edición: 2852 , Viernes, 22 noviembre 2019
29/07/2011
EL DEDO DE MADOZ

Siguen las suspicacias internacionales sobre la integridad del capital de la banca española

Carlos Schwartz

La intervención de la CAM por el Banco de España ex post, es decir tras la prueba de esfuerzo de la banca a cargo de la Autoridad Bancaria Europea (ABE), ha levantado más de un gesto airado en el entorno de España. Son varios los observadores que consideran que el Banco de España y el Gobierno han arrastrado los pies ante la necesidad de una intervención, de un lado tratando de colocar a la CAM mediante una subasta restringida, al final frustrada, y del otro retrasando la medida para no condicionar la recepción pública de los resultados de las pruebas de esfuerzo. Pero el efecto de la inevitable intervención ha sido remover en profundidad una serie de suspicacias.

Una de ellas se refiere a los diversos elementos que computan en España como capital de primera calidad o Tier 1, calificado en nuestro país de capital principal. El Ministerio de Economía y el Banco de España incorporan a esta forma de capital por ejemplo los créditos fiscales de las entidades y a las provisiones genéricas. Este último capítulo, al igual que los bonos de conversión obligatoria, han quedado fuera de los cómputos de la ABE. Pero mientras que los bonos de conversión obligatoria son realmente instrumentos de capital, puesto que están sujetos a la ley de quiebras en la misma medida que el capital, las provisiones genéricas construidas sobre la base de beneficios retenidos, antes de impuestos, sobre la base de mecanismos de cálculo establecidos en la circular 4/2004 constituyen un colchón sobre el que existen serias dudas entre los analistas europeos de que a esta altura del desarrollo de la crisis se hayan disipado por completo en al menos una veintena de instituciones de crédito. Mientras que los bonos colocados en el mercado han tenido como contrapartida un flujo de recursos reales que no pueden ser solicitados por los que lo han adquirido, y que en caso de quebranto se irán como lo haría el capital, existe la impresión de que de los 25.769 millones de provisiones genéricas que había en la banca española en 2008, buena parte se ha esfumado.

El papel de dichas provisiones, a diferencia de las específicas, era la de prevenir los quebrantos de una cartera de créditos antes de que sus debilidades afloraran y que a medida que lo hacían en los periodos de contracción se irían consumiendo para evitar arrasar con los beneficios del sector. Uno de los elementos poco conocidos de las tales provisiones genéricas es que en consonancia con la moda impuesta por Basilea II en un número importante de entidades de crédito española dichas provisiones se han calculado sobre la base de ratings internos (metodología IRB) es decir que las entidades han estimado la posibilidad de quebranto sobre su cartera de créditos sobre la base de la estadística de los últimos 20 años.

De más está decir que de cara a la presente crisis los antecedentes estadísticos carecían de utilidad real. Uno de los graves problemas del retraso de las intervenciones es que cuando se hacen de forma tardía tienen la peculiaridad de despertar a los espectros dormidos. Ahora es cuando los rumores pretenden tomar cuerpo. Así las cosas, el abandono de las acciones de Banca Cívica a su suerte ha redundado en una caída del precio de los títulos que afecta de forma particular a los clientes de la entidad que han invertido sus recursos en acciones. Era precisamente este riesgo el que quería evitar la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV) cuando estableció como una norma que al menos un 40% de la colocación de acciones estuviera destinada a inversores institucionales. Parte del fiasco, no solo de Banca Cívica, sino también de Bankia, ha sido la virtual inexistencia de inversión institucional extranjera.

Los desvelos de la presidencia del Gobierno y del Ministerio de Economía para evitar esa ausencia han sido en vano. Uno de los grandes problemas que ahora queda por delante es el sostenimiento del valor de los títulos de Bankia una vez que JP Morgan, que dentro de su contrato tiene adjudicado el papel de regulador del precio medio de las acciones de Bankia complete su periodo de moderador o cuidador del valor. Las peculiaridades de este proceso denuncian al resto del sector sin necesidad de mencionarlo. La apuesta de los analistas extranjeros es que hay alrededor de 20 entidades españolas cuya capitalización no es suficiente para hacer frente a los quebrantos que hay dentro de sus balances.

Las informaciones fragmentarias sobre lo que contienen los balances de la CAM no son desde luego alentadoras en ese sentido. En el patio trasero del mundo de las finanzas el modelo que se ha diseñado para atajar la potencial crisis de alguna entidad sistémica es su fusión. Pero esto ha desatado ya las resistencias preventivas de aquellos que no quieren ver sus cuentas arrasadas por las dificultades de la entidad a absorber. Lo de la CAM es aleccionador. Una vez que el Banco de España se ha decidido a triturar la basura en su interior ya han saltado algunos a la palestra para dar cuenta de su interés por adquirir una CAM saneada. Pero ninguno estuvo dispuesto a tragarse el balance tal cual estaba. A la vista de este panorama, sobre el cierre del ciclo y con agosto en la puerta, las posibilidades de adivinar un otoño mejor que este verano no parecen del todo halagüeñas. El término “mercados” se ha impuesto en la jerga política lo cual es muy mala señal.

Lo que se ha dado en denominar mediante el eufemismo de 'los mercados' es en definitiva la tendencia de un conjunto de inversores con recursos ingentes, ya sea para invertir en el largo plazo como para especular cuando las aguas revueltas prometen ganancias. El problema es que la adopción del término permite demonizar lo que no es más que un conjunto de fondos de inversión, bancos de negocios, compañías de seguros y bancos comerciales. Este conjunto de inversores actúa sobre algunas reglas elementales. La primera es su percepción de la realidad.

La fuerte variabilidad en tanto el análisis de esa realidad, las múltiples lecturas que se vienen haciendo de la misma, poco pueden contribuir a que esa apreciación de la realidad se deje gobernar por los datos oficiales cuando además estos están sujetos a la versión que de ellos hacen diferentes portavoces. Así, mientras el tratamiento que se da al concepto de capital en España es opinable, y el problema de las provisiones genéricas despierta suspicacias, esto ocurre en un contexto en el cual las versiones sobre lo que realmente acordó el Consejo Europeo ha sido puesto entredicho por las declaraciones cruzadas de los líderes europeos.

Por ello, los ministros de Economía de Alemania, Wolfgang Schauble, y de Francia, François Baroin, publican un texto conjunto en el Financial Times hoy en un intento por disipar la deletérea falta de unidad. De momento resta algo capital: una explicación razonable de cómo va a operar el segundo plan de ayuda a Grecia. Tanto por parte de la ayuda de los gobiernos de la UE y del Fondo Europeo de Estabilidad Financiera como de la interacción de estos con la acción del Fondo Monetario Internacional y la banca privada. Haber formulado los principios generales de la acción sin detallarlos hace pensar que los detalles no están resueltos y aun queda un tramo de negociación. Parece que esta es la política de elección hoy en día, hacer anuncios pero esperar al momento de la asfixia para acercar el balón de oxígeno.

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