edición: 2808 , Viernes, 20 septiembre 2019
05/06/2019
Los planes del Gobierno, lejos de la realidad 

Sólo las energéticas muestran interés por impulsar el coche eléctrico

El desarrollo del vehículo eléctrico no parece contar con el esfuerzo de los fabricantes europeos por su falta de rentabilidad en el corto y medio plazo
Juan José González
Las grandes empresas del sector automovilístico, principalmente las europeas, hacen planes, planifican a diez y veinte años modelos y motores. Ahora están inmersas en la búsqueda del punto de equilibrio que les reportará el beneficio de los modelos eléctricos. Y el punto en cuestión parece estar situado lejos, más allá de 2028, luego no cabe esperar mucho entusiasmo por parte de los constructores europeos por el nuevo vehículo propulsado por electricidad. Incluso podría sospecharse que puede interesarles que la irrupción del nuevo vehículo eléctrico se ralentice y no provoque una explosión en el corto plazo que termine con los planes de amortización de los fabricantes para sus vehículos de combustión interna, esto es, gasolina y gasóleo) actualmente en cadena de producción. Otro asunto es el interés de las energéticas por el coche eléctrico, empresas que ahora comienzan a volcarse en el coche eléctrico desde el área de la recarga. En este grupo de compañías que tiran del carro eléctrico se encuentran Repsol Repsol Mobility), Naturgy (Servielectric Car) e Iberdrola (Smart Mobility). Son las compañías energéticas que están desplegando la infraestructura de recarga, uno de los asuntos pendientes por parte de las autoridades españolas que no han podido obtener de Bruselas ningún reconocimiento de avance habida cuenta de que España se encuentra a la cola de Europa en vehículos eléctricos. No compensa el coche eléctrico a los fabricantes y tampoco al consumidor, hoy sin infraestructuras de recarga ni ayudas.
El coche eléctrico no parece compensar ni a constructores ni a consumidores. Era el coche del futuro una idea que barajaba el Gobierno dentro de los ambiciosos objetivos de transición energética de la ministra Teresa Rivera. Objetivos o planes de transición que al final se tuvieron que conformar con dos declaraciones destinadas a meter miedo, seguidas de varias subidas en el precio de los combustibles con mayor saña en el caso del gasóleo (para equiparar precio con el de la gasolina). Así que, si el coche eléctrico quería comenzar a rodar por las carreteras (más bien ciudades) españolas, tuvieron que ser las energéticas las que pulsaran el botón de encendido, de arranque del motor en el viejo lenguaje de la combustión interna.

De ahí que, delimitadas las posiciones de interés de unos y otros, estén ahora mismo en cuestión los planes gubernamentales de transición ecológica y sostenibilidad que vienen salpicando todos los programas y planes del Gobierno, ahora en funciones. Será necesario esperar unos días para comprobar si se mantiene viva la llama del amor del nuevo Ejecutivo por la que parece ser que se mantendrá la política pública de transición energética, política que en sí misma no es una política energética, como ya conoce el sector, sino una declaración un tanto ambiciosa de objetivos de transición energética.

La primera (en la frente) equivocación en la puesta en marcha del coche eléctrico, corrió a cargo del Gobierno. Para empezar, la puesta en marcha de cualquier política pública debe contar con unos objetivos bien definidos y muy claros. Y para continuar, o para que los objetivos lleguen a buen puerto, estos deben ir precedidos de los medios o instrumentos que harán posible que aquellos, al menos, se puedan cumplir. Esta primera carencia, fundamental en cualquier política con independencia de su naturaleza, es un signo de identidad de los políticos contemporáneos, que en España cuenta con una vasta representación.

El aspecto político en el escenario del coche eléctrico se antoja básico por una primera razón: es el objetivo (el eléctrico) elegido en tanto que llamativo y espectacular, pues suprimir el costoso coche de combustión interna por uno más económico y eficaz de consumo eléctrico, en principio, se presentaba como una idea atractiva. El Gobierno, sin embargo, no incluyó en sus cálculos que los coches eléctricos, en tanto obligados a funcionar con electricidad, deben contar con el suministro de esta fuente de energía suficiente, lo cual, en el momento de la `venta política´ del plan no sucedía. La demanda, aunque pequeña, no podía ser atendida o cubierta por la oferta.

Datos recientes del sector estiman que de los 25 millones de vehículos que forman el parque automovilístico actual, la potencia instalada a mayo de 2019 sólo podría satisfacer a 6,3 millones de coches, lo que evidencia la falta de previsión gubernamental, asunto que sólo puede ser solventado en la medida en la que difícilmente a lo largo del presente año se vayan a alcanzar los 6,3 millones de coches eléctricos circulando por la red viaria, o ciudadana, española. Otro asunto será cuando en 2050 desaparezcan de la circulación los vehículos que emitan gases contaminantes. Seguramente para entonces a los fabricantes les saldrán las cuentas que, hoy por hoy, con el 0,09% de coches eléctricos (de los 25 millones de coches del parque nacional) sólo le interesa a las empresas energéticas.

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