edición: 2112 , Viernes, 9 diciembre 2016
25/09/2008

Ten con ten entre Alierta y Bernabé mientras se enseñan músculo

Telefónica y Telecom Italia en tablas… por ahora
Ana Zarzuela

Se han mostrado el filo de los alfiles pero, de parte y parte, guardan las reinas de su tablero. Se reservan. Sea jaque o retirada con algún trofeo en ristre para Telefónica, el movimiento puede esperar. Pero no mucho, el tablero no está para quietudes: el italiano se ha encargado de poner a los petrodólares a la puerta del 10%, pero ni los socios de Telco están por contener la rebelión a bordo mucho más tiempo, ni Telefónica por sostenerle a Bernabé la vela de sus 2.000 millones de minusvalías y una estratégia que no comparte. 

Paz por territorios para Telefónica. Y la condena de la inercia para Galateri y Bernabé, que con la escaramuza sin vencedores no soluciona el rumbo sin brújula de TI, que pasa de nuevo por las sinergias de Telefónica. El romano entona a dos voces el ‘ni contigo ni sin ti’ con el equipo de Alierta. La condena al matrimonio puede más, por mucho que abrazado a la enseña de la italianidad, Bernabé no se resista a incomodarle a Telefónica su sillón del 24% en Telco. Pero le quiere cobrar demasiado cara la puerta de salida. Si Bernabé rompe el statu quo puede ser un otoño caliente.

Para los más optimistas, tablas; para los menos, impasse por las fuerzas igualadas. Bernabé acalla los relinchos de los caballos en el Consejo de Administración. Los deriva -al menos formalmente- al ‘nuevo plan industrial’ para TI, listo para aprobarse antes de 2009. Pero sólo el canje de favores le devuelve las riendas de una nave con más de una rebelión a bordo. A Franco Bernabé, el puente de plata para la española se lo ha tumbado la avaricia, demasiados ladrillos y demasiado caros para Telefónica.  Alierta ha cambiado su rechazo por la abstención. Bernabé se ha dejado en el horno - al menos en este Consejo- el plato más amargo, el de la escisión de la red. Emponzoñado para Alierta, más dispuesto a la abstención, si hace falta, pero más venenoso para TI. Bernabè pone en pausa el proyecto, que requiere mecanismos complejos y tiempos largos para llevarse a cabo. Más sencilla es la valoración de los activos de la red, como los repetidores.

En el baile de su diplomacia ‘preventiva’ Telefónica y Telecom Italia se miden las fuerzas, las alianzas. Y las impaciencias. TI le toma la palabra a Berlusconi y se empeña en llamar al séptimo de caballería de los fondos soberanos, con los que ponerle un tentetieso del 10% a Telefónica. El viaje a ninguna parte en las alas de la italianidad puede encarnarse en Galateri y Bernabé: ni los petrodólares libios de Lafico y los kuwaitíes, ni el ronroneo de Vito Gamberale -que hace tiempo le olisquea la huella a Telecom Italia-,  ni la segregación de la red y la compañía –si Bernabé se atreve a desempolvarlas- vacunan su dependencia de mercados maduros y operaciones tradicionales y la falta de una bitácora estratégica ante la tormenta de las telecos europeas. Los Fossatti lo saben. Alierta, pertrechado en su ascendente industrial, también.

Telefónica aún hace valer el 42,3% de su capitanía en Telco. La participacion de la española es estrategica. Sus expectativas, también. Su paciencia, no menos. Otra cosa será su interés. Hasta ahora, su asiento en Telecom Italia le ha servido a César Alierta para tener un pie en la mayor tajada del mercado italiano, uno de los principales de Europa e ir consolidando su ambición: colocar a la compañía como la primera operadora integrada de telecomunicaciones de Europa. Y para ganar por la mano a Slim en su propio feudo latinoamericano. Pero le ha costado ya unas minusvalías latentes en bolsa cercanas a los 2.000 millones de euros por esta inversión. Toda una invitación para pasar a mayores, o salir por la puerta.

PUENTE DE PLATA FRUSTRADO

La peregrinación romana de César Alierta ha dejado más claro que la sintonía con Bernabé y Gabiele Galateri ni está ni se le espera. También que el ultimátum de los de Gran Vía va en serio y, llegado el momento,  no les temblaría la mano para decir adiós a la inercia que perpetúa para la compañía minusvalías lantentes por 2.000 millones de dólares. Si se queda es como capitán de la nave, con sinergias y músculo industrial y el respaldo de sus socios de Telco. Telefónica sólo tiene que sostener la inercia y aguardar el oxígeno para el valor, peor no puede ser y sus proyectos han caído bien en los inversores. Si se va, Alierta ha dejado claro que no será a cualquier precio. No, desde luego, a cambio del 50% en Vivo, el camino despejado en la casa de los Werthein en Telecom Argentina y el peaje del voto sobre la escisión de la red.

El 50% de Vivo vale 3.483 millones de dólares y el 10% de TI unos 2.900 millones de dólares. TIM Brasil son 6.220 millones. Pero Alierta no quiere desprenderse de una operadora donde aún tiene esperanzas de que Portugal Telecom acabe cediéndole su 50% y que, con un 30% del mercado, le permite consagrar su la hegemonía en la telefonía móvil brasileña y servirse el plato fuerte del banquete latinoamericano, del que recibe ya el 37,4% del total de los ingresos del grupo y cocina el postre de su plan Verónica. Un barco convertido en epicentro del enésimo terremoto del grupo Telecom Italia, no sólo por las pérdidas de 14 millones de euros en un semestre y por el profit warning al calor de su cuarta remodelación en un año, sino por la dimisión del jefe de Tim Brasil. Y del que a Galtieri y a Bernabé no les importaría tanto saltar. Sobre todo si, a cambio, le dan pasaporte a Alierta en TI.

REBELIÓN EN LONTANANZA

Piano, piano, Bernabé y Alierta aquietan las aguas, pero la marea no estará baja eternamente. Telecom Italia no puede esconder sus malos resultados (un descenso del 24% de los beneficios entre enero y junio), obligada a ajustarse el cinturón en la cintura de los inversores (que ven reducido el dividendo en un 20% respecto al del tiempo de los Pirelli) y seguir amagando con el profitr warning. Con los accionistas al borde de una rebelión, hasta los medios italianos -que se relamen esperando una jubilación de Alierta- no tienen más remedio que reconocer que es el núcleo duro y estable de los accionistas el más empeñado en hacer olas, afinar el canto de sirenas para atraer a los rescatadores -sean o no españoles- y desconfiar, entre dientes, de las maniobras de Bernabé.

Aunque el Consejero Delegado y Berlusconi repartan, como mantra de la tranquilidad, la píldora de las ‘inversiones a medio plazo’ y no dejen de confiar en una recuperación bursátil en 2009 tanto como para no rebajar el valor contable de unas participaciones que compraron a 2,62 euros, los socios están incómodos en un barco que se ha vuelto costoso. Y que no rectifica el rumbo. Sobre todo los compañeros de viaje de Telefónica en Telco -la aseguradora Generali, Intesa Sanpaolo y Mediobanca- que por el caracter financiero de sus participaciones se pueden mostrar más afectados por las oscilaciones del valor bursátil y si el titulo se desplomase a 0,85 euros estarían obligados a realizar una ampliación de capital para no entregar el holding a las entidades financieras.

Sin más ases bajo la manga que la disciplina financiera y el adiós a los ´fuegos de artificio´ que proclama Bernabe y con el lastre de un endedudamiento financiero neto de 37.172 millones de euros, poco más puede esperar Telecom Italia que, en el mejor de sus escenarios, beber poco a poco el trago amargo de un aumento del volumen de negocios del 1% al 2% al año hasta 2010.

El desembarco masivo de la banda ancha móvil, la competencia en el mercado celular, la presión de los gigantes de Internet y de los fabricantes de equipos y terminales, la competencia de precios y la maduración del mercado de las telecomunicaciones europeo -que seguirá creciendo al 3,8%- sacuden ya un entorno movido, en el que se avizora en el medio plazo la consolidación europea, un proceso marcado por la fusión de operadores a partir de 2008. Un horizonte en el que las grandes harán músculo al albur del oleaje o sucumbirán ahogadas. Y en el que Telecom –que se ha dejado en el parqué un 46%  de su valor en bolsa en 2008- no alcanza aún la orilla de sus necesidades.

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