edición: 2576 , Miércoles, 17 octubre 2018
26/02/2015

Los inversores europeos aumentan su temor a la deflación y son escépticos ante la política del BCE

La compra de deuda pública por los bancos centrales en la eurozona no apacigua las incertidumbres
Carlos Schwartz
Los inversores europeos en los mercados de crédito aumentan su preocupación por la deflación. Al mismo tiempo se manifiestan escépticos de que la política de compra de deuda soberana junto a la adjudicación de liquidez a la banca de la zona del euro, desarrollada a partir de este año por el Banco Central Europeo (BCE) surta efecto para reducir el riesgo de deflación. En una encuesta desarrollada entre altos ejecutivos del sector de la inversión en crédito un 65% de los encuestados ha señalado al riesgo de deflación como alto. Esta opinión representaba en la anterior encuesta desarrollada por Fitch Ratings un 53% en octubre pasado. Sólo un 23% de los encuestados ha considerado que la política de expansión del balance del BCE mediante la compra de deuda soberana de los países miembro va a contribuir a reducir la tendencia a la caída de los precios.
Un 92% de los encuestados consideró que esta política de expansión será beneficiosa para los mercados de capitales. Fitch por su parte considera que la eurozona evitará una deflación prolongada en la medida que la recuperación económica se acelere y los precios del petróleo suban. La empresa de calificación crediticia sin embargo piensa revisar a la baja sus estimaciones de inflación para 2015 en su próximo informe trimestral “Panorama Económico Global” el próximo mes.

La agencia de calificación admite que la deflación continúa siendo un riesgo significativo a causa de la débil recuperación económica de la zona del euro y las bajas expectativas inflacionarias. Eurostat acaba de anunciar que la inflación anual de la zona del euro en enero cayó un -0,6% comparado con el -0,2% en diciembre. La inflación de toda la Unión Europea en enero fue del -0,5% y 23 de los 28 estados miembros tuvieron una inflación anual negativa. La tasa más baja fue la de Grecia con el -2,8%.

Una deflación prolongada sería mala para los estados soberanos y para la banca. En un cuadro deflacionario se incrementa la carga de la deuda al generar tasas de interés real más altas, un debilitamiento del precio de los activos y por tanto del colateral ofrecido en garantía y de su calidad al mismo tiempo que difiere el consumo y la inversión. Si la deflación se afianza será más difícil gestionar los créditos con problemas. Al reducir el riesgo de una prolongada deflación y recesión
la expansión cuantitativa puede mitigar esos riesgos. Pero es aun poco claro cuál ha sido el efecto de los programas de expansión del balance adoptados en algunas grandes economías avanzadas desde que se desencadenó la crisis financiera internacional a través de los variados canales de transmisión monetaria.

El 22 de enero el BCE anunció que incluiría la deuda soberana en sus programas de compra de activos, aumentando la dimensión del programa teóricamente abierto hasta el billón de euros a septiembre de 2016. Fitch considera que esta expansión a gran escala podría tener un efecto positivo en la perspectiva económica de la eurozona principalmente a través de una mayor confianza y una depreciación del tipo de cambio.

Sobre estas expectativas reduce los factores negativos comparados con la opción de no tomar medida alguna. Dicho de otra forma la expansión cuantitativa es mejor que no hacer nada. La agencia de calificación sin embargo resalta que la política del BCE no tiene porque aumentar el crédito a empresas y particulares ya que los bancos ya disponían de abundante financiación y liquidez pero hacen frente a una escasa demanda de crédito, o existe un alto riesgo en los créditos potenciales y una fuerte competencia hace a estas perspectivas menos factibles desde el punto de vista económico.

La banca europea sigue concentrada en fortalecer sus balances para hacer frente a las exigencias crecientes de los reguladores, un objetivo que pone en primer plano la reducción del endeudamiento y no la concesión de créditos. La agencia señala en este sentido que no considera que la política de expansión del balance del BCE desate la concesión de crédito en el bloque del euro, una opinión que parecen compartir los encuestados. No obstante un 52% del total consideran que las condiciones de crédito para las pequeñas y medianas empresas serán moderadamente más elásticas en los próximos años y solo un 4% piensa que mejorará de forma significativa.

Fitch considera que la política monetaria del BCE mejora las perspectivas del riesgo soberano en la medida que reduce el riesgo de deflación y recesión prolongadas mejorando la dinámica de la deuda y mitigando la presión sobre las calificaciones de la misma. La recesión o el crecimiento del PIB por debajo de su potencial tienden a reducir los ingresos fiscales y aumentan los gastos del estado en el seguro de desempleo ampliando los déficit fiscales. Más aun un crecimiento negativo o bajo del PIB conduce a un aumento del peso real de la deuda incluyendo un incremento del ratio deuda/PIB, un componente importante en los cálculos de las agencias de rating.

El gasto en intereses cae en el sector público consolidado y no solo a causa de los menores intereses de la deuda que ocasiona la política monetaria del BCE. Los intereses pagados por los gobiernos sobre la deuda pública se dirigen ahora en parte al BCE, y este en la mayoría de los casos los vuelve a volcar, aunque con cierto retraso, en los presupuestos del estado a través del beneficio de los bancos centrales. Con lo cual la posición subyacente de las balanzas fiscales puede ser mejor que lo que indican los déficit aparentes que incluyen el pago total de intereses sin tener en cuenta quien es el titular de los bonos.

Con independencia de su motivación, las compras de deuda por parte de los bancos centrales aumentan la flexibilidad financiera de los estados al reducir la necesidad de financiación neta por parte del sector privado. Es decir tiene como efecto marginal una menor presión sobre el sector privado en materia de financiación de los déficit. El efecto del denominado quantitative easyng es similar al de los bancos centrales como prestamistas de última instancia en el sector de los bonos soberanos para evitar el riesgo de una “carrera” en el mercado de deuda pública. En la medida que el proceso avanza se registra una acumulación de deuda soberana en los bancos centrales que conduce a una menor tenencia de bonos soberanos en el sector privado.

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