edición: 2351 , Viernes, 24 noviembre 2017
28/09/2010
Buen Gobierno

Transparencia corporativa, un paso más de la mano de la nueva Ley de Auditoría

El nuevo texto impone la obligación de publicar anualmente un informe de transparencia
Beatriz Lorenzo

Tras décadas de oscurantismo e información sesgada, tras la peor crisis económica desde el crack de 1929, la transparencia se ha convertido en uno de los intangibles más valorados tanto por el sector público como por el sector privado, en el paradigma de un nuevo modelo económico que pretende ser menos voraz y más sostenible.  En lo que se refiere al sector privado, las compañías permanecen bajo la atenta mirada de unos grupos de interés cuya confianza ha disminuido varios enteros. Surge entonces un creciente interés por parte de los organismos supervisores en regular los contenidos y la forma de difundir y transmitir la información; y las nuevas tecnologías e Internet se perfilan como los cauces más apropiados para satisfacer las exigencias de veracidad, velocidad e interactividad. 

En materia legislativa, juega un inusitado papel en pro de la transparencia informativa la nueva Ley de Auditoria que acaba de ver la luz tras más de dos décadas de espera, adaptándose por fin a la Octava Directiva Europea.

Dejando atrás la chirriante obsolescencia de la Ley de 1988, el nuevo texto legislativo aporta seguridad jurídica en materia de incompatibilidades y aumenta el grado de comparabilidad entre los informes realizados al amparo de la Ley y los que se llevan a cabo en el resto de la Unión Europea. Sin embargo,  es en materia de transparencia donde el nuevo texto da un paso adelante, alineándose de ese modo con las recomendaciones y peticiones de la mayoría de los organismos internacionales. El nuevo texto impone la obligación de aplicar las normas internacionales, emitidas por la IFAC y aprobadas por la Unión Europea, aboga por un incremento de la calidad y, más importante aún, exige a las firmas que auditan a entidades de interés público la publicación anual de un informe de transparencia, haciéndose eco de las buenas prácticas recomendadas en materia de gobierno corporativo.

BUEN GOBIERNO

La nueva concepción de gobierno corporativo para las compañías del siglo XXI viene definida por un estudio elaborado por Juan Luis Gandía y Tomás Andrés y dado a conocer por la Comisión Nacional del Mercado de Valores establece que el  gobierno corporativo  “debe entenderse como la integración de la tecnología, en especial de Internet, en el proceso decisorio propio de los órganos de  gobierno de la sociedad. Y todo ello con el fin de facilitar la aplicación de prácticas  de buen gobierno que contribuyan a incrementar la transparencia informativa de la  sociedad, generando con ello valor añadido para la compañía y mejorando la  comunicación con los terceros interesados.”

En relación a las mejores prácticas en materia de transparencia corporativa, destacan los casos de compañías como KPMG, que se adelantó en varios meses a la entrada en vigor de la nueva Ley de Auditoría publicando una memoria de transparencia que desglosaba, entre otros aspectos, los ingresos por prestación de servicios de auditoría y las bases de la remuneración de los socios de la firma.

Por otra parte, hace relativamente poco tiempo que en España se realiza- con la participación de Ecología y Desarrollo como socio local encargado de asegurar la participación de las compañías- un exhaustivo análisis anual de la mano de Carbon Disclosure Profejct que valora la transparencia de las empresas del IBEX 35 respecto al cambio climático. El objetivo de este análisis es el de facilitar que inversores de todo el mundo utilicen las respuestas al cuestionario CDP en sus decisiones de inversión y de creación de nuevos productos ligados a los riesgos y oportunidades del cambio climático, para así incentivar en las empresas una postura responsable frente al cambio climático. Aún así, todo este conjunto de iniciativas aisladas en pro de la transparencia todavía no son suficiente, tal y como demuestran las conclusiones de uno de los últimos informes de la Comisión Nacional del Mercado de Valores que aclara que las sugerencias del Código Unificado de buen gobierno relativas al régimen de aprobación y transparencia de las retribuciones de los consejos no sólo son de las menos implantadas entre las sociedades cotizadas españolas, sino que además su seguimiento ha retrocedido del 64% en 2007 al 62,6% en 2008. Un aspecto, el de la transparencia salarial, que se resiste a ser implantado en el ámbito de las cotizadas españolas.

TRANSPARENCIA 2.0

Con la obligación de publicar un informe de transparencia en la web, la nueva ley de Auditoría da un paso adelante en la alianza con la Sociedad de la Información e Internet como cauce de comunicación. Y es que no solamente las nuevas tecnologías insuflan aire a la rueda que hace girar y fluir la información responsable. También la llamada web 2.0, término acuñado por Tim O’Reilly, está jugando un papel cada vez más importante a la hora de contribuir a que los informes y memorias de sostenibilidad sean más interactivos, más ágiles, más accesibles a los grupos de interés.

El término web 2.0 abarca a una nueva generación web basada en comunidades de usuarios, cuyo uso está orientado a la interacción, la colaboración y el intercambio de información entre sus miembros, dando pie a una web participativa y esencialmente “social”, avalada por las denominadas API (Application Programming Interfaces). A su amparo, surgen canales de comunicación novedosos y participativos los que surgen gracias a la web 2.0. Cada vez son más los departamentos de Comunicación de las compañías que se esfuerzan por identificar los espacios virtuales en los que se discute sobre la empresa, para empaparse de esas discusiones y aportar información adicional.

El poder del ciudadano en la era digital, el poder del stakeholder en el seno de una compañía, son los únicos-y potentes-motores que hacen falta para que la RSC y la web 2.0 sigan viajando en el mismo vehículo.Como expuso el propio Tim O’Reilly en 2005: “Detrás de cada éxito de aquellos gigantes nacidos en la era de la “Web 1.0” que sobrevivieron en la era 2.0, parece existir un mismo principio: lograron tomar el poder de la Web para canalizar la inteligencia colectiva”.Por su parte Viviane Reding, miembro de la Comisión Europea Responsable de la Información en su discurso sobre las “Mega-tendencias que configuraran el futuro de Europa”, aseguró que “la Web 2.0 empieza a ser utilizada no solo como herramienta de negocios por las empresas, sino también como una forma de mejorar e incrementar los servicios gubernamentales”.

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