edición: 2745 , Lunes, 24 junio 2019
07/09/2011
EL DEDO DE MADOZ

Suiza extrema la defensa de su moneda y agudiza el temor a una crisis del euro

Carlos Schwartz

La decisión ayer del Banco Nacional de Suiza (BNS) de fijar una paridad de 1,20 Francos suizos (Fs) por euro y anunciar que respaldará de forma ilimitada la demanda de su moneda hizo bajar la divisa del país un 9% en 15 minutos. Más allá de este efecto fulminante, sólo supone detener la apreciación de la moneda que ganó un 30% real frente al euro en un sólo año en un país cuya balanza de pagos depende de las exportaciones, en particular al resto de Europa. La decisión está claramente motivada por una serie encadenada de intereses nacionales, que no son sólo la defensa de su sector exportador, aunque de este dependa el empleo en el país y por lo tanto una parte significativa de su bienestar material y social.

Otro de los elementos que ha pesado con fuerza en la decisión es el hecho que el BNS es una institución privada cuyos accionistas son mayormente ciudadanos, otros bancos y los cantones. Todos ellos beneficiarios tradicionales de la alta rentabilidad del BNS. Sin embargo en 2010 el banco tuvo pérdidas por 20.000 millones de Fs y en el primer semestre de este año anunció pérdidas por 10.000 millones de Fs. Esto supone una fuerte erosión para los ingresos fiscales de los cantones suizos. Entretanto, la paridad de 1,20 Fs por euro dista bastante de las expectativas de los exportadores, pero las autoridades del BNS no están dispuestas a excederse en las concesiones a sus necesidades.

No cabe la menor duda que la medida se ha adoptado con la expectativa de que el flujo de entrada se recorte tras la advertencia. Sostener la política anunciada supone que para hacer frente a la demanda de su divisa el BNS emita moneda en la cantidad necesaria. Si la demanda no ceja y el banco emite moneda al mismo tenor que la demanda de Fs las presiones inflacionistas sobre la moneda del país se harán sentir en el nivel de precios interiores y potencialmente el incremento de la circulación puede conducir a burbujas de activos.

Desde luego el motivo para la apreciación del Fs frente al euro, y también frente al dólar, es el resultado de la búsqueda por parte de los inversores internacionales de una moneda de refugio frente a la inestabilidad internacional y el temor a un derrumbe de las monedas consideradas como reserva internacional, el dólar y en menor medida el euro. Pero la carrera desenfrenada hacia el refugio suizo, especialmente aguda en los últimos dos meses, está directamente relacionada con la crisis de la deuda en Europa y el temor a que el sistema monetario europeo, la zona de la moneda común, y su divisa el euro, no soporten las tensiones que la crisis provoca y se registre un abandono agónico de alguno de los socios.

Las miradas se han centrado de momento en Grecia, por el altísimo coste que el país debe pagar para mantener su disciplina fiscal. El nivel de exigencia de la troika -FMI, BCE y UE- y las acusaciones vertidas contra el gobierno griego sobre incumplimiento de los objetivos fijados en el plan de rescate, la amenaza de no liberar más recursos de la línea de asistencia financiera, han despertado el temor generalizado a que Grecia decida recuperar su soberanía monetaria y económica. Pero los enfrentamientos con la troika han tenido el efecto de dejar a la luz la fragilidad de los acuerdos del nuevo paquete de ayuda pactado en julio. Nada de lo que en él se dibujó sobre la arena de los papeles del Consejo Europeo se ha podido poner en práctica. Hasta la propuesta de la banca privada de refinanciar sus posiciones acreedoras está de momento en un lugar incierto. Ni que decir que hay países miembros que objetan el acuerdo y han sondeado la posibilidad de garantías bilaterales separadas. Que las autoridades económicas de la UE, de los países miembros, digan que está todo en su sitio es un discurso hueco.

El sistema monetario europeo, el euro y su zona, comienzan a parecerse muy peligrosamente a los años de crisis del patrón oro. La rigidez del sistema implicó la sistemática lucha contra los déficit para evitar la erosión del valor de las monedas ante el oro, y esta lucha contra los déficit se tradujo en políticas deflacionistas y en castigo para las rentas del trabajo. La reacción social condujo en algunos países a la necesidad de modificar la política económica y recaudar por la vía de la inflación que al mismo tiempo licuaba las deudas públicas haciendo menos pesada la carga del estado frente a sus acreedores. Estas contradicciones acabaron derribando al patrón oro.

Sin dudas existe en el seno de la sociedad griega una fuerte tendencia hacia la ruptura con la zona euro. La posibilidad de manejar el tipo de cambio y determinar la tasa de inflación son instrumentos de política monetaria que pueden en buena medida aliviar la situación económica del país.

En el sistema europeo de moneda única es el marco alemán el que juega el papel del oro. Se puede argumentar que el marco no existe más como moneda. Sin embargo es sin dudas la divisa subyacente del euro. No en vano el tipo de cambio establecido para el euro fue de un marco alemán por euro. Es decir la paridad. Las divergencia entre monedas con el euro fueron calculadas a partir de la cotización de cada moneda nacional contra el marco alemán. Pero la racionalidad del sistema se basaba en que los países deficitarios obtendrían recursos de los países con excedentes. En primer lugar de Alemania. Estos flujos de capital permitirían mantener en funcionamiento los modelos basados en el consumo interior y en industrias peculiares como la construcción.

Alemania ha sido el gran refinanciador de las cédulas y bonos hipotecarios de la banca española que han realimentado el mercado de crédito hipotecario. El auge inmobiliario en España creó un falso efecto de riqueza que condujo a un alto nivel de consumo dirigido en parte hacia los bienes duraderos alemanes. Para preservar ahora los equilibrios del sistema del euro Alemania pretende una acelerada reducción de los déficit en los países de la periferia del euro para forzar una reducción también acelerada de la relación de la deuda pública como porcentaje del producto interior bruto.

Esta es una política necesariamente deflacionaria y recesiva que implica de forma paradójica una menor recaudación fiscal. La idea de que se puede incrementar la competitividad sobre la base del aplastamiento salarial es equívoca en grado sumo. Un verdadero incremento de la competitividad en España supone una transformación del modelo productivo, una fuerte internacionalización de su producción, una gigantesca incorporación de innovaciones tecnológicas, lo cual requiere la movilización de inmensos capitales. Sobre la base de una economía con un altísimo nivel de tecnificación que es el verdadero motor de su competitividad internacional, una reducción relativa de la masa salarial en Alemania supone un apalancamiento de los beneficios empresariales.

En ausencia de esa capacidad tecnológica en España una reducción relativa de la masa salarial a lo sumo beneficiará a las empresas alemanas, u otras multinacionales que implanten su producción en España. Pero no necesariamente mejorarán la posición competitiva de la industria española. Son estas contradicciones entre los intereses nacionales lo que genera las tensiones en el interior de la zona del euro. La medida defensiva de Suiza tendrá un fuerte efecto desestabilizador sobre el conjunto del sistema monetario internacional al poner de relieve que los choques de intereses pueden derivar en medidas de protección de las necesidades nacionales, con prescindencia de los efectos más allá de las fronteras del país.

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