edición: 2864 , Jueves, 12 diciembre 2019
09/12/2008

Solbes y Sebastián, otro desencuentro por las ayudas al automóvil

Juan José González

Parece que están condenados a llevarse mal, a no entenderse. El último capítulo sucedió la semana pasada a propósito de las ayudas del Gobierno al sector del automóvil, asunto en el que intervienen directamente dos carteras ministeriales -Industria y Economía-, una tercera de rebote y con escaso juego -Trabajo-, aunque, finalmente, sea La Moncloa quien dicte sentencia.

Todo comenzó en una reunión de Subsecretarios cuando uno de estos propuso articular un plan de ayuda al sector del automóvil español “a la americana”. Propuesta que se vió contestada de inmediato por otros dos asistentes a la reunión, de igual rango, aduciendo que ni esto es Norteamérica ni la General Motors es española, así que el “cómo articular las ayudas al sector del automóvil” se resolvió en tablas, quedando únicamente condicionado a que no se produzcan más regulaciones de empleo en el sector. Uno de los conocedores de la escena expresó que la diferencia entre ambos ministerios sobre las ayudas al sector es “la misma que hay entre una rueda redonda y otra cuadrada, con la particularidad de que en este momento, tal y como se están planteando las ideas, tiene más posibilidades de rodar antes la cuadrada que la redonda”, esta última posibilidad sería la que propugna Economía.

Pero la discusión no se murió ahí y el fin de semana pasado, aprovechando el puente de la Constitución, los dos departamentos han vuelto a la carga. Parece ser que para Industria cualquier ayuda al sector debe estar orientada a asegurar un futuro realista para la industria del motor, basada en la viabilidad de las compañías de este sector a largo plazo. Dicen que es la única forma de dar sentido a las ayudas públicas. Para poner en práctica esta teoría, Industria quiere exigir planes y visiones del mercado futuro que impliquen compromiso y responsabilidad por parte de quien va a recibir las ayudas, esto es, de los constructores.

Por el contrario, Economía, con el plácet del Gobierno, ha “vendido” la ayuda de los 800 millones de euros al sector, como un asunto político, mano a mano con las fuerzas sindicales y escenificando la idea del ministerio de Economía, en una reunión en La Moncloa del presidente del Gobierno con los sindicatos. Todo un mensaje del Ejecutivo para las compañías del sector en España, todas ellas, filiales de multinacionales.

Industria sabe que los problemas de este sector pasan por la financiación, aunque para paliarlo el departamento de Miguel Sebastián haya mostrado su especial talento poniendo en marcha rápidamente el desenfocado -y frustrado- plan Vive. El Ejecutivo ve únicamente en la crisis del sector una mera caída de las ventas, motivada por circunstancias económicas coyunturales y sobre todo de financiación. Y, al contrario que Moncloa y Economía, Industria identifica varios problemas de mayor calado, avanzados al ministro Sebastián en una reunión (trabajo costó, pero se reunieron) por los representantes de los constructores hace unas semanas. Los constructores temen que  esta (nueva) batalla entre las dos carteras económicas, se sustancie con esos 800 millones de euros aprobados, alguna moratoria en deudas con el Estado, y poco más.

Iveco, General Motors, Renault, Ford, SEAT, Nissan, ya han anunciado ajustes de plantillas y en Peugeot-Citroen en breve pueden seguir el mismo camino. La industria española del automóvil (18 plantas de fabricación en España) terminará el año con unas ventas de 920.000 unidades, frente al millón y medio del año pasado, da empleo directo a unos 275.000 trabajadores, factura 95.000 millones de euros (el 9,4% del PIB) y la industria auxiliar, formada por 3.500 empresas, pymes la mayoría, emplea a 160.000 personas y factura 80.000 millones de euros al año. Y para todo esto el Gobierno asigna una ayuda de 800 millones de euros. Un parche consideran los fabricantes, algo así como pan para hoy y hambre para mañana porque las ayudas del Ejecutivo no van a detener la caída de las ventas.

Las financieras del automóvil le habrían pedido al ministro de Industria la puesta en marcha de algunas medidas inmediatas para ayudar al sector. La primera, y ya conocida, de que las financieras de marca pudieran tener acceso al fondo de adquisición de activos financieros para traspasarlos a sus clientes. Pero la segunda petición, y parece que la que con mayor virulencia ha enfrentado a los departamentos de Industria y Economía, es la de revisar el impuesto de sociedades, fijado en España en un 30% mientras que la media de la Unión Europea está situado en el 25,89%. Economía no está dispuesto a escuchar ninguna propuesta que conlleve reducir ingresos a corto plazo, mientras en Industria se señala que a corto plazo la medida puede animar la demanda y a medio plazo se pueden recuperar los menores ingresos de hoy. Pero como de costumbre, Industria ejercerá el derecho al pataleo porque Economía hará valer, de nuevo, sus galones de vicepresidencia del Gobierno.

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