edición: 2594 , Martes, 13 noviembre 2018
20/02/2009
Ya se encargará París de pagar las facturas en Washington

Total rompe la baraja del gas en Irán

Sarkozy le busca compensaciones en Irak y los Emiratos Árabes
Ana Zarzuela

Vuelve por los fueros del gas de Mahmoud Ahmadinejad. Tiene ya sobre la mesa para finales de marzo un contrato por 5.000 millones en el sector de gas, de vuelta al yacimiento de Pars Sur. No han pasado ni seis meses desde que Christophe de Margerie prometiera levantar el pie del acelerador y dejar en barbecho las inversiones en Irán para que no pareciera que “Total hacía cualquier cosa por dinero”. La guerra del gas, la proximidad entre Rusia y Teherán y las urgencias de Total por nutrir sus arterias fuera de Europa le han hecho olvidar, aún a riesgo de quedar en fuera de juego con el compromiso latente de Repsol, Exxon y las demás. La tercera petrolera europea se ampara en el desembarco en Oriente de Sarkozy, que le entrecierra a Total las puertas nucleares galas, pero le abre las del gas y el petróleo allá donde sólo la diplomacia puede llegar. Quiere alejar las intenciones de Total del cerco nuclear de Areva para dejarle el terreno expedito a Alstom. Y le busca compensaciones fuera de Francia al calor de su  nuevo disfraz de ‘Sarkozy de Arabia’. El gas iraní, el petróleo iraquí y las nucleares de los Emiratos la esperan. Ya se encarga París de pagar las facturas en Washington.

El brillo de la 11ª fase del yacimiento de gas Pars del Sur -el mayor del mundo, donde la espera Gazprom desde 1997- han podido más. Casi tanto como las posibilidades que Total se piensa para jugar la ficha de sus 14 billones de metros cúbicos de gas en un tablero regional en plena efervescencia, en el que Irán está llamado a aprovisionar a Bulgaria y a la UE. La primera empresa por capitalización en la Bolsa de París quiere sitio en la reunión de Praga el próximo mes de mayo, una silla en la tribuna de los llamados a surtir el gasoducto Nabucco al que se aferra Europa para escapar de la pinza de Gazprom.

El desembarco en Irán le pone a tiro a los de Christophe de Margerie su boleto de entrada a un club al que pertenecen Azerbaïdjan, Irán, Turkmenistán e Irak y al que Total quiere llegar por todas sus puertas de acceso. Con las heridas de la ‘guerra del gas’ aún recientes, Bruselas reconoce que el Kremlin acaricia el tridente del gas para la UE en la próxima década (ya sea por las venas de Nord Stream -gracias a E.ON- o South Stream -con la venia de Eni- o por las de Nabucco) y que el gasoducto Nabucco verá la luz sólo si es con Rusia, ahora que se ha encargado de cerrar filas con Bielorrusia, Kazajistán, Kirguistán y Tayikistán a golpe de mejores precios y un fondo de ayuda ante la crisis financiera.

El gas de Irán y las reticencias de Turquía lo avalan. Y Total quiere verlo desde primera fila. No las tiene aún todas consigo para cumplir con su nueva alianza antes del año nuevo iraní, en marzo: Total e Irán ya habían suscrito en 2004 un acuerdo para el desarrollo de la fase 11 y una fábrica de GNL, pero jamás se ejecutó: pudieron más las dudas de las autoridades iraníes, la subida de costes proyectados y las sanciones a sus deslices nucleares. Las mismas que penden ahora sobre el nuevo idilio galo-iraní.

El repudio o las reservas de Repsol y Royal Dutch Shell (que metieron al congelador la fase 13 del yacimiento), de Exxon y de la propia Total alejaron a Irán de la posibilidad de incrementar sus exportaciones antes de una década. Pero los 5.000 millones del acuerdo con la gala despejan de nuevo las aspiraciones de Mahmoud Ahmadinejad, reforzado en el último semestre con la proximidad a China y Rusia. Necesita además liberarse de la dependencia de Tukmenistan (va a colaborar con él e el campo deYoloten), hacerse valer como proveedor de Nabucco, meter la cuchara con Moscú en el South Stream. Necesita más de 150.000 millones para cumplir sus designios energéticos. El reino de los ayatollahs no mide apellidos. Coloca en su lista de espera a Shell, Eni y Repsol, por más que las tres hayan levantado un muro de prudencia desde hace seis meses y esperen con la vista puesta en Washington.

Teherán coquetea con la energía nuclear de su vecino Kuwait -urgido de diversificación- a cambio de acceso a las cuartas mayores reservas de hidrocarburos del mundo. Sarkozy le ha despejado a Total hace una semana el camino y, aunque el emir y sus vecinos de los Emiratos Árabes Unidos no han desvelado el nombre, una empresa gala está llamada a pilotar su despegue atómico. Las cartas ya están marcadas, al menos las del Elíseo. Paradojas de su ‘ajedrez’ energético, aunque aún no haya propuesta negro sobre blanco, no son otras que Areva y Total las que desde hace casi un año insisten en que están convocadas a desarrollar dos reactores nucleares en los EAU, con 2016 como fecha de inicio. Dejar pasar a Areva al desfile atómico del Golfo tendría también un precio. Puede que Teherán lo pague: Kuwait ya está construyendo infraestructuras para importar gas natural licuado desde Qatar desde este año y desde Irak e Irán a partir de 2011.

COMPENSACIONES EXTERIORES PARA TOTAL

El Elíseo busca compensaciones para Total, ahora que a Sarkozy se le alborota la cuadra nuclear francesa. La salida de Siemens, que celebra sus resultados dejando a Areva con su 34% entre manos, no sólo fin a una aventura iniciada a finales de los años ochenta cuando se asoció con el grupo francés Framatome para desarrollar el reactor EPR. Su tocata y fuga deja a la gala compuesta y sin novio, sin socio; con 2.000 millones, pero a cobrar no antes de tres años, cuando la separación se formalice en divorcio. Sola, al fin, con el rompecabezas de sus propias cuentas. Con su EPR, el primer reactor de tercera generación, ha logrado varias cabezas de ventaja sobre Westinghouse ou General Electric, pero nada que la falta de inversión, las demoras y la competencia de Siemens no pueda erosionar. 

Le gustaría hacerle sitio en Areva a Alstom y su accionista de referencia, Bouygues. Y celebra la futura soltería de Areva con contratos de conversión de uranio a cuatro manos con EDF. El Elíseo dorna su divorcio acercando a sus dos campeones estatales. Pero a Sarkozy  EDF y su corona eléctrica le saben a poco, quiere otro campeón nacional sólo nuclear y Areva se lo ha puesto a tiro. La marcha de su rival germano vuelve a poner en carrera al grupo presidido por Patrick Kron, con las bendiciones de Sarkozy, pero los recelos de Anne Lauvergeon a flor de piel y el deseo confeso de cobrarse cara- en independencia- la amistad con el Elíseo. Sólo Total está dispuesta a estropearle la foto de Alstom, con el 1% de Areva en ristre. Le pelean el cuasi monopolio civil nuclear a EDF. GDF Suez quiere hacer valer los galones nucleares de su filial Electrabel, responsable del 90% de la energía nuclear belga. Total busca compensar su falta de rodaje atómico con su fortaleza financiera e industrial.

Bagdad pedía pruebas de entusiasmo a las multinacionales y Total está dispuesta a dárselas a raudales, en boca de Nicolas Sarkozy: la primera visita de un presidente galo a Irak desde su oposición a la guerra en 2003 llegaba hace quince días de incógnito y por sorpresa, pero no tanto como para que su gira energética no prometiera, de cara a la galería de Al Maliki, abrir dos nuevos consulados en Basora e Irbil (dos puntos estratégicos de producción de petróleo) y una embajada en Bagdad. Un triángulo que- Sarkozy dixit- está llamado a facilitar las labores de la compañías y empresarios franceses, y desarrollar los lazos con Irak". Para empezar, las de Bouygues, Airbus y la petrolera de Margerie, que espera casi triplicar la producción del país, hasta los 6 millones de barriles y le pelea ya el sitio a LUKOIL y ConocoPhillips.

Repsol YPF no pierde de vista Oriente Próximo, acaricia las nuevas reservas en Líbano; ha reservado 700 millones de inversión para las extracciones de crudo en las áreas de Genghis Khan y Shenzi y se atreve a seguir mirando de reojo a Irán y a cogerle el guante a Al Maliki en Irak. Estaba desde junio entre los llamados a comer del pastel del crudo por el propio gobierno bagdadí, pero peinó la calma de las prisas de la senda de BP, Exxon Mobil, Shell, Total y Chevron, elegidas ya a dedo por el Gobierno iraquí. Prometió no llegar hasta que no estuviera claro y Antoni Brufau ha comenzado a ‘ver la luz’ en enero, con la segunda ronda de licencias de proyectos. No aspira, por el momento, a la exploración y producción. Coge el guante de los proyectos de ingeniería del gobierno de Nouri al Maliki, empeñado en que las españolas desembarquen allí, aunque sea chocando espadas con la italiana Eni y la japonesa Nippon Oil. Cuando lleguen, Sarkozy promete que ya estará esperándolos Total.

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