edición: 2575 , Martes, 16 octubre 2018
10/12/2013

Telefónica, enfrentada por los minoritarios en Telecom Italia, concentra fuerzas en la perspectiva de la junta de diciembre

El movimiento para controlar Telco ha desatado la reacción del regulador de la competencia en Brasil
Cesar Alierta, presidente de Telefónica
Carlos Schwartz

Los esfuerzos de Telefónica por sacar a Telecom Italia de su interminable declive en el mercado local han suscitado resistencias cruzadas. Tras un largo estancamiento el operador español logró este año llegar a una acuerdo con sus accionistas de referencia en Telco Spa -que tiene el 22,4% de la operadora italiana- para aumentar su control sobre este núcleo de accionistas sin que Telco se desmembre, tal como querían sus socios italianos. Los grupos financieros Intesa Sanpaolo, Assicurazioni Generali y Mediobanca aspiraban a salir de Telco vendiendo su participación. Telefónica propuso un proceso escalonado que mantuviera al núcleo vivo mientras deshacía las potenciales trabas que podían impedir de forma indirecta que tomara el control del 100% de Telco. Pero esta estretegia no fue suficiente para desactivar la reacción, esencialmente el potencial conflicto en Brasil con la autoridad local de la competencia, Consejo Administrativo de Defensa Económica (CADE), quien ha aprovechado el movimiento de Telefónica para condicionar el cierre de la compra del 50% de Brasilcel a Portugal Telecom (PT).

Esta adquisición estaba aun pendiente de ratificar por el CADE quien acabó aprobándola “con salvedades” la semana pasada. Las salvedades son que, o bien incorpora un nuevo socio independiente en Vivo para reemplazar a PT, o elimina cualquier control directo o indirecto sobre TIM, el operador de móvil de Telecom Italia en Brasil. La ecuación es de resolución sencilla, no alcanza ni siquiera a ser un binomio. Va de suyo que el operador español después de la larga batalla por quedarse con el 100% de Vivo no va a volver para atrás. Tampoco va a renunciar a darle la vuelta a Telecom Italia para recuperar algo del valor de las acciones que detenta en ese operador. Para Telefónica tanto el mercado de Brasil con Vivo, como el italiano con TI, son decisiones estratégicas. La ecuación por tanto sólo se puede resolver de forma correcta con una venta de TIM. Esta salida tiene además un valor añadido: el de reducir la deuda del operador italiano -del orden de los 28.000 millones de euros- que está muy necesitado de recursos para acometer su plan industrial recientemente aprobado y con el cual el núcleo duro de los accionistas aspira a resucitar esa inversión que ha perdido terreno a la competencia durante mucho tiempo.

Pero no todos los socios están de acuerdo con esta estrategia. El principal enemigo es el accionista minoritario (5%) Marco Fossati que actúa a través de su vehículo familiar Findin quien propondrá en la junta de accionistas convocada para el 20 de diciembre la destitución del consejo de administración en el cual Telco Spa ha logrado, tras la salida de Franco Bernabè, el ex presidente, una representación más numerosa. Propone en su lugar una consejo de independientes que refleje los intereses de los accionistas minoritarios. El mayor éxito de Fossati ha sido arrastrar a sus posiciones a la empresa de “proxi” ISS quien ha recomendado votar en la junta de accionistas por las posiciones de Fossati-Findin. El problema que se plantea es que un 50% del capital del operador está en manos de fondos de inversión “y si estos hacen caso a ISS las cosas se pueden complicar”, de acuerdo con una fuente de medios financieros. “Es llamativo que las empresas de proxy que asesoran a las organizaciones de accionistas minoritarios, hasta ahora han solicitado rechazar la propuesta de Fossati”, añadió la fuente.

Una fuente en un fondo de inversión de alto riesgo con sede en Londres señaló al respecto a ICNreport: “Es una batalla perdida, porque todas las cartas para reconducir la situación de Telecom Italia están en las manos de Telco. La gente de Fossati es de la talla de Bernabè (el ex
presidente) que lo único que quería era quitar de en medio a Telefónica y para ello no reparó en medios perdiendo un tiempo precioso. La salida más previsible, y la más lógica, es que los conflictos con el regulador en Brasil se resuelvan con la venta de TIM a un tercero ausente en ese mercado que sería una forma de obtener una buena rentabilidad en esa operación, a menos que el tiempo apremie demasiado”, añadió. El actual primer ejecutivo de TI, Marco Patuano, ha expresado una opinión similar en el pasado reciente.

Sin embargo hay una versión, también de medios financieros, de acuerdo con la cual Telefónica negocia a través de un banco de negocios en Brasil la posibilidad de desguazar TIM y venderla a sus competidores en ese mercado, América Móvil propietario del operador Claro y OI-Portugal Telecom. Esta opción sería desde luego la más rápida, pero no parece que la más rentable. Una de las incógnitas en la historia de las posiciones en Brasil son los plazos, porque el regulador CADE afirma que eso es “confidencial”. Una fuente consultada en Brasil señala que en realidad el plazo no está definido a priori y puede estar sujeto a una negociación, “No me sorprendería que en realidad esa sea una puerta abierta por la CADE para llevar a Telefónica a una negociación sobre los plazos” afirmó.

TI anunció recientemente su plan de saneamiento financiero e inversión que coincidió además con la aceptación de una oferta no solicitada de 860 millones de dólares para vender su filial en Argentina. Dentro de este plan la inversión en bienes de capital en Brasil estaba previsto que aumentara. El consejero delegado Patuano señaló que el estancamiento en el negocio de transmisión de voz en ese país indicaba la necesidad de aumentar la inversión en el desarrollo de banda ancha para la transmisión de datos como forma de mejorar el desarrollo del negocio. En cualquier caso la deuda de TI es del orden de los 28.200 millones de euros y la empresa la quiere reducir a 27.000 millones para finales de este año. De acuerdo con analistas del sector de las telecomunicaciones la filial en Brasil está valorada en 6.000 millones de euros. La presión de la CADE puede suponer que se aceleren los plazos.

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