edición: 2346 , Viernes, 17 noviembre 2017
06/03/2009
Gas argelino

Sonatrach asoma la bandera blanca

Ana Zarzuela

Calienta el Foro Euromediterráneo de la Energía de la próxima semana en Barcelona, no ha querido ser menos que los rusos y el ministro Chakib Khelil hace ruido a las puertas de Gas Natural y Repsol, a la mesa de Miguel Sebastián y en el despacho de Bernardino León. Ruido, pero con la bandera blanca en ristre y la mano tendida a las inversiones, por primera vez, más urgida de euros españoles. Gassi Touil les echa de menos. Lo reconocen los analistas locales. Tras el taconeo de Gazprom sobre Europa, Sonatrach ha tratado de agitar las fanfarrias del miedo sobre su 43% del gas español, sabe que está cerca el arbitraje y se apura para cerrar un acuerdo de precios, mejor por las buenas antes de que el Medgaz comience a rodar a finales de año y el contexto del gas mundial siga bajando. Khelil  ha venido a rendir sables, a buscar más y a protestarle al ministro Sebastián por si cae algo. Reclama menos impuestos de importación a la UE y a Madrid, más gas a España y quiere clavar más alta la estaca de sus participaciones ibéricas. Los límites del gasoducto a Italia, la pinza de Eni y la presión de South Stream le pondrán el tentetieso a la voluntad de incrementar su flujo de gas a Europa, hoy un 20% del total.

Argel respira diplomacia por sus heridas: la postguerra del gas ruso, la fortaleza de otras alternativas, la proximidad a Moscú recién bautizada por Gas Natural y Repsol, la avanzadilla de los de Brufau en tierras argelinas, las urgencias de inversiones de Sonatrach y sus deficiencias en reservas viables a largo plazo le empujan a repartir ahora al menos algunas píldoras de tregua con las españolas.

Argel dejará que el tribunal internacional resuelva este verano el principio de la flexibilidad de precios, pero trata con la más suave de sus diplomacias de servir mucho antes a una mesa común un acuerdo sobre el precio y las compensaciones por volúmenes comercializados a España. Argelia hace saber que, tras el antecedente de 2007 y su mayor cercanía a Total, no pierde de vista el escaparate de Cepsa -o eso dice- ni los talones de las desinversiones de Fenosa. Si la mano moscovita coge sitio por méritos propios en España, el horizonte se le desdibuja al paraguas argelino. Y con él, su relación con las filas de Antoni Brufau y Salvador Gabarró.

Pone una vez más cara de aliado fiable del Mediterráneo, aunque no acunará en quietud sus alfiles energéticos. Sonatrach carga en las espaldas diplomáticas el preludio de una tregua de intereses, justo ahora que se acerca el veredicto del tribunal de arbitraje de Ginebra sobre la rescisión por parte de Sonatrach a Repsol y Gas Natural del contrato de Gassi Touil -prevista para este trimestre- y los recursos por precios de los contratos de suministro de gas a España en verano. Serán el preludio del estreno del Medgaz, a finales de año. El ministro y su brazo en Sonatrach amagan con arañar 550 millones de euros al arbitraje, antes que encarar en Ginebra los 1.640 millones que Gas Natural y Repsol le reclaman por el zarpazo a las inversiones. El contencioso por Gassi Touil se resolverá en  la Corte de Arbitraje, aunque Argel sopesa volver a poner sobre la mesa rondas de adjudicaciones de gas como la que se le enseñó de lejos a Repsol en 2008.

Argelia ensayó el ‘abrazo del oso’ con la llave en mano del 43,3% del gas español. España mira de lejos la guerra del gas ruso, pero la estatal Sonatrach no deja de ser su primera suministradora. No es el socio más fácil. Nunca lo ha sido. Sonatrach jura que no tiene intención de controlar el mercado español, pero no se ha resistido a jugar a ser la ‘Gazprom del Mediterráneo’. Lo suyo no son los cortes de suministro, pero la ‘Gazprom del Mediterráneo’ se ha acostumbrado a apretar donde más le duele al mercado español: en la pinza de precios. Lo hizo ya desde 2007, con el incremento unilateral de un 20% del gas a GN como ‘regalo’ por el apoyo español al plan marroquí de autonomía para el Sahara. Y ha comenzado a dosificarla con la restricción de suministro a las españolas desde este otoño, a favor de otros pagadores mejores: los asiáticos. Le ha marcado las líneas rojas a Cepsa e Iberdrola en el Medgaz, ahora que ha concluido el tendido del gasoducto entre Argelia y España. Ha hecho valer sus recelos y sus amenazas. La de los precios, con la escasez de producción. La de la competencia, con nuevos contratos. La de los recelos, con las alianzas rusa y nigeriana. La de la zapa con EDP. Todas ellas se le oxidan ahora que, tras la visita de Dimitri Medvedev, Moscú promete acercarle el gas ruso a España a través de Gas Natural y que la alianza entre Berlusconi y Putin y el compromiso de Eni con el gasoducto South Stream le echan tierra a las expectativas alpinas de Sonatrach.

Gassi Touil le atrasa y la planta de gas natural licuado en el puerto de Skikda fue dañada por un incendio. Los débiles resultados de la última ronda de licencias en diciembre - la primera que tuvo lugar bajo una ley del 2006 que da al gigante estatal argelino Sonatrach el derecho a tener un mínimo del 51 por ciento- la firma de los contratos de los cuatro ganadores -Eni, Ruhrgas, Gazprom y BG Group Plc. C- y los  irregulares resultados a la hora de atraer firmas extranjeras para nuevas inversiones en exploración y producción siembran de minas sus opciones de lograr importantes aumentos de producción en el largo plazo. Es el propio Khelil el que reconoce que el volumen de descubrimientos está por debajo de la media mundial y que se necesitaban nuevas propuestas para revitalizar la exploración de petróleo y gas y descubrir  pozos intermedios entre los gigantes en Hassi Messaoud y Hassi Rmel y los otros pequeños de la última década. Medgaz ofrecerá a Europa una importante ruta de suministro, pero por el momento, sin embargo, España sólo tiene la infraestructura necesaria para suministrar a Francia una mínima proporción de sus 8.000 millones de metros cúbicos.

Mucho le ha cambiado el cielo del gas al presidente Bouteflika desde que hace tan sólo seis meses, el ministro Chakib Khelil le sacaba punta  a su cetro de presidente de turno de la OPEP, amenazaba con poner fin a la era del gas barato para España y juraba que no se conformaría con nada que no fuera subir hasta un 20% el precio del suministro, al menos el del gasoducto de gas Natural que entra por Andalucía. El mayor exportador de gas natural de todo el continente africano no ocultaba sus intenciones de aumentar un 25% sus exportaciones hacia el Viejo Continente. Al menos lo hacía antes de la ‘guerra del gas’. El ministro Chakib Jelil es el primero en confesar que desde 2007 no hace otra cosa que sacarle brillo a sus galones de actor principal en el mercado europeo. Hace diez meses el memorándum de entendimiento con Bruselas le permitió eliminar los límites geográficos a la exportación y garantizarse que no se incluiría una cláusula territorial en futuros contratos; después la reedición de la ‘cláusula Gazprom’ le dio cuerda a sus ambiciones europeas. Los argelinos firmaron el acuerdo con Gaz de France, por el cual se obligaron a suministrar el gas licuado a la compañía francesa hasta 2019 y siguen construyendo dos nuevos gasoductos a través del Mediterráneo que permitirán a Argelia aumentar en un 50% los suministros de gas a Europa. Sus aspiraciones -Khelil lo reconoce- llevan ya el apellido del gasoducto italiano y el proyecto de Medgaz hacia la península ibérica. Pero sus zozobras tienen también ya apellidos: los de las limitaciones propias y los de los nuevos horizontes del gas español.

El aprovisionamiento de gas a España creció un 13% en 2008, pero respecto a la situación del año 2007, la proporción de gas abastecido a España aumentó desde Trinidad y Tobago y Noruega, disminuyendo desde Qatar, Egipto, Argelia y Nigeria. Además, hasta ahora, Argel ha jugado más de una partida al ajedrez del gas y el petróleo con las piezas prestadas de Gazprom o Lukoil. Con un pie en Argel, -donde acaba de inaugurar su primera oficina africana- la gasista rusa y sus aliados han buscado diversificar su desembarco en España y Portugal. Pero la negociación con la argelina para construir a cuatro manos el gasoducto transahariano que conectará Nigeria con el Mediterráneo ha quedado en papel mojado. En la nevera, un convenio llamado a repotenciar el acuerdo que Sonatrach firmó en 2002 con la nigeriana NNPC, para construir la mayor parte de los 4.200 kilómetros, que transcurren por el país centroafricano. Por eso Sonatrach engrasa a solas el juego de pinzas para las españolas. Eso será si Lukoil y los planes de Dimitri Medvedev no alteran la ecuación.

Argel ha chocado sables y marcado distancias con Repsol, le ha intentado amargar Camisea donde promete ser el compañero más incómodo para el viaje de las reservas peruanas. Y marcar en sus espaldas los acuerdos con E. ON y GDF-Suez. Pero Repsol ha puesto a cubierto sus huellas en tierras del presidente  Bouteflika: sus derechos mineros sobre 16 bloques, 5 de exploración, con una superficie de más de 17.200 km2, y otros 11 bloques de desarrollo con un total de 3.108 km2. Los nuevos pozos de la Cuenca de Reggane- donde los descubrimientos efectuados suman unas reservas netas de 145 millones de barriles- no sólo la consolidan como uno de los grandes proyectos de crecimiento del Plan Estratégico de Repsol. Su sociedad con Sonatrach en el consorcio descubridor y con Gas Natural y los otros dos hallazgos -en la Cuenca de Ahnet y en la Cuenca de Berkine- blindan sus muros ante Mohamed Meziane, ligan su suerte a los 63.000 millones de dólares en proyectos energéticos que promete invertir Argel.

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