Siempre por detrás
edición: 2537 , Miércoles, 22 agosto 2018
16/07/2018

Siempre por detrás

A toro pasado que se dice, todo parece evidente, justificado, palmario e irrebatible. Pero lo cierto es que tras trece meses de enmarañado asunto como la adquisición del Banco Popular por el Banco Santander, continúan sin aclararse las causas de la resolución y los motivos que desembocaron en el posterior evento. Hoy, todavía pertenecen al capítulo de las dudas algunos elementos de las cuentas del ejercicio 2016 del banco quebrado. Así que, a toro pasado, trece meses después de la venta del Popular, duda también el supervisor del mercado, la CNMV, si proponer, o no, una auditoría a fondo sobre las cuentas del Popular para terminar con el entuerto.

Es probable que de las investigaciones en marcha, así como de algunas informaciones novedosas procedentes de los trabajos a cargo de equipos especializados en investigación de fraudes, se desprenda que hubo intencionalidad manifiesta en numerosas actuaciones de los directivos al frente de la gestión del Popular, tanto en los años previos al fiasco como en el último ejercicio de 2016, lo que en todo caso dejaría en evidencia la falta de iniciativa o de criterio malsano de la autoridad supervisora y aquí representada por la CNMV.

Es de cajón que un banco que entró en barrena en 2016 para convertirse en poco menos que en fiambre desechado por sus colegas competidores, tuvo que estar afectado por praxis más que dudosas y erradas con carácter previo, esto es, entre los ejercicios 2010 a 2016 (y sin subestimar los diez anteriores) donde seguramente se produjeron algunas decisiones macabras que merecería la pena estudiar (en particular, las relativas a la política de riesgo crediticio inmobiliario) y que a la postre llevaron al banco a la ruina.

En ese viaje, en esa deriva fatal, lo peor es que de la ruina participan hoy miles de pequeños ahorradores, también pequeños inversores y unos pocos grandes accionistas que tienen igual derecho que los primeros. Y ahora, en su protección o descargo quiere la CNMV supervisora y tardía (y perezosa) entrar en asuntos como los descuentos sobre el valor en libros aplicados por el ahora dueño, el Santander, en la venta de la cartera de 30.000 millones de activos inmobiliarios del quebrado, depreciaciones que (de ser así) constituirían una ocultación dolosa de activos por lo que alguien debería pagar en dinero e, incluso, con cárcel. Eso sí, siempre y como todo, a toro pasado.

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