edición: 2682 , Viernes, 22 marzo 2019
07/09/2009

Sonatrach le tiende de nuevo la bandera blanca de los hidrocarburos a España

Argelia busca acuerdos de paz o al menos alternativas de compensación con Repsol y Gas Natural
Quiere cerrar un pacto de precios del gas con Sebastián como caballero blanco
Javier Aldecoa

Hace de nuevo ruido a las puertas de Salvador Gabarró y Antoni Brufau y a la mesa de Miguel Sebastián. El ministro Chakib Khelil  mueve los sables de la estatal Sonatrach tanto como las campanillas de la sintonía política. Hace saber que extiende de nuevo la invitación a los acuerdos bajo la mesa de la diplomacia. Aún hay tiempo, pero Argel quiere entonar el ‘ahora o nunca’ con todos los contenciosos pendientes, se apura para cerrar un acuerdo de precios del gas para España, mejor por las buenas antes de que el Medgaz comience a rodar y el contexto del gas mundial siga bajando.

Y busca compensaciones que no afecten a la liquidez de Sonatrach antes de que el arbitraje de Gassi Touil con Gas Natural y Repsol se defina el próximo mes. A Gabarró, le enseña la última hora de Medgaz, le hace saber que el gasoducto llegará a tiempo, este trimestre. Y, con él, la última llamada al 10% que le ofrece desde hace meses a la española. A Brufau, nuevas alfombras rojas a la operación en Reggane y la posibilidad de rondas de adjudicaciones de gas como la que se le enseñó de lejos en 2008. Pero Argelia baraja a dos manos la energía con España. Necesita inversiones a domicilio y alianzas para los 63.000 millones de dólares de proyectos pendientes hasta 2014. Pero el otro puño argelino, el de los sables, promete no ponérselo fácil a la ecuación energética ibérica. Vincula la suerte del gas, la paz de precios (que trata de elevar un 20% desde 2007) y la tranquilidad de Medgaz con un acuerdo marco de flexibilización de tarifas para España, promesas de inversiones en renovables argelinas y el visto bueno para una interconexión eléctrica entre Argelia y la península ligada al trayecto del gasoducto. Madrid quiere un nuevo nodo eléctrico con Argelia y sueña con alimentarlo con hasta 2.000 megavatios. Argel busca ser el segundo suministrador extranjero de España, después de Francia. Pero se lo pondrá caro, en precios o en acuerdos.

Si Bernardino León fue el ‘caballero blanco’ de las negociaciones durante el viaje a Madrid de Chalib Khelil el trimestre pasado, ahora Argel espera atajos con Industria para que sirva a la mesa los acuerdos pendientes, antes de nada el de los precios del gas natural. Le buscan las intenciones a Miguel Sebastián, sea con el recurso de las renovables o el de los hidrocarburos, quieren que el pacto energético entre empresas rebautice las Reuniones bilaterales de Alto Nivel estancadas. La diplomacia energética de Bouteflika quiere que sea el ‘Clos’ de un nuevo pacto -casi un lustro después de que el ministro estuviera dispuesto a aceptar las pretensiones de Argel- antes de que llegue la última palabra del arbitraje internacional. Dejará que el tribunal  resuelva el principio de la flexibilidad de precios, pero trata con la más suave de sus diplomacias de servir mucho antes a una mesa común un acuerdo sobre el precio y las compensaciones por volúmenes comercializados a España. Por eso Khelil le rinde sables al ministro. Hace valer de nuevo la invitación a su viaje a Argel -pendiente desde hace meses- y le reclama, por si cae algo, ahora que Madrid calienta los motores de la UE y la Unión por el Mediterráneo. Pide menos impuestos de importación a la UE y a Madrid, más gas a España y quiere clavar más alta la estaca de sus participaciones ibéricas. Los límites del gasoducto a Italia, la pinza de Eni y la presión de South Stream le pondrán el tentetieso a la voluntad de incrementar su flujo de gas a Europa, hoy un 20% del total.

Argelia tratará de hacer virtud de la necesidad con las sentencias pendientes. Incluso si el tribunal de Ginebra que está a punto de emitir su laudo sobre el arbitraje de Gassi Touil entre Repsol y Sonatrach -con reclamaciones cruzadas de 800 millones de dólares de la argelina a la española por incumplir contratos y de 2.400 millones de ésta a aquella por inversiones perdidas y lucro cesante- optara por el ‘empate’ que descuentan los analistas argelinos, obligaría, como poco a Sonatrach a permitir que Repsol recuperara sus inversiones en el proyecto, tasadas en más de 400 millones de euros. Y Sonatrach tratará de buscar terceras vías para no rascarse el bolsillo. Con GN, pone de nuevo en bandeja la participación en el Medgaz, pero los de Gas Natural, con la vía libre al mercado galo y belga ya a mano y su pie en el gasoducto Europa-Magreb, miran a Medgaz y a sus 8.000 millones de metros cúbicos de gas al año y amasan la calma, descuentan -Villaseca dixit- al menos un cierto retraso en su puesta en servicio, nunca antes de mediados de 2010. Y no entrarán, no hay prisas, no desde luego a cualquier precio.

Con Repsol, el ministro Khelil ya ha hecho correr en los medios locales, la posible alfombra roja a YPF a nuevos acuerdos de explotación en las latitudes de Reggane, donde la española acumula seis grandes descubrimientos desde 2005 -dos de ellos en el último trimestre- y una participación del 33,75% en el consorcio operador. Argel sopesa volver a poner sobre la mesa rondas de adjudicaciones de gas como la que se le enseñó de lejos a Repsol en 2008. Gassi Touil le atrasa. El rechazo internacional de las grandes compañías de hidrocarburos a la ronda de licitaciones del gas y el petróleo de 2008 -que se saldó sólo con cuatro concesiones- y sus promesas de invertir 36.000 millones de dólares en proyectos de gas y crudo hasta 2014 le ha recordado a Argel la urgencia de socios y de inversiones. A pesar del interés de Total y Gazprom, las zozobras nigerianas al gasoducto transahariano la echan en brazos de Italia y España. En Argentina sella con Enarsa pero el GNL le vendría muy bien la sintonía con Repsol. Ha decidido hacer a solas el proyecto de refinería de Tiaret Y necesita aliados –y euros- para el gasoducto Pedro Duran Farell, en la frontera con Marruecos. Es el propio Khelil el que reconoce que el volumen de descubrimientos está por debajo de la media mundial y que se necesitaban nuevas propuestas para revitalizar la exploración de petróleo y gas y descubrir  pozos intermedios entre los gigantes en Hassi Messaoud y Hassi Rmel y los otros pequeños de la última década. Medgaz ofrecerá a Europa una importante ruta de suministro, pero por el momento, sin embargo, España sólo tiene la infraestructura necesaria para suministrar a Francia una mínima proporción de sus 8.000 millones de metros cúbicos.

Por eso Argel respira diplomacia por sus heridas: la postguerra del gas ruso, la fortaleza de otras alternativas, la proximidad a Moscú recién bautizada por Gas Natural y Repsol, la avanzadilla de los de Brufau en tierras argelinas -tres descubrimientos de gas en el semestre- las urgencias de inversiones de Sonatrach y sus deficiencias en reservas viables a largo plazo le empujan a repartir ahora al menos algunas píldoras de tregua en sus hidrocarburos con las españolas. Pero las sirve a la mesa revestidas de ultimátum, en la misma bandeja que las reticencias a la interconexión eléctrica y los peajes al desembarco ibérico en las energías renovables argelinas. Juega al todo o nada y trata de que sea Miguel Sebastián el padrino de sus driblajes, para empezar, los que le gustaría obtener de Gas Natural. Khelil se lo ha recordado de nuevo a Sebastián y Gabarró. Argel quiere subirse también al Plan Solar Mediterráneo. Busca que la interconexión eléctrica, si llega, lo haga aprovechando el trazado del gasoducto y con la luz de su sol.  Se hace la voz y los coros, la alternativa a la luz que le venderá a España a través de la conexión con Rabat. Si falla la solar, ofrece estirar el suministro del Medgaz.

Argelia ensayó el ‘abrazo del oso’ con la llave en mano del 43,3% del gas español. España mira de lejos la guerra del gas ruso, pero la estatal Sonatrach no deja de ser su primera suministradora. No es el socio más fácil. Nunca lo ha sido. Sonatrach jura que no tiene intención de controlar el mercado español, pero no se ha resistido a jugar a ser la ‘Gazprom del Mediterráneo’. Lo suyo no son los cortes de suministro, pero la ‘Gazprom del Mediterráneo’ se ha acostumbrado a apretar donde más le duele al mercado español: en la pinza de precios. Lo hizo ya desde 2007, con el incremento unilateral de un 20% del gas a GN como ‘regalo’ por el apoyo español al plan marroquí de autonomía para el Sahara. Y ha comenzado a dosificarla con la restricción de suministro a las españolas desde este otoño, a favor de otros pagadores mejores: los asiáticos. Le ha marcado las líneas rojas a Cepsa e Iberdrola en el Medgaz, ahora que ha concluido el tendido del gasoducto entre Argelia y España. Ha hecho valer sus recelos y sus amenazas. La de los precios, con la escasez de producción. La de la competencia, con nuevos contratos. La de los recelos, con las alianzas rusa y nigeriana. La de la zapa con EDP. Todas ellas se le oxidan ahora que, tras la visita de Dimitri Medvedev, Moscú promete acercarle el gas ruso a España a través de Gas Natural y que la alianza entre Berlusconi y Putin y el compromiso de Eni con el gasoducto South Stream le echan tierra a las expectativas alpinas de Sonatrach.

El proyecto europeo de creación de un mercado de gas interconectado en Europa del Sur es aún papel: en Europa el 50% del gas licuado proviene de la ribera sur del Mediterráneo, en el 2030 esto se irá reequilibrando, porque la ribera sur irá consumiendo más hasta el 58% en el norte y 42% en el sur. Los argelinos firmaron el acuerdo con Gaz de France, por el cual se obligaron a suministrar el gas licuado a la compañía francesa hasta 2019 y siguen construyendo dos nuevos gasoductos a través del Mediterráneo que permitirán a Argelia aumentar en un 50% los suministros de gas a Europa. Sus aspiraciones -Khelil lo reconoce- llevan ya el apellido del gasoducto italiano y el proyecto de Medgaz hacia la península ibérica. Pero sus zozobras tienen también ya apellidos: los de las limitaciones propias y los de los nuevos horizontes del gas español. Medgaz ofrecerá a Europa una importante ruta de suministro, pero por el momento, sin embargo, España sólo tiene la infraestructura necesaria para suministrar a Francia una mínima proporción de sus 8.000 millones de metros cúbicos.

Argel ha chocado sables y marcado distancias con Repsol, le ha intentado amargar Camisea donde promete ser el compañero más incómodo para el viaje de las reservas peruanas. Y marcar en sus espaldas los acuerdos con E. ON y GDF-Suez. Pero Repsol ha puesto a cubierto sus huellas en tierras del presidente  Bouteflika: sus derechos mineros sobre 16 bloques, 5 de exploración, con una superficie de más de 17.200 km2, y otros 11 bloques de desarrollo con un total de 3.108 km2. Los nuevos pozos de la Cuenca de Reggane- donde los descubrimientos efectuados suman unas reservas netas de 145 millones de barriles- no sólo la consolidan como uno de los grandes proyectos de crecimiento del Plan Estratégico de Repsol. Su sociedad con Sonatrach en el consorcio descubridor y con Gas Natural y los otros dos hallazgos -en la Cuenca de Ahnet y en la Cuenca de Berkine- blindan sus muros ante Mohamed Meziane, ligan su suerte a los 63.000 millones de dólares en proyectos energéticos que promete invertir Argel.

EL PRECIO DE LA CONEXIÓN ELÉCTRICA

España tiene ya una mano en el Plan Solar Mediterráneo y quiere sitio en las vías de salida de la electricidad norafricana hasta Europa a partir de 2016, cuando su crecimiento requiera de más vías de evacuación de la electricidad generada. Aunque sea a través de la conexión actual por el sur de la península. Todo con tal de no perder espacio en una carrera en la que Italia y Turquía buscan asiento. Hasta el momento, la interconexión eléctrica en el Magreb se limita a Marruecos, Argelia y Túnez, mientras que Libia se encuentra en proceso de unirse a la red. España tiene la llave de la única conexión eléctrica entre Europa y el Norte de África, pero el apellido marroquí obstaculiza las pretensiones de duplicar la capacidad de los dos cables de 700 megavatios. La financiación y el repudio galo se lo complican a la tercera interconexión prevista con Rabat, que sigue en el congelador. Las conexiones entre Argelia e Italia no dejan de ser a medio plazo. Por eso Madrid le hace otra vez ojitos también a Argel. Lo sabe, mejor que nadie, el mapa geoenergético de Bouteflika.

Argelia acarició a principios de esta década la idea de tender un cable de 200 kilómetros y de 2.000 megavatios entre ambas orillas del Mediterráneo. Pero el proyecto no se ejecutó. Por ahora, Sonelgaz  prevé exportar electricidad excedentaria a España gracias a la "joint venture” con la Oficina Marroquí de Electricidad (OME), una vez que lleguen a un acuerdo sobre el precio que deben aplicar al transporte de la electricidad. Los planes de Bouterfa hoy son sólo la punta del iceberg de otros proyectos más ambiciosos y a mucho más largo plazo. Hace siete meses, Argelia puso en marcha un programa, aún embrionario, para exportar energía solar a Alemania mediante un cable de 3.000 kilómetros. Con España será diferente: Argel se lo pondrá caro. Madrid sólo tiene ojos para el Plan Solar Mediterráneo, en el que el epicentro marroquí será la plaza de la que se enseñoree la vanguardia española y germana  del sector. Sarkozy y Zapatero pelean sus galones y un sitio en los 80.000 millones de inversión del PSM, un proyecto de proyectos cuyas riendas se pelean París y Madrid. Francia, pionera del sector termosolar en los años sesenta, con su central experimental de Odeillo y Targassonne, trata de recuperar terreno en un sector que había abandonado a mediados de los ochenta, cuando creyó ciegamente en la bonanza nuclear eterna y se saltó la directiva europea de energías renovables de 2001, a la que sí se sumaron Alemania y España. Pero Argelia no quiere respirar más por el repudio de la primera potencia solar y la tercera eólica del mundo. El plan de inversiones en energías verdes para el Magreb será uno de los asuntos que intentará impulsar Madrid cuando asuma la presidencia rotatoria de la Unión Europea en junio de 2010.

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