edición: 2560 , Lunes, 24 septiembre 2018
27/11/2008

Telecom Italia tiene cinco días para despejar sus planes

Bernabé busca en Brasil, Argentina y Alemania piezas de canje para Telefónica
Ana Zarzuela

Es la hora de mover ficha. El tentetieso de Bernabé ya no se sostiene, ni ante Telefónica, ni con la irritación de los demás accionistas de Telco. El 2 de diciembre tendrá que llevarles algo más que el mismo plan industrial y el nuevo canon. TI lo sabe y prepara ya bocados para ofrecerle a Alierta. Paz por territorios, o fuga por concesiones. En Alemania alimenta el interés de Telefónica por Hansenet Telekommunikation. En Brasil, sueña con soltar TIM. Y en Argentina explora alternativas a la mayoría de TA. Los italianos juegan sus bazas, pero están y marcadas: en Brasil, por el regulador y el mercado, que impondrían limitaciones a Telefónica. En Argentina el desembarco de los Kirchner por la puerta de las AFPJ, las ambiciones de Clarín y los Whertein se lo ponen difícil. Y en Italia, no son sólo los Fosatti los que claman por más sitio para Telefónica.

Con el tablero italiano acotado por la avidez libia, los intereses de Berlusconi para la escisión de la red y el desencuentro manifiesto con Alierta, Gabrielle Galateri y su Consejero Delegado ensayan sus movimientos. Sin más ases  bajo la manga que la disciplina financiera y el adiós a los ´fuegos de artificio´ que proclama Bernabé y con el lastre de un endeudamiento neto de 37.172 millones de euros, poco más puede esperar Telecom Italia que -en el mejor de sus escenarios- beber poco a poco un cocktel amargo hasta 2010: un aumento del volumen de negocios del 1% al 2% al año. Ya en el Comité Ejecutivo preparatorio, el pasado lunes, Franco Bernabé, puso sobre el tablero posibles operaciones extraordinarias, aunque no las mostrarán por completo como pronto hasta el 2 de diciembre. Y, a ser posible, por debajo de la mesa de Telefónica. Antes de la reunión del Consejo de puesta de largo del plan 2009-2011 Bernabé llamará a ‘maitines’ a algunos (no a César Alierta ni a Julio Linares) con el único orden del día de mover fichas en Brasil.

Aparca el humo de los petrodólares y consuela sus urgencias con la subida del canon telefónico, pero es a Franco Bernabé al que se le acaba el oxígeno de los accionistas. Berlusconi le echa un capote al congelar las prisas de la Libyan Investment Authority. Y, si se empeña,  no se lo pondría demasiado difícil a la Caja Depósitos y Préstamos, que apunta a la red de Telecom Italia. Pero el Consejero Delegado de TI sólo tiene aire hasta que presente su plan y abra de nuevo la caja de los truenos. La foto fija ya no se le sostiene. Por si no tenía suficiente con la rebaja de la capitalización, el castigo bursátil y las alarmas en los resultados, los Fosatti y otros socios de Telefónica en Telco (con la mayoría accionarial en la mano) le dejan claro que así no se puede seguir. Alierta  ha hecho saber que ni la rebaja del dividendo, ni la fiesta de los pretendientes con el fondo LIA como invitado de honor, ni la escisión o venta de la red de TI le entusiasman. Los Fosatti van más allá. Junto con  Intesa Paolo anuncian tormenta. Y no ocultan que sus opciones siguen teniendo el apellido de Telefónica. La operadora española tendrá la última palabra. La suya es una participación estratégica. La paciencia, también lo ha sido. Otra cosa es el interés en pasar a mayores.

EL PEAJE BRASILEÑO

Ya en septiembre la peregrinación romana de César Alierta dejó más claro que había poco sitio para la sintonía con Bernabé y Gabiele Galateri. También que el ultimátum de los de Gran Vía iba en serio y, llegado el momento,  no les temblaría la mano para decir adiós a la inercia que perpetúa para la compañía minusvalías latentes por 2.000 millones de dólares. Aunque ese día no tiene por qué llegar ahora, que el valor de Telecom Italia transita en torno a 1 euro, menos de la mitad de los 2,85 euros por los que la española compró su paquete accionarial. Si se queda es como capitán de la nave, con sinergias y músculo industrial y el respaldo de sus socios de Telco. Telefónica sólo tiene que sostener la inercia y aguardar el oxígeno para el valor, peor no puede ser y sus proyectos han caído bien en los inversores. Si se va, Alierta ha dejado claro que no será a cualquier precio. No, desde luego, a cambio del 50% en Vivo, el camino despejado en la casa de los Werthein en Telecom Argentina y el peaje del voto sobre la escisión de la red.
Brasil iba a ser la playa de sus mejores piruetas internacionales, ésa en la que la quinta operadora europea y con ella sus accionistas esperaban lucir fortalezas, pero Telecom Italia tuvo que llamar nada menos que al presidente Galatieri para reconducir las riendas de la filial carioca de móviles, que a pesar de su segunda reorganización en menos de un año ha entrado en una espiral negativa, empujada por la competencia del mercado local. Con 33,8 millones de líneas, Tim Brasil mantiene su posición como segundo operador, pero su cuota de mercado sobre las líneas se redujo al 25,4%, respecto al 25,8% de 2007. Un barco del que a Galtieri y a Bernabé no les importaría tanto saltar. Sobre todo si, a cambio, le dan pasaporte a Alierta en TI.

La reforma de las telecos ha encontrado a Telefónica en Brasil mejor posicionada que la compañía de Carlos Slim, con una cuota de mercado fijo al menos similar a la de la fusionada Oi-Telecom Brasil, con la hegemonía en un mercado móvil que crece al 25% anual y con el refuerzo de sus ventajas competitivas: la apuesta firme por el 3G (que debe llegar a 100 millones de usuarios en 2013) y la suma de Telmig, así como la convergencia de los servicios fijo-móvil. Una posible adquisición del grupo de César Alierta le daría el control total sobre Tim y una posición estratégica en el mercado brasileño. El 50% de Vivo vale 3.483 millones de dólares y el 10% de TI unos 2.900 millones de dólares y TIM Brasil son 6.220 millones.

Pero Alierta no quiere desprenderse así como así de una operadora donde aún tiene esperanzas de que Portugal Telecom acabe cediéndole su 50% y que, con un 30% del mercado, le permite consagrar su la hegemonía en la telefonía móvil brasileña y servirse el plato fuerte del banquete latinoamericano, del que recibe ya el 37,4% del total de los ingresos del grupo y cocina el postre de su plan Verónica. PT y Telefónica tocan tambores de cooperación en Brasil. Están condenadas a entenderse, por el fatum del regulador brasileño y el del mercado. Y por el bien de Vivo, el vástago común, que controlan a partes iguales, líder del mercado móvil brasileño, pero que por motivos de regulación no puede ofrecer servicios fijos a sus mayores clientes.

LA PARTIDA ARGENTINA

En Argentina, la trinchera a Telecom Italia y Telefónica se cava ya con las palas del Congreso –que pide medidas antimonopolio al gobierno-, de  la Comisión Nacional de Comunicaciones (que presentará en breve su resolución), con las presiones de los Werthein (los accionistas mayoritarios) y con los cañonazos del ex secretario de Comunicación, Henoch Aguiar. Una cosa es pararle los caballos a la opción de compra de TI por el 48% de Telecom Argentina, que debería concretarse en diciembre. Y otra volver a poner en cuestión la adquisición de Telefónica en TI y su presencia en  Telecom Argentina. Y la Casa Rosada está dispuesta a hacer las dos cosas. Gracias a la nacionalización de las AFPJ, desembarcará en la operadora con el 35% del capital ordinario y derechos de voto del 15%, y quiere que sea en una cama a su medida, con sus propios compañeros de viaje. El ‘factor Clarín’ puede ser tan decisivo como los Werthein, que acaban de reclamar una identidad más argentina para TA. El grupo de comunicación quiere jugar en la geopolítica de las telecomunicaciones. Néstor Kirchner puede comprar paz mediática para la Casa Rosada  por espacio en la operadora.  La visita de Alierta antes de Navidad se promete jugosa.

Atrapado en el quiero y no puedo de Telecom Argentina, el consejero delegado de TI, Franco Bernabé, deja hacer. Responde a las arremetidas de los Werthein, pero cada vez en voz más baja. No se resigna, a medida que se acerca diciembre, a coronar su opción de compra por el 48% de Telecom Argentina (TA) y ganarle el pulso a los Werthein. Pero busca, con la otra mano, compradores para sus propias acciones, con o sin las de los Wertheim. Telefónica mira desde la barrera. Sus sinergias y el ascendente que esperaba en TA pueden acabar en ofrenda de paz y fuga de Franco Bernabé. Soltar sus aspiraciones en Telecom Argentina sería un mal menor para los planes de Alierta, que nunca puso la condición argentina a su entrada en Telecom Italia y que en la tierra de los Kirchner sostiene el cetro del liderazgo desde 2004 y un tercio de la banda ancha.

Por si acaso, los Kirchner le sirven ya a Alierta una bandeja de compensaciones a cambio de la promesa de inversiones por 6000 millones de dólares entre 2008 y 2010. Para abrir boca, la subida del 15% de las tarifas y luz verde al triple play. Cuando, en unas semanas, César Alierta visite Buenos Aires, puede que los Kirchner tengan ya su huella en el 15% de los derechos de voto de Telecom y en su mano la decisión en la guerra que los Wertheim sostienen con Telecom Italia. Y, como confiesa el presidente de Telecom Argentina, Enrique Garrido, la incorporación del Estado argentino no será precisamente providencial para los intereses de Bernabé y las aspiraciones la opción de compra por el 48% de TI. Defender los derechos de su accionista individual mayoritario, bueno, por mucho que sea español. Hacerlo hasta que peligren sus aspiraciones en la Argentina ya no está en los planes de Franco Bernabe. Otra cosa será el peaje de algún socio local -como el grupo Clarín- que los Kirchner le exigen a la segunda operadora del país.

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