edición: 2363 , Miércoles, 13 diciembre 2017
18/06/2015
Cambio de expectativas

La banca confirma la escalada del precio del dinero

Santander y BBVA se pelean por el pasivo con ofertas de poco valor
El Estado paga más por la deuda y se le complica reducir el déficit
Juan José González
Los mercados suelen adelantar, con mayor o menor acierto, el futuro. Y las exigencias de los inversores de mayores retribuciones indican que el principio del final del dinero barato está más cerca. Inversores que ya han comenzado a exigir más rentabilidad por los títulos soberanos si es que los gobiernos, en este caso, europeos, quieren seguir colocando sus títulos de deuda. El mercado ya no aguanta por más tiempo los rendimientos tan bajos, y para muestra sirva el botón del bono alemán a diez años, pasando en menos de un mes desde tipos negativos hasta el entorno del 1%.
Los aires de cambio en los mercados de deuda llegan también al mercado español donde se puede observar un repunte en el precio de las nuevas emisiones de deuda pública y, por supuesto, en el mercado secundario, donde los avances son más significativos. Parece uno de esos `brotes verdes´ suficiente para que la banca acelere su particular batalla por hacerse con el pasivo. Santander dio la señal de salida y ahora es BBVA y los medianos los que confirman con ofertas el cambio de expectativas.

Cambia la coyuntura, a pesar de la inestabilidad de la asignatura pendiente de Grecia, asunto que añadirá nuevos capítulos a la serie de contratiempos que genera la crisis del socio europeo con sus sombras de impago, quita, quiebra o corralito. El mercado de deuda `cotiza´ un cambio en las expectativas de los inversores y las últimas subastas de deuda soberana es la prueba de la escalada lenta pero generalizada de que los tipos se preparan para regresar a valores positivos.

El movimiento tiene dos caras, una buena y otra mala. La primera es evidente que es la más positiva para los inversores, los cuales llevan más de un año soportando remuneraciones bajas y que, en numerosos casos, negativas. Pero la segunda, la mala, es que la financiación pública se resiente al ser el Estado endeudado y necesitado de dinero, el que deberá pagar más a los compradores o inversores de sus emisiones de deuda. El problema para el Estado puede ser doble en la medida en que el tamaño del déficit le pueda presionar más o menos. Y en el caso español, la presión es muy elevada. Así las cosas, el Tesoro Público ya está preparado para recibir el encarecimiento de sus costes -de la deuda-.

El encarecimiento de la deuda pública será un problema que llegue con el tiempo, con el calor del verano y que seguramente se prolongará a lo largo de los próximos meses, justo cuando el Gobierno se encontrará en la zona más caliente del curso político, con las elecciones a la vuelta de la esquina así como en época de propuesta y elaboración presupuestaria. Por tanto, dificultades políticas de calendario a la vista que vendrán de la mano de la coyuntura en el corto y medio plazo. Se termina, por tanto, una etapa dulce en la que el Estado español se ha beneficiado de unos tipos bajos en Europa y en EE UU y que traerá nuevas complicaciones a las autoridades en el camino de avance para reducir el déficit público.

El sector bancario sigue muy de cerca el movimiento de las autoridades y parece estar convencido de que la subida de tipos en EE UU está a la vuelta de la esquina. De la misma forma que los precios en Europa ya comienzan a mostrar los primeros síntomas de subida en el corto plazo. Por tanto, entre uno y otro, es previsible que antes de que finalice el año el precio del dinero en EE UU y la inflación en Europa ya se encuentren en niveles claramente superiores a los actuales, incluso, se parezcan a los que se registraban en el mercado hace año y medio. La situación económica en Europa muestra así unas expectativas diferentes, con un avance en los precios una subida que reflejará el precio del dinero y que previsiblemente llevará a los inversores a contemplar la alternativa del mercado norteamericano en detrimento del europeo.

En un escenario donde parece imponerse la convicción cada vez mayor de una cierta reactivación, los inversores comienzan a buscar alternativas a la liquidez. Con las expectativas de regreso a tasas de inflación positivas y el precio del dinero al alza, las entidades bancarias no desaprovechan la oportunidad de lanzar las redes a la caza de un pasivo que, si bien se mantiene en niveles bajos de remuneración y, por tanto, de bajo coste para las entidades, se muestra sensible a los cambios, en definitiva, a las ofertas bancarias que ahora, caso de Santander y BBVA, en actitud defensiva, intentan retener a los ahorradores que han mantenido su dinero en cuentas corrientes con saldos sin remunerar y que ahora buscan otras alternativas. Ambas ofertas, todavía de resultados inciertos, deberían mejorar en calidad y en cantidad. O quizás habría que esperar a recibir mejores ofertas.

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