaciones de derechos humanos y ambientales a la vez que denunciaba la participación de la empresa en la violación de derechos humanos y en el incumplimiento de normas laborales. Por último, se destacaban también varios casos de corrupción e intromisión en asuntos políticos perpetuados por Shell con el fin de garantizar mayores beneficios económicos. Tal como están las cosas, la propia petrolera admite sus errores y promete “prevenir y mitigar los costos para el medio ambiente y las personas afectadas” por sus operaciones.

RECUPERAR LA CONFIANZA

Ante pérdidas de reputación tan evidentes como las sufridas por British Petroleum o Shell, otras petroleras comienzan ya a poner sus barbas a remojo. Este mismo mes, la estadounidense ConocoPhillips ha anunciado que "se retira" de un "polémico" proyecto en la Amazonia peruana, una decisión tomada después de conocerse el "riesgo" que supone para la vida de los pueblos indígenas no contactados que viven en la zona.

En general, del fuerte vínculo de la reputación corporativa con la buena gestión social y medioambiental puede extraerse más de una enseñanza y apunta a una tendencia de futuro que ha llegado para quedarse. Y el hecho de que Shell- como hicieron anteriormente otras multinacionales- empiece a asociar sus retribuciones a la sostenibilidad muestra que el tan anhelado vínculo entre sostenibilidad y beneficio económico protagoniza buena parte de los debates actuales sobre la materia y ocupa los primeros lugares en la lista de preocupaciones de la nueva hornada de directivos “más comprometidos”.

Se trata de una simbiosis complicada, rodeada de reticencias y temores por parte de las cúpulas empresariales, pero que de conseguir aplicarse de un modo coherente podría dar solución al problema de la falta de sostenibilidad a largo plazo que ha venido rodeando a muchas corporaciones, poniéndose de manifiesto con dramáticas consecuencias durante la crisis económica. Ciertamente, aquellas empresas que integran fuertemente la RSC en el ADN corporativo ven como los costes asociados a la herramienta acaban diluyéndose en los múltiples beneficios derivados de su aplicación. Para Adrian Zicari, autor del libro “Responsabilidad Social: un enfoque financiero”, a la hora de plantearse la pregunta “¿cuánto gano con la RSC?” se obtendrían diversas respuestas; siendo algunos de sus beneficios la mejora de las ventas, la mejora de los precios y la minoración de los gasto.

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