edición: 2739 , Viernes, 14 junio 2019
26/06/2014

Telefónica Deutschland cierra su negociación con la virtual Drillisch para asegurarse el sí de Bruselas

El anuncio está destinado a sortear las reticencias del regulador alemán Bundeskartellamt a la compra de E-plus
Carlos Schwartz

Las reticencias del regulador alemán Bundeskartellamt a la compra de E-plus por Telefónica Deutschland han llevado a la operadora a acelerar su negociación con el operador virtual y cliente suyo y de Vodafone, Drillisch Group, para venderle un 20% de la capacidad resultante de la fusión. Drillisch tendrá además la opción de adquirir un 10% más de esa red conservando el espacio ya contratado con Telefónica Deutschland en la actualidad. La cesión de redes, junto con los desarrollos tecnológicas que se le vayan incorporando a la misma, se hará en el plazo de cinco años a precios mayoristas, un mecanismo en principio cuestionado por el Bundeskartellamt según fuentes del sector en Alemania . La iniciativa de cerrar el acuerdo va en el sentido de establecer las bases para el asentamiento de un nuevo cuarto operador de redes que es lo que precisamente los reguladores germanos no consideran que esté asegurado por esta vía. Las reticencias del regulador alemán son similares a las del irlandés que objeta la autorización de la venta de O2 Irlanda a Hutchinson.

Pero en el trasfondo de estas reticencias lo que se está manifestando son contradicciones difíciles de resolver fuera de la competencia pura y dura en el mercado al margen de las intervenciones de los reguladores.

Las objeciones van por la vía del encarecimiento de las telecomunicaciones si hay una reducción de operadores. Es bien cierto que las empresas no son las defensoras del interés general, sino de sus propios balances. Pero aquí hay matices. De un lado, a cada regulador nacional no le divierte necesariamente que un operador cuya sociedad dominante está establecida en otro país acabe teniendo el control mayoritario del mercado y reforzando en última instancia un balance ajeno al país de la operación de concentración. Entre otras cosas porque reduce el margen del operador nacional de referencia, es decir el ex monopolio de cada país. Y esto es así aun y a pesar del discurso sobre el mercado único y la igualdad en la Unión Europea (UE).

Del otro está el problema de la dimensión de los operadores. La batalla por Alstom ganada finalmente por la estadounidense General Electric ha dejado al desnudo este obstáculo. El Gobierno de Francia ha condicionado la oferta, ha exprimido a la estadounidense, ha impuesto una presencia del estado en el conglomerado, y seguramente ha conseguido las mejores condiciones económicas posibles. Pero el coloso multinacional de matriz estadounidense ha puesto el pie en el corazón mismo de la ingeniería, y las industrias de la energía y ferroviaria europeas. Todos los recaudos adoptados por la Administración francesa para preservar la identidad de la empresa serán inútiles en el medio plazo por el efecto de las simples leyes de la concentración del capital. Este es un tema tan presente en las telecomunicaciones como en el resto de los sectores. De forma coyuntural el gigante AT&T ha salido de escena obligado por necesidades en su propia casa. Pero en el sector a nadie le cabe la menor duda de que es cuestión de tiempo que reaparezca. Este es un flanco que los reguladores no deberían perder de vista. Sino los nacionales, al menos los europeos.

Drillisch es una empresa que se ha expandido como operador móvil virtual sobre las redes de Telefónica Deutschland y Vodafone, y cuenta en la actualidad con una base de clientes declarada de 1,7 millones en telefonía móvil. Es proveedor de servicios de valor añadido y datos, y está en el sector desde 1983. El operador ha sido hasta ahora agresivo en precios, algo que deberá moderar cuando se materialicen los compromisos de adquisición de espectro en la medida que deberá soportar mayores costes que hasta ahora. En cualquier caso el acuerdo entre Telefónica y Drillisch está sujeto a al aprobación por parte de la Comisaría de la Competencia de la adquisición por Telefónica de la filial alemana de KPN, E-plus. La adquisición de esta última supone la materialización de una base de clientes de 43 millones de contratos, y unos ingresos combinados de 8.200 millones de euros al año de acuerdo con los balances de ambas empresas a diciembre de 2012. Esta operación si no queda sujeta a un exceso de limitaciones hará de Telefónica una empresa de una dimensión suficiente como para liderar un proceso de mayores concentraciones en Europa.

La Comisaría de la Competencia presidida por Joaquín Almunia, ha mostrado una sensibilidad creciente a la necesidad de permitir consolidaciones dentro de los mercados nacionales a la vista del deterioro de los márgenes que sufren los operadores propietarios de redes. Pero la autorización a Hutchinson para adquirir en Austria al operador filial de Orange en 2012 desató las protestas del regulador local, como lo ha hecho ahora con el regulador Irlandés tras al autorización a Hutchinson nuevamente para adquirir al operador de Telefónica allí, O2.

Mientras, la canciller alemana Angela Merkel ha elevado la voz desde el mundo de la política para reclamar una reforma de la legislación europea que gobierna la industria de las telecomunicaciones. Merkel señaló al respecto que mientras China tiene tres grandes operadores, Europa tiene 28. La dirigente dijo que era necesario encontrar un equilibrio entre la fortaleza en el mercado y la competencia de forma que se pueda tener una presencia internacional. El candidato Popular a la presidencia de la Comisión Europea (CE), Jean-Claude Juncker, se mostró recientemente a favor de cambiar la legislación de la competencia para impedir que esta se oponga a los acuerdos entre empresas.

Todo parece indicar que se ha comenzado a formar una corriente de opinión contraria a las tesis defendidas hasta ahora. El objetivo de la política de la CE en esta industria ha sido la reducción de los precios forzando la competencia con operadores virtuales, exentos de gastos de capital para infraestructuras mientras las comisarías involucradas han dado la batalla por un mercado único de las telecomunicaciones. Ahora las críticas provienen de los reguladores nacionales por la mayor flexibilidad de la Comisaría en Bruselas.

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