edición: 2511 , Martes, 17 julio 2018
01/12/2017
Cambio de estrategia

Reino Unido prefiere pagar más a Europa y confirma un Brexit muy blando

Sin los apoyos políticos de Francia y Alemania, sin credibilidad diplomática y mayor presión de Bruselas, Londres busca ahora una relación ”privilegiada”
Juan José González
"Le salió el tiro por la culata". La célebre expresión lleva camino de adaptarse a la perfección a la salida de Reino Unido de la Unión Europea. Todo indica que la nueva posición del autoexcluido socio, a la baja, con menor poder de negociación, ya sin socios en el continente, lo sitúan en un plano de inferioridad política y diplomática. Incluso, también económica en tanto que ahora parece haber aceptado que la deuda con la UE no son los 10.000 millones de euros iniciales como proponía, sino los casi 100.000 millones brutos que, con el nuevo sistema de contabilización de Bruselas pueden situar el pago, el cheque británico, en unos 50.000 millones de euros. En este escenario, la premier británica Theresa May, podría haber certificado su segundo fracaso en poco menos de un año, tras la pérdida de respaldo político en su Parlamento y ahora, cediendo frente a la UE con el reconocimiento de una deuda con la quiere garantizar un acceso `privilegiado´ al mercado continental, el mismo que hace menos de diez días se le antojaba tan difícil como costoso.
A falta de conocer la cifra definitiva que el Gobierno británico se compromete a pagar a la UE, surge la hipótesis que apunta hacia la posibilidad de una nueva estrategia política y diplomática, basada en la no confrontación política, aceptación razonable de la deuda en una cantidad próxima a la estimada por Bruselas y conseguir ese mejor acceso y relación privilegiada con la UE. Es decir, el equivalente a un Brexit blando.

Londres no tiene a día de hoy socios en el continente europeo. Se ha quedado sin aliados en su estrategia exterior. Primero las elecciones francesas no dieron el resultado esperado, apetecido, por May. Y después las alemanas han cerrado la última y mejor posibilidad de contar con un aliado, puesto que Merkel ha perdido peso político en las urnas, algo que se plasmará definitivamente cuando logre formar gobierno.

En esta nueva situación, un Reino Unido debilitado en el frente político, cuenta tan sólo con el arma de su diplomacia, de su negociación con una muy firma Comisión Europea donde un aún más firma Jean Claude Juncker, su presidente, no parece dispuesto en ningún momento a rebajar las condiciones del desenganche británico, esto es, el reconocimiento de la deuda calculada por Bruselas y con arreglo al nuevo sistema de contabilización aplicado por la UE. 

La prepotencia británica en esta fase de la ruptura, junto a un expediente histórico diplomático nefasto y controvertido, más próximo a la extorsión que a las buenas prácticas, han conseguido que la Unión haya levantado un muro, una barrera difícil de salvar para las pretensiones británicas. Si los ingleses deseaban un Brexit duro, este será duro. La posición firme de Bruselas, en base a la demora en el inicio de la negociación de salida por parte de Reino Unido, y después en la aceptación de una cuenta nunca superior a los 20.000 millones de euros a pagar a Bruselas, determinaron una reacción de esta cercana a la ruptura diplomática y política. 

Con todo, parecería que la posición de Reino Unido es la de una potencia derrotada en una batalla. Pero algo indica que, en realidad puede no ser lo que parece. El reconocimiento de la deuda, según los criterios contables marcados por Bruselas, con ser insólito, bien puede responder a una nueva estrategia para evitar la confrontación política, una vez que la diplomática ha fracasado. En otras palabras; los británicos, reconocida su posición de debilidad, no quieren `perder las amistades´. Su razonamiento respecto a Bruselas subraya que la salida de Reino Unido se limita, sólo, a las instituciones, a sus obligaciones y responsabilidades en la UE, pero continúa perteneciendo -en genérico y abstracto- a Europa. 

Mientras esto último parece innegable, lo primero sí es voluntad del Gobierno y del pueblo británico. Una relación de conveniencia que en la práctica viene a ser algo así como que Reino Unido pertenece y se obliga con Europa en lo que convenga y se distancia en lo que no convenga. Deuda negociada, reconocida y aceptada. Ahora está por ver cómo vuelve el cheque al continente. Habrá que confiar en que la puntualidad británica no sea sólo imagen y la nueva estrategia no tenga nada que ver con la acostumbrada línea de extorsión que ha caracterizado siempre su diplomacia.

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