Siemens intenta estropearle otra vez el mapa nuclear a Sarkozy
edición: 2533 , Jueves, 16 agosto 2018
28/05/2009

Siemens intenta estropearle otra vez el mapa nuclear a Sarkozy

Consuma el divorcio con Areva y ahora trata de ganarle la compra de su T&D a Alstom

Javier Aldecoa
Sale del seno de Areva, dejará atrás su 34% en la paraestatal gala y le da la espalda al eje energético franco-alemán para engendrar otro con epicentro moscovita a medias con Rosatom, saborear un tercio de las nuevas centrales que necesitará el planeta y pelearle el cetro nuclear y el 25% de los reactores mundiales a Areva. Saborea el divorcio ante las iras de Anne Lauvergeon -que  dará la batalla judicial ante la Cámara de Comercio Internacional (CCI)- y vuelve para llevarse hasta ‘los muebles’. El Elíseo ha agotado muchas presiones y la imposición de Spinetta como presidente del Consejo de Supervisión de la nuclear para convencer a Lauvergeon y sacar al escaparate la golosina de su unidad de transmisión y distribución eléctrica (T&D), que representa el 40% de su cifra de negocios. Sarkozy tenía hace ya mucho su candidato, Alstom, bajo la batuta de su amigo, Patrick Kron,. Pero a Siemens la debilidad de su unidad energética este año la invita a fagocitar el T&D de Areva; su precio (entre 3.000 y 5.000 millones) sería para el campeón nuclear galo el pasaporte a los 2.000 millones que debe pagar para deshacerse de de la joint venture con Siemens. Aunque dañe, una vez más, la 'cuadra' energética del presidente galo.

El coloso francés respira despecho en cada denuncia que emprenderá contra Siemens por su infidelidad. Entretanto, recibe las compensaciones del Elíseo con los contratos a cuatro manos con EDF y acelera su propio baile de pretendientes con la música de Nicolas Sarkozy. En un mar nuclear en el que cada vez hay más puertos activos y más buques aliados -GE e Hitachi, Toshiba y Westinghouse- la ‘soltería’ se lo pone difícil a la francesa.

A Areva no le salen las cuentas, ni las sociedades. Salvo que la venta de T&D despeje sus cuentas, su horizonte financiero no le permitiría recomprar el 34% que abandona Siemens antes de 2012. El mercado se encarga de disuadir a los posibles socios de un grupo a la sombra del Estado, Patrick Kron –ahora que reconoce que no puede aspirar a su sueño de fusionar al menos alguna de sus aristas con Areva- se lo piensa. Está dispuesto a volver sobre sus pasos y recomprar cuatro veces más caro el T&D que le vendió a Areva en 2004, durante su travesía del desierto, aunque los reactores de Areva, las turbinas de Alstom y la ingeniería civil de Bouygues han tenido hasta ahora tanto de rivales que de aliados. Lejos queda septiembre, cuando Philippe Carli se las prometía felices y esperaba varios millones de euros de Siemens para subir en su capital. Sólo por eso Anne Lauvergeon se ha avenido a sacar al escaparate su unidad de transporte y distribución, con la condición de exigirle al Elíseo que se destine a los más de 3.000 millones de inversiones pendientes a corto plazo.

La salida de la alemana no sólo puso fin a una aventura iniciada a finales de los años ochenta cuando se asoció con el grupo francés Framatome para desarrollar el reactor EPR. Su fuga deja a la gala compuesta y sin novio, sin socio. Sola, al fin, con el rompecabezas de sus propias cuentas. Con su EPR, el primer reactor de tercera generación, ha logrado varias cabezas de ventaja sobre Westinghouse ou General Electric, pero nada que la falta de inversión, las demoras y la competencia de Siemens no pueda erosionar. Areva está construyendo en Sudáfrica dos reactores de segunda generación en Koeberg, cerca de la Ciudad del Cabo.

Tras el viaje con Sarkozy al Magreb, el líder mundial en el sector, que quiere producir 12.000 toneladas de uranio en los próximos cinco años, se beneficiará, además, de concesiones para buscar uranio en Libia y en el Sáhara y de contratos en materia de electricidad en Argelia, en el marco de la red de interconexión eléctrica entre el Magreb y Europa. Pero a los de Anne Lauvergeon les atrasa el reloj. Ya lo hizo en Finlandia, acumulan un retraso de entre dos años y dos años y medio en su central EPR. El consorcio franco-alemán Framatome ANP (Areva)-Siemens halló problemas de control de calidad del hormigón y de algunas tuberías.También debió plegarse a un proceso de verificación extremadamente minucioso de la Autoridad de Seguridad Nuclear Finlandesa (STUK). Ahora, en Francia, le servirá un año tarde el reactor a Pierre Gadonneix. EDF le da cuerda a sus EPR, pero a golpe de euros: abordará otro procedimiento para el Reactor de Flamanville. GDF-Suez promete aprovechar las grietas y demostrar que las empresas públicas no son las únicas llamadas a la apuesta nuclear europea.

LA ‘INFIDELIDAD’ DE SIEMENS

Hasta el segundo semestre, la alemana y Rosatom se conforman con formalizar su nueva criatura energética, pero una vez se consume la salida del accionariado de Siemens, les espera –con los reactores VVER por ariete- toda la cadena de valor, desde el combustible hasta el desmantelamiento, justo la fortaleza integradora en la que Areva se había hecho fuerte. El ‘matrimonio’ recién anunciado repudia a la gala por partida triple: Rosátom, que tendrá en la futura empresa con Siemens una participación del 50% más una acción, es la única compañía del mundo que abarca todo el ciclo nuclear, incluida la explotación de los reactores, un activo que sumar a la experiencia de Siemens en la gestión de proyectos y de construcción de equipamiento tradicional para centrales.

La alemana teje con Moscú los pasos que la moratoria germana le niega en su territorio y los lazos que deshizo con París y amenaza su hegemonía europea: la estatal moscovita acude al altar de Löscher con la ‘dote’, a la vista, de 52  reactores WER en actividad en tierras de Putin, otros 20 ya encargados y 12 en construcción allende sus fronteras. Poco para saciar las expectativas de Rosátom, que promete extender las redes del nuevo matrimonio nuclear en otras regiones del Este de Europa y Asia, hasta digerir un mercado mundial de 1 billón de euros y 400 nuevos reactores hasta  2030. Sólo el antecedente de Toshiba, que hace un año dejó su alianza con Rosatom en punto muerto, consuela a los de Anne Lauvergeon. Eso y la aspiración a no perderse alguna de las ‘migajas’ que la rusa le guarde. Para empezar, Areva ha sellado con VNIIAES, la filial de Rosatom, un acuerdo para los equipamientos de seguridad de 4 nuevos reactores de nueva generación en Rusia.

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