edición: 2741 , Martes, 18 junio 2019
13/12/2018

Theresa May supera el voto de censura de su propio partido pero se juega un nuevo revés en Bruselas

La libra esterlina reaccionó al fugaz éxito de la primera ministra en horarios de escasa liquidez
Carlos Schwartz
Theresa May logró obtener 200 votos a favor de su gestión contra 170 en contra, lo que le ha permitido superar el voto de censura de su propio partido, pero con un margen escaso que muestra al partido del Gobierno seriamente dividido en torno a la crucial separación de la Unión Europea (UE). La hora tardía de la votación había puesto en estado de alerta a los operadores de los mercados de divisas que esperaban fuertes oscilaciones si May era derrotada, porque se trata de horarios en los que la liquidez es muy baja en los mercados internacionales, factor que podría haber dramatizado las pérdidas. Temprano por la tarde los parlamentarios favorables a May filtraron su apoyo y dejaron traslucir que ganaría a sus adversarios, esto abrió algún apoyo a la divisa que superó los mínimos de la mañana y reforzó sus posiciones. 
Pero la evidencia de la profunda división, y la realidad de que aunque superara la prueba no tenía garantías de supervivencia política, restó fuerza a la recuperación de la divisa. Los medios financieros en la City tenían clara la supervivencia inmediata de la ministra, y era el comentario generalizado en los medios financieros durante la comida. Los banqueros regresaron a sus despachos con la convicción de que al menos el miércoles no caía la primera ministro. Pero el clima de contienda no se ha sosegado. 

May asistirá en Bruselas hoy a una reunión de emergencia tras solicitar asistencia de sus interlocutores europeos. Tanto la canciller alemana, Angel Merkel, como el presidente de la Comisión Europea (CE), Jean-Claude Juncker, advirtieron a May que deberá ajustarse al acuerdo de separación que ha negociado durante meses y que no se pueden introducir modificaciones al texto. La principal valla para la aprobación parlamentaria del texto negociado con Bruselas es la cuestión de la frontera en Irlanda. Esto le priva de momento del voto unionista de Irlanda del Norte que podría sacarla del atolladero y socava sus posiciones frente al ala dura del partido Conservador. La cuestión de fondo es que la existencia de una frontera regulada por ambas partes, Reino Unido y UE, mantiene de hecho a Londres dentro de una Unión Aduanera que ninguna de las partes puede romper de forma unilateral lo que deja sujeto a Londres a una supuesta pérdida de soberanía sobre el control de su territorio. Este asunto ha levantado verdaderas ampollas dentro y fuera de su partido.

Mientras tanto, y de forma larvada, los indicios de una creciente debilidad económica mantienen alerta a los empresarios. La industria del automóvil es un ejemplo de este proceso. La caída del consumo se ha extendido y el principal fabricante de coches del país, Jaguar Land Rover, anunció un plan de reducción de costes de 2.500 millones de libras que puede suponer despidos. La empresa ya había advertido que un Brexit duro le supondría un coste de 1.200 millones de libras anuales en tarifas, y que en esas condiciones no le resultaría rentable permanecer en Reino Unido. 

Toda moneda tiene su reverso y la condición de socio comercial relevante de España que tiene Londres convierte cualquier incidencia en el proceso de separación en una amenaza a la balanza comercial española. En unas declaraciones recientes el ministro español de Exteriores, Josep Borrell, señaló la buena disposición de Madrid para buscar fórmulas que ayuden a evitar un Brexit duro, puntualizando la importancia que Reino Unido tenía en las relaciones comerciales de España. No sólo se trata de las industrias de componentes, está en juego una parte significativa de la balanza agraria. Son este tipo de consecuencias, que afectan menos a otros países de Europa del norte, las que amenazan sobre todo a lo países del sur europeo. 

Mientras tanto la realidad de que no puede haber una modificación del tratado que se pactó ha llevado a un cambio de estrategia de May que gira en torno a la posibilidad de que haya “documentos suplementarios al tratado, que den ciertas garantías de que algunos de los elementos pactados, como la frontera en Irlanda, serán transitorios y sean suscritos por los otros 27 países miembros de la UE”, de acuerdo con una fuente diplomática europea en Londres. Este es un intento de jugar con textos “no vinculantes” pero que den la posibilidad de exhibir la buena voluntad de la UE. De hecho, Merkel habría sugerido a May en su último encuentro que este tipo de cartas no vinculantes era algo que podría llegar a ser escuchado por los hasta ahora socios comerciales y políticos.

El objetivo central de May hoy es lograr que el texto previsto de una declaración de la UE sobre el Brexit adquiera más firmeza que las vagas alusiones no vinculantes. De acuerdo con la fuente diplomática consultada, lo central de esta declaración deberían ser unas “seguridades” de que las medidas para impedir una frontera dura en Irlanda del Norte son una política de garantías “que no representa una salida deseable para la UE” y que estaría en vigor “mientras sea estrictamente necesaria”. Pero toda esta política de palabras destinadas a rescatar a Theresa May de su situación de debilidad, que está en el interés de la UE, choca contra las pretensiones de que haya acuerdos vinculantes que la dirigente pueda exhibir ante sus compañeros de partido y a la oposición con un inminente voto sobre el tratado que no tiene visos de superar. España, a quien el asunto sigue preocupando de forma inevitable, estará en el bando de los blandos en el sentido de ayudar a superar el trance a May, pero tampoco cuenta con Madrid para dar carácter vinculante a cualquier formulación que se haga fuera del acuerdo pactado.

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