edición: 2741 , Martes, 18 junio 2019
09/01/2009

Sonatrach también quiere dar su 'abrazo del oso' al gas español

Ana Zarzuela

Planta en el jardín de su dominio las raíces del gasoducto Medgaz. Argelia ya tiene la llave del 43,3% del gas español y la riega con las gotas de la guerra del gas de Gazprom y el agua de la venganza. España mira de lejos la guerra del gas, pero la estatal Sonatrach no deja de ser su primera suministradora del gas. Ahora que ya ha demostrado que juega bien a la subida unilateral de precios, el burladero argelino se puede convertir, en unos meses que se prometen decisivos, en otra trinchera de guerra energética. Sonatrach jura que no tiene intención de controlar el mercado español, pero no se resiste a jugar a ser la ‘Gazprom del Mediterráneo’. Le marca las líneas rojas a Cepsa e Iberdrola en el Medgaz, ahora que ha concluido el tendido del gasoducto entre Argelia y España.

Desde el segundo semestre tendrá en sus manos las presiones para subir precios y empañarle las ventajas a la energía más barata del sudoku energético de Sebastián, gracias a la triple vía libre: la de la venta a GN a través de Medgaz, la de la comercialización con EDP de gas en España y su alianza en las centrales de ciclo combinado. Y la bandera de la libertad de precios.

Malas noticias para España: la dependencia energética de Argelia aumentará y Sonatrach tendrá todo a favor para dominar el mercado y tratar de poner contra las cuerdas a Gas Natural, que pasará de vender los 20 bcm actuales (50% del mercado), a 24 bcm (sumando los que vende Fenosa). Argelia afina el estoque y brinda al tendido. No es el socio más fácil. Nunca lo ha sido. Como siempre, hace valer sus recelos y sus amenazas. La de los precios, con la escasez de producción. La de la competencia, con nuevos contratos. La de los recelos, con las alianzas rusa y nigeriana. La de la zapa con EDP.

Carga en las espaldas diplomáticas el preludio de otra nueva guerra de intereses, justo ahora que se acerca el veredicto del tribunal de arbitraje de Ginebra sobre la rescisión por parte de Sonatrach a Repsol y Gas Natural del contrato de Gassi Touil –prevista para este trimestre- y los recursos por precios de los contratos de suministro de gas a España en verano. Serán el preludio del estreno del Medgaz, a finales de año. Amaga con arañar 550 millones de euros al arbitraje,  antes que encarar en Ginebra los 1.640 millones que Gas Natural y Repsol le reclaman por el zarpazo a las inversiones. Sonatrach preludia, con los clarines del miedo, su desembarco en España bajo la bandera de EDP y sus ambiciones para la nueva GN-Fenosa. Argel choca sables y marca distancias con Repsol, más allá de Gassi Touil, le amarga Camisea donde promete ser el compañero más incómodo para el viaje de las reservas peruanas. Y marca en sus espaldas los acuerdos con E. ON y GDF-Suez.

LA ASFIXIA DE PRECIOS

Lo suyo no son los cortes de suministro, pero la ‘Gazprom del Mediterráneo’ se ha acostumbrado a apretar donde más le duele al mercado español: en la pinza de precios. Lo hizo ya desde 2007, con el incremento unilateral de un 20% del gas a GN como ‘regalo’ por el apoyo español al plan marroquí de autonomía para el Sahara. Y ha comenzado a dosificarla con la restricción de suministro a las españolas desde este otoño, a favor de otros pagadores mejores: los asiáticos. Joan Clos -tras la guerra de precios con Gas Natural- le enseñó a Argel las defensas españolas, no eran muchas. Y ahora se apunta la promesa del secretario de Estado Angel Lossada, de una  Reunión de Alto Nivel y la ´asociación estratégica´ energética que Argel exige. Repsol, Gas Natural e Iberdrola se ponen a cubierto. Se reservará el derecho a veto en el Medgaz, donde Sonatrach mantendrá un 25%. Y, tras la resolución este semestre del tribunal de arbitraje sobre las tarifas -que lleva casi dos años abierto- se espera alguna reacción de Bouteflika y Chelij.

El mayor exportador de gas natural de todo el continente africano no oculta sus intenciones de aumentar un 25% sus exportaciones hacia el Viejo Continente. El ministro Chakib Jelil es el primero en confesar que desde 2007 no hace otra cosa que sacarle brillo a sus galones de actor principal en el mercado europeo. Si hace diez meses el memorándum de entendimiento con Bruselas le permitió eliminar los límites geográficos a la exportación y garantizarse que no se incluiría una cláusula territorial en futuros contratos, ahora la reedición de la ‘cláusula Gazprom’ no hace más que darle cuerda a sus ambiciones europeas. Los argelinos firmaron el acuerdo con Gaz de France, por el cual se obligaron a suministrar el gas licuado a la compañía francesa hasta 2019 y siguen construyendo dos nuevos gasoductos a través del Mediterráneo que permitirán a Argelia aumentar en un 50% los suministros de gas a Europa. Y sus aspiraciones -Khelil lo reconoce- llevan ya el apellido del gasoducto italiano y el proyecto de Medgaz hacia la península ibérica. Sonatrach busca su sitio tras las pinzas rusas, las de los amagos de Lukoil y la guerra del gas de Gazprom.

El precedente ruso le recuerda que puede saltar las almenas de la UE, aunque el ‘apellido’ estatal de Sonatrach mancha más. A falta de pastel accionarial, Argelia cierra la pinza de la dependencia del gas en España y despeja sus caminos sobre Medgaz. Ya en 2007 merodeó por Cepsa. Ahora, más cercana a Total, se regodea en las dificultades de IPIC, que mantiene congelada su propuesta por el 30% de la compañía. Y se regodea en los rumores que la sitúan en la lista de aspirantes a algún papel en el baile de pretendientes de Repsol. A EDP, la pone a horadar las grietas del mercado español. Y busca una trinchera por si el seísmo de las energéticas rusas se consuma al sur de la UE. Si los rublos desembarcan en España, la argelina buscará un nuevo sitio para ella, como siempre por la vía de la presión. Si no, pondrá una vez más cara de aliado fiable del Mediterráneo. En ningún caso acunará en quietud sus alfiles energéticos. Chakib Jelil no oculta que Argelia busca, para empezar, mejores precios.

GUERRA DE MEDGAZ

Ya lo hacía antes de que Gazprom y Lukoil le despejaran las estrategias europeas e ibéricas, desde el pasado verano, coincidiendo en el tiempo con el pleito que Sonatrach mantiene con las también españolas Repsol y Gas Natural en el Tribunal de Arbitraje de Ginebra. Sonatrach sigue vendiendo su gas al mejor postor, en este caso los asiáticos, sin que le duelan prendas en cancelar entregas ya contratadas con terceros, las primeras energéticas españolas, entre ellas Iberdrola, Unión Fenosa y Cepsa, que emplean el gas para sus plantas de cogeneración o para su comercialización y que desde el verano, coincidiendo con la intensificación del contencioso con Argel han sufrido un recorte significativo de cargamentos, a razón de uno o dos por mes, un tercio de los 3.000 millones de metros cúbicos anuales comprados por las energéticas españolas.

Hasta ahora, Argel ha jugado más de una partida al ajedrez del gas y el petróleo con las piezas prestadas de Gazprom o Lukoil. Con un pie en Argel, -donde acaba de inaugurar su primera oficina africana- la gasista rusa y sus aliados han buscado diversificar su desembarco en España y Portugal. Pero la negociación con la argelina para construir a cuatro manos el gasoducto transahariano que conectará Nigeria con el Mediterráneo ha quedado en papel mojado. En la nevera, un convenio llamado a repotenciar el acuerdo que Sonatrach firmó en 2002 con la nigeriana NNPC, para construir la mayor parte de los 4.200 kilómetros, que transcurren por el país centroafricano. Por eso Sonatrach engrasa a solas el juego de pinzas para las españolas. Eso será si Lukoil y los planes de Dimitri Medvedev no alteran la ecuación. Si la mano moscovita coge sitio por méritos propios en España, el horizonte se le desdibuja al paraguas argelino. Y con él, su relación con las filas de Antonio Brufau y Salvador Gabarró.

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