edición: 2328 , Lunes, 23 octubre 2017
23/07/2015
banca 
El Banco de España los aprueba

Bruselas recela del fuerte ajuste laboral de la banca española

Las grandes inversiones en tecnología pueden contener elementos que escondan la verdadera intención de los recortes
Juan José González
Primero fue la búsqueda de la eficiencia, después lograr la solvencia, más tarde llegaron los ajustes de tamaño y ahora es recuperar la rentabilidad histórica, la perdida desde el arranque de la crisis Lehman Brothers en 2008. La crisis de la banca es estos últimos años, la crisis de las estructuras y del negocio bancario. Y todo con una variable que se ha convertido en constante: la reducción del tamaño por la vía de menos personal, menos oficinas y también menos cajeros automáticos. La `industria bancaria´ es actualmente en España un tercio menor que hace seis años: 32.000 oficinas, 203.000 trabajadores y 46.500 cajeros es el `parque instalado´ en producción de la banca española. Mientras el Banco de España aplaude los ajustes de capacidad en el sector, Bruselas desconfía de la intensidad del recorte laboral y además, desconoce hasta dónde llegarán los ajustes.
Son los ajustes que más se notan, por el ruido laboral y porque este afecta a personas y familias enteras. Pero la industria bancaria en España, con poco más de una docena de entidades financieras en el mercado, siete de ellas cotizando en el mercado bursátil, vive días ajuste, se puede afirmar que permanente, desde 2008, cuando una treintena de entidades, entre bancos y cajas, daba empleo a cerca de 280.000 trabajadores. Hasta los 203.000 de diciembre de 2014 y las 32.000 oficinas actuales, el sector no ha dejado de ajustar su tamaño a la rentabilidad del negocio, si bien, el principal motivo de la caída del rendimiento se encuentre en la sequía prolongada del crédito, la elevada tasa de morosidad y el parón de la economía española, con un desempleo en niveles récord.

Hay otros condicionantes de la caída de rentabilidad como puede ser el sobredimensionamiento del sector antes de la crisis, lo que lleva a afirmar que la banca española ya arrastraba problemas de eficacia, solvencia y, por ello, también de rentabilidad. Sin embargo, un factor nuevo, un tanto inesperado, al menos con tanta virulencia, como la aplicación de las nuevas tecnologías al negocio bancario, ha forzado lo que para unos es un cambio radical y otros una revolución en la forma de hacer banca comercial. La tecnología se ha convertido de esta forma en la plataforma que puede ayudar a conseguir la recuperación de la rentabilidad perdida.

Todo lo cual no debe bajar la consideración sobre el papel jugado en el ajuste del sector a la nueva situación económica por la reducción de, nada menos que 75.000 puestos de trabajo en los últimos seis años, precisamente los de mayor actividad en el ajuste del sector. Hoy, la capacidad industrial instalada, por expresarlo en términos de producción, es de 32.000 oficinas, 203.000 trabajadores y 46.500 cajeros automáticos. Son, por tanto, la expresión de una revolución en las estructuras básicas empresariales como hasta ahora no se conocía y cuyas consecuencias habrán de ser seguidas con interés en los próximos meses y años.

El seguimiento estará centrado en comprobar los efectos de la reducción de empleo sobre la eficacia, la solvencia y la rentabilidad de las entidades. También si el menor tamaño en la red de distribución, como son las oficinas bancarias, no ha ido en detrimento ni del servicio a los clientes ni de la calidad del mismo. Es razonable pensar que la aplicación de las nuevas tecnologías a la gestión de las necesidades operativas bancarias del público, como también de las empresas, se refleje en una mayor calidad del servicio, también de más servicios, sin perder de vista que la relación banca-cliente no se puede -o no se debe- limitar o reducir al ámbito de una mera y fría relación tecnológica con un terminal, gestionado por un software.

Es decir, que en los próximos meses y ejercicios el sector bancario deberá mostrar y demostrar que las fuertes inversiones de hoy en tecnología responden a un cambio real de los tiempos y no a la única necesidad de lograr con celeridad la rentabilidad de antaño. Que las autoridades como la EBA, el BCE y la UE desconfíen del motivo último del gran sprint llevado a cabo por el sector en la reducción de capacidad (empleados y oficinas) no debería estar reñido con la vigilancia de esta suerte de `revolución estructural´ de las plantillas bancarias, no vaya a ser que responda al viejo y sencillo truco de reducir costes laborales para hacer rentable el negocio y hacer frente a los dividendos.

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