edición: 3049 , Viernes, 18 septiembre 2020
15/09/2010

Strauss-Kahn y la disciplina fiscal en Europa

Carlos Schwartz
El Director Ejecutivo del Fondo Monetario Internacional, el francés Dominique Strauss-Kahn fijó ayer una posición aventurada respecto de las políticas de consolidación fiscal en Europa con la propuesta de una centralización fiscal en la Unión Europea. Un organismo central de control de los presupuestos de los estados miembros con sus propios recursos para asignar a los socios y un régimen disciplinario. La idea central es que Europa necesita de una moneda estable. En sus consideraciones S-K afirma que la fijación de las políticas fiscales por parte de cada país implica el riesgo de las desviaciones en su aplicación cuyo peso luego debe ser asumido por todos los estados miembros. Califica al presente sistema de riesgo moral. Afirma que una de las lecciones de la crisis reciente ha sido que los mecanismos de control han fallado y ha habido países sin disciplina fiscal que han pasado por alto los lineamientos de la Unión. Su propuesta es una federación fiscal. La creación de un organismo central para el equilibrio fiscal de la Unión Europea en la misma línea que el Banco Central Europeo.

El director ejecutivo del FMI matizó no obstante sus observaciones afirmando que “En mi opinión, sería bueno ir en esa dirección (la de un organismo centralizado). Pero, desde luego, semejante salto hacia la integración política europea parece poco probable en el futuro previsible. Y reconozco que semejante delegación de poderes fiscales al centro podría encontrar resistencias políticas en algunos países, donde el apetito por ceder mayores controles a Bruselas es ya bastante débil”.

Strauss-Kahn señala que en la actualidad el papel de control de cumplimiento de las directivas y guías sobre márgenes fiscales, así como otras políticas dentro de la UE lo ejerce el Consejo Europeo. De acuerdo con su razonamiento, el filtro del Consejo deja expuesto a las presiones de cada país el ejercicio de policía fiscal para la región. Aboga por lo tanto como una fórmula intermedia que esa función sea delegada en la Comisión, aunque señala que mejor aun sería un organismo independiente. Afirma que aunque el Consejo tuviera derecho de veto con decisiones por mayoría calificada “o incluso unanimidad” el proceso “debería estar en las manos de una entidad independiente”.

Este resumen hace poca justicia al refinado hilo argumental al discurso de ayer de S-K en el Instituto Bruegel. Pero lo esencial es en definitiva la defensa cerrada de que la estabilidad monetaria en la Unión Monetaria Europea depende en última instancia de una marcha hacia la centralización fiscal.

La intervcención de Strauss-Kahn, cuyas ambiciones políticas de cara al escenario europeo y en particular francés no son de despreciar, no ha sido accidental. El debate sobre cómo imponer la disciplina fiscal en la Unión está desarrollándose a pleno vapor. En una entrevista que publica hoy el Financial Times la ministra de economía de Francia, Christine Lagarde, señala que los países miembros de la Unión Monetaria se están enervando por el lento y difícil proceso de acuerdo en torno a la política de sanciones y controles que pretenden acordar las naciones de la UME junto a los aspirantes a integrarse. La funcionaria pone de relieve las crecientes dificultades de la negociación. Por el contrario, París y Berlín han logrado acercar posiciones, algo que se podrá realmente medir cuando el jueves próximo el presidente de la UE, Herman van Rompuy, se reúna con los países miembros para informarles del progreso en la comisión que encabeza.

Entretanto, el clima político de Alemania no ha mejorado en lo que respecta a la corresponsabilidad en materia de solidaridad fiscal, es decir la asistencia mediante el fondo de emergencia a los países que lo necesiten. La opinión pública sigue siendo altamente adversa a la asistencia financiera a los países necesitados de equilibrar sus cuentas. Poco cuenta para esa opinión pública que en las épocas de bonanza, y aun hoy, Europa absorbe dos quintas partes del total de las exportaciones germanas.

No sólo eso, sino que los excedentes de balanza comercial alemanes se “realojaron” en el resto de Europa y en buena medida financiaron las burbujas de precios de activos, como la burbuja inmobiliaria de España. Pese a que esto no es secreto tanto para el Gobierno en Berlín como para los industriales alemanes, nadie hace campaña específica en torno a este asunto. Sino más bien todo lo contrario, es decir se pliegan a el sentimiento de la opinión pública por instinto político.

Por añadidura, los resultados de la disciplina fiscal están todavía por verse en la medida que implican un freno a la recuperación económica e inevitablemente pasarán factura a los países que la han puesto en práctica, especialmente España, Grecia e Irlanda. Tal como plantea S-K el problema, más que las medidas de corto plazo se trata de trazar estrategias que no coarten ahora la recuperación económica. Claro que, estas cosas se dicen fácilmente. Otra cosa es ejecutarlas. De momento queda claro que mientras se abre el debate de la consolidación fiscal y el papel de policía de la UE, nadie toca a la banca que ha conseguido un periodo de adaptación para Basilea III de nada menos que 8 años.

Parece un chiste tras tanta advertencia de endurecimiento en las relaciones de capital para el Tier one. El índice finalmente se ha fijado para el core capital del Tier one en 7%. Pero sin prisas... hasta que sea efectiva la medida hay tiempo de pasar una vez más por una crisis financiera internacional, más tormentas monetarias, más crisis fiscales y más crisis bursátiles. El horizonte es el 2019. Desde luego si los reguladores se propusieran ser tan duros con la banca como la disciplina fiscal lo es con los ciudadanos y las empresas habría un cierto alivio político en el ambiente internacional.

O la banca le ha torcido el brazo malamente al Banco de Pagos Internacionales una vez más... y van … o la solvencia de la banca es tan endeble que imponer con rigor un incremento rápido de capital que pueda absorber pérdidas crearía una saturación sin precedentes en los mercados de capitales. La lógica implicaría entonces seguir alimentando a la banca con el negocio suculento que le han servido desde la crisis hasta ahora: dinero a coste cero y objetivos de inversión con garantía del estado para que se queden con el margen. O simplemente usen el dinero para especular en carry-trade, hagan beneficios espectaculares y se lleven bonificaciones salariales inmorales.

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