edición: 2850 , Miércoles, 20 noviembre 2019
18/10/2019

Thyssen Krupp se orienta a vender activos bajo su nueva dirección para hacer caja y reducir deuda

Los analistas y los fondos esperan que la primera en la línea de salida sea la división de ascensores
Carlos Schwartz
La nueva consejera delegada de Thyssenkrupp, Martina Merz, se encamina a un plan de reestructuración del conglomerado que va a reducir inevitablemente las dimensiones de este grupo cuya producción incluye desde astilleros y siderurgia hasta componentes de coches y electrodomésticos. El grupo que llegó a tener operaciones en más de 80 países es un residuo de la vieja era industrial alemana que se preciaba por tener grandes conglomerados con una férrea centralización. La fusión de dos colosos del acero a principios del siglo 20 ha dado paso a una empresa que se mueve con dificultad en un mercado en cual se premia la especialización y se tiende a simplificar estructuras. Sin embargo, hay que tener en cuenta que detrás de la resolución del contrato del ex consejero delegado, Guido Kerkhoff, había una batalla con dos fondos activistas. El fondo anglo sueco Cevian, con un 18% del capital, es el segundo accionista de la sociedad y ha mantenido una larga campaña junto con otro fondo, Elliot, para crear valor para los accionistas, un eufemismo que equivale a pedir que se reparta caja. Pero la empresa tiene una carga de deuda de 5.000 millones de euros y Merz quiere reducirla.
Los analistas recuerdan que esta ejecutiva encabezó en puestos anteriores planes de reestructuración enérgicos y que la salida de Kerkhoff se debió, por sobre todas las cosas, a la lentitud ante la toma de decisiones drásticas. Los observadores recuerdan que la empresa vio fracasar dos planes este año, la fusión de las operaciones de siderurgia con Tata y una escisión de activos. No hay tiempo para más proyectos, dicen los que conocen la situación de la empresa. Vista a la distancia la deuda no parece tan significativa por relación con las dimensiones del conglomerado.

Sin embargo, el cóctel de operaciones diversas del grupo ha registrado una reducción del 50% en el beneficio operativo en los últimos nueve meses con unos 683 millones de euros en ingresos combinados pese a una ventas netas del orden de los 31.000 millones de euros en los últimos nueve meses. Estas cifras no alientan esperanzas y fuerzan a la acción, señalan los analistas. Una acción que puede dejar en el paro a miles de trabajadores. La división de ascensores de Thyssen es relevante para España por sus plantas de producción locales. Todas las miradas se dirigen hacia esta división porque es uno de los activos más preciados, fácil de vender o de sacar a bolsa y en este sentido será la primera pieza que se moverá en el tablero.

En una espiral descendente el conglomerado hizo en los últimos años varios 'profit warnings' y finalmente tuvo que abandonar el índice de referencia de la bolsa alemana, el DAX. Mientras tanto los fondos Cevian y Elliot no ocultan que esperan que se haga caja. El socio fundador del primero, Lars Förberg, declaró que espera “una vida independiente” para la división de ascensores. Los analistas calculan el valor de esta división entre 20.000 y 25.000 millones de euros y hay división de opiniones sobre si sería mejor sacar a bolsa el activo o venderlo directamente. De acuerdo con fuentes del mercado los fondos de inversión estadounidenses Blackstone y Carlyle ya mantienen conversaciones para unir fuerzas para una operación de esa dimensión. Otro alineamiento de compradores es el formado por Advent International, Cinven, y Abu Dhabi Investment Authority. De acuerdo con estas fuentes el fondo de capital riesgo CVC Capital Partners está en conversaciones con el fabricante finés de ascensores Kone, con el objetivo de formar un grupo para ofertar.

En el sector se afirma que Brookfield Asset Management también considera la posibilidad de hacer una oferta. En realidad, en el mercado de fusiones y adquisiciones, la posibilidad de que Thyssen Ascensores salga a la venta era largamente esperada y los contactos sobre el particular se dispararon con el ascenso de Merz al cargo de consejera delegada. Nadie duda que con ella al timón se venderán activos. Sorprende esta celeridad porque nadie ha dicho que se hará una venta a un fondo de inversión o a una sociedad de 'private equity'. Algunos analistas miran estos movimientos con poca expectativa de que fructifiquen y señala que los competidores van a ir a golpear la puerta de Thyssen para ofrecer una adquisición que puede reforzar la marca de cualquiera en el sector. Nadie lo menciona pero la pregunta que todos se hacen es qué pasa con Otis Elevator.

Entre los interesados en que haya una venta de activos y una entrada de caja para los accionistas están los mayoritarios con el 20,9% del capital, la fundación Thyssenkrupp. Pero una operación de este tipo requiere antes mirar los balances porque la venta del activo supondrá una pérdida considerable de ingresos anuales. Pero los elementos negativos de la situación económica no dejan de empujar hacia decisiones radicales. La caída en la venta de automóviles golpea a la empresa en dos frentes. De un lado a la siderurgia por las menores ventas de chapa de acero, y del otro a la fábrica de componentes. Esto hace que la perspectiva de ingresos no apunte mejoría en el futuro inmediato, sino más a la posibilidad de un empeoramiento. 

Desde luego el deterioro de la situación de la empresa no proviene solo de los factores de la demanda. También derivan de errores de gestión de bulto. Un intento de extender las operaciones del sector del acero a Estados Unidos y Brasil le han costado a la empresa unas pérdidas de 8.000 millones de euros. La empresa tiene una larga historia de adquisiciones justificadas por las sinergias que suponían con los activos existentes, pero la teoría no fue respaldada por los hechos en el medio plazo. Mientras tanto alguna solución deberán encontrar para la industria siderúrgica. La más probable es una fusión con otro fabricante local de acero, Salzgitter. Pero lo primero que saldrá de la casa serán los ascensores aseguran los entendidos. En el horizonte hay enfrentamientos con los sindicatos, dentro y fuera de Alemania.

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