edición: 2286 , Martes, 22 agosto 2017
02/10/2008

Todos quieren ser Rojo

Germán M.Crespo

Ahora que la prensa británica va diciendo por ahí que nuestro sistema financiero es un ejemplo para el ‘mundo mundial’ y que la Comisión Europea ha decidido -sin decirlo-  copiar nuestro sistema de supervisión bancaria, habría que recordar -y muchos deberían elogiar- a quién fue el garante de que los bancos, pese a que algunos se quejaban por ello, establecieran la llamada provisión estadística o anticíclica, aquella que obliga a los entidades financieras a aumentar las provisiones para cuando vinieran mal dadas, como viene sucediendo desde el verano del pasado año. Se trata del ex gobernador del Banco de España Luis Ángel Rojo.

Gracias a esta imposición, nuestros gobernantes se pueden permitir la licencia de ‘vacilar’ al resto de sistemas financieros, incluido el ‘todopoderoso’ sistema norteamericano. No es de extrañar que el Banco Santander, máximo exponente de nuestro saneado sistema financiero, sentara en su consejo al artífice de la buena salud del sector financiero español.

Muchos eran los banqueros que se quejaban de la cantidad de recursos que el Banco de España les obligaba a ‘guardar en el cajón’ por la famosa provisión anticíclica, cuya imposición buscaba que los bancos y cajas de ahorros españolas pudieran atender con mayor facilidad una hipotética mayor carga de insolvencia que se manifiestan en momentos de crisis, con el objetivo de estabilizar la cuenta de resultados de las entidades. La circular del Banco de España fue impuesta a finales de 1999 y ha quedado demostrado que la decisión del entonces Gobernador del Banco de España, Luis Ángel Rojo Duque, estaba cargada de razón. Añado el segundo apellido por qué para muchos se habrá convertido en todo un ‘Rey’ de las finanzas. Y no es para menos. Rojo está considerado como uno de los mayores impulsores de la liberalización del sistema financiero español, que hoy sirve de ejemplo a muchos países. La saneada situación del sector financiero le debe mucho a Luis Ángel Rojo, que gracias a una política financiera ‘de cigarra y no de hormiga’, ha permitido que seamos la envidia del sector financiero mundial y, sobre todo, el banco en el que ahora se sienta, el Banco de Santander, sea el principal exponente de esta saneada situación, salvando bancos británicos y siempre tenido en cuenta para cualquier operación que se precie, tal y como se ha rumoreado en Estados Unidos cada vez que un banco tenía problemas. Ayer mismo era el sector financiero italiano el que hablaba de una posible OPA del Santander sobre el gigante italiano Unicredit.

Luis Ángel Rojo llegó al consejo del banco presidido por Emilio Botín, el 24 de abril de 2005, en calidad de consejero externo independiente. Es una lastima que Luis Ángel Rojo no siga en el entorno de la supervisión bancaria -¿a nadie se le ha ocurrido que podría ser un buen presidente del BCE?-  y que sólo sea Botín el que se aproveche de su experiencia.

Ya en 2002, Rojo no dudaba en criticar el panorama financiero, caracterizado por el final de las políticas intervencionistas, con la consiguiente desregulación y apertura, «la mayor integración financiera después del patrón oro» y una situación general «más vulnerable e inestable». En este contexto, el economista apuntaba que la mayor competencia obliga a las entidades financieras «a asumir riesgos para los que no están preparadas». El problema es que estos riesgos «son de difícil evaluación, control y seguimiento», debido a la práctica desaparición de las fronteras económicas.

Y no se quedó ahí. Luis Ángel Rojo aprovechó la ocasión para criticar algunas de las medidas de su ex-homólogo de la Reserva Federal de EE UU, Alan Greenspan, como la «laxitud» de sus iniciativas de control en ciclos de auge económico. La política de la Reserva Federal en la segunda mitad de los 90 se caracterizó, según Rojo, por «la resistencia a la intervención para moderar el auge». En su opinión, Greenspan fue «demasiado acomodante para no perturbar el crecimiento».

Pero no fue este el único vaticino de Rojo. Hay que recordar que el ex gobernador del Banco de España ya advertía en octubre de 2006 que ‘no estamos en una etapa de recesión, puede que sí dentro de un año o dos”. Una vez más, no falló en sus pronósticos. Rojo, que en esa época no dudaba en reconocer que nuestro país se encontraba en un momento económico brillante, vinculó sin embargo el devenir de la economía española y europea a la de Estados Unidos, donde crecían las alarmas de desaceleración, entre otras causas, por el pinchazo de su burbuja inmobiliaria.

Rojo también tuvo que hacer frente a una situación de crisis, como fue la intervención del Banesto de Mario Conde –ahora en la órbita del Santander-, al detectar un agujero patrimonial de 605.000 millones de pesetas, y que se saldó sin que le costase un duro al erario público y las cuentas corrientes no sufrieron ninguna merma, al estar garantizadas por el famoso Fondo de Garantía. Para evitar males mayores en el futuro, en diciembre de 1999 decidía imponer la provisión estadística o anticíclica, esa que tan buenos réditos nos está ofreciendo ahora.

Pero hay algunos a los que les ha faltado tiempo para poner en duda el trabajo de tantos años, como es el caso de Cristóbal Montoro, el ideólogo económico del nuevo PP. No dice mucho en su favor poner en duda nuestro sistema financiero, ya que él mismo pudo comprobar en su época de ministro de Hacienda el buen hacer de la política de supervisión del Banco de España, que no cambió en su día con Rojo, ni lo hizo con Jaime Caruana, ni lo está haciendo ahora con Miguel Ángel Fernández Ordóñez. Un puñado de votos no es razón suficiente como para poner en tela de juicio nuestro sistema financiero. Máxime cuando es admirado en le resto del mundo y cuando lo que necesita la economía son buenas noticias. Está claro que el sistema financiero español no es infalible, por supuesto, pero está en mejores condiciones de afrontar una situación de morosidad e inestabilidad que cualquiera de los países de nuestro entorno. De ahí que la Comisión Europea no haya dudado en poner en marcha una vigilancia y actuación del sistema financiero europeo ya existente en nuestro país desde hace más de 20 años. No es de extrañar que las dos patronales financieras –AEB y CECA- hayan salido rápidamente a la palestra para recordarle a Montoro que nuestro sistema está saneado, además de considerar innecesario el reforzamiento del actual sistema de garantía. Habría que dejar de poner en duda lo mejor que tenemos. Pero ya se saben. El típico carácter español.

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