edición: 2724 , Viernes, 24 mayo 2019
15/04/2019

¿Sobran bancos?

El entusiasmo del banquero central europeo por las fusiones bancarias parece estar encontrando no sólo la contestación de la resistencia pasiva de quienes escuchan y no hacen caso a sus misivas, sino también de los resistentes activos. Estos ya han iniciado su salida del armario, no por la ocultación de su posición negativa a emprender operaciones de concentración bancaria, sino por la sencilla razón de haberse hartado de la insistencia de la proposición y de su pobre razonamiento.

Draghi y los suyos (De Guindos entre ellos) están convencidos de que la Unión bancaria es un asunto que se puede despachar en unas semanas, en dos patadas y unas fotos. No caen en la cuenta los fanáticos en cuestión que en el tal proyecto de europeo de unión bancaria hay mucha tela por cortar. E incluso que alguna de ellas no debería recibir tantos cortes. Decir que el negocio bancario va mal y que por tanto es obligado cortar bancos, oficinas y plantilla, es como amputar el brazo cuando lo que va mal es un dedo. 

¿Y sí los cálculos están mal hechos, y la cirugía exigida es excesiva? Aunque los recortes parezcan convenientes quizá no sea lo más recomendable, pues en un entorno de tipos de interés bajos, negativos en algún caso, es probable que la estimación del supervisor bancario de ver exceso en todo, no sea la más exacta. O puede que sí. Pero quizá el número de trabajadores ocupados actualmente no sea excesivo sino hasta se diría que conveniente. Dos bancos no se fusionan sólo para prescindir del 25% de la plantilla: si el beneficio llamado sinergia fuera ese, quizá no sería necesaria la existencia de la mitad de la normativa bancaria: para qué reforzar capital si con recortar plantilla se resuelven los problemas.

Llama la atención la celeridad de las decisiones y de las llamadas al sector para que espabile y apriete en labores de consolidación. Y no parece bastante ni suficiente la razón del supervisor en solicitar fusiones en base sólo a la abundancia de entidades o exceso de capacidad financiera instalada. Asegura el supervisor bancario tener toda la razón del mundo en tanto que su política monetaria dibuja un presente difícil y futuro imposible. Se supone que cuando cambie la política monetaria y los tipos suban, el escenario será otro y habrá oportunidad de ganancias para todos ¿Y si suben los tipos, cuántos bancos sobrarán? Igual no sobra ninguno.

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