edición: 2702 , Martes, 23 abril 2019
29/07/2009
OBSERVATORIO LATINOAMERICANO

Tras "dilapidar" las pensiones, los Kirchner se quedan sin cajas que sacudir para evitar el default en tres meses

Ahora que se ‘bebieron’ la liquidez de la Anses, presionan al sistema financiero, cambiarán la contabilidad del Banco Central, agotan los canjes de divisas con sus aliados y posponen pagos
La Casa Rosada valora soltar algunas participaciones empresariales nacionales de los fondos de pensiones nacionalizados
Ana Zarzuela

Regresan a un futuro en el que, de nuevo, huele a 2001. No les llega la camisa al cuello de la deuda. Las aseguradoras, con Standard and Poor's en cabeza, sólo le dan hasta 2010 para caer al barranco del default si no corrige rumbo. Sólo los fondos públicos lo conjuran, lo reconoce hasta el ministro Bodou. El zigurat de sus piruetas sólo trata de retrasar un fantasma al que los analistas, las agencias de calificación (con Standard & Poor's en cabeza), los mercados (con el precio de los bonos cercanos al default) y todos los acreedores de la Casa Rosada ya le han puesto fecha: comenzará a rondar los muros del Estado argentino dentro de tres meses. Los Kirchner apuran tratamientos. Maquillan el Indec, pero no aceptan el padrinazgo del FMI. El nuevo ministro de Economía, Amado Bodou, mira a las ‘cajas’ hasta ahora intocadas y pasa su mano por las últimas telarañas de las ya exprimidas: la Administración Nacional de la Seguridad Social (Anses)- que Bodou dirigía hasta ahora- le ha dado 7.300 millones de dólares a las arcas públicas en lo que va de año y acaba de suscribir letras del Tesoro por 1.500 millones de dólares, pero al principal financiador de los Kirchner le tiemblan ya las piernas de la liquidez. Será insuficiente para encarar los 20.000 millones pendientes para los primeros compases de 2010 ante la salida de capitales, la recesión prevista en un 3% y la debilidad del músculo fiscal, por primera vez en seis años en déficit.

Irritan al Banco Central y se arriesgan a estirar las costuras de su contabilidad para forzar el trasvase de liquidez al Tesoro; mendigan a las puertas de Hugo Chávez, preparan los canjes de divisas de emergencia con Brasil y China; comienzan a forzar la morosidad de sus proveedores -Pdvsa para empezar no verá los 800 millones de dólares que le deben-; enfadan a los grandes bancos con su amenaza de una megatasa financiera y la emisión ‘voluntaria’ de bonos bancarios. Y hasta han comenzado ya a buscar la liquidez bajo el colchón de la Anses: repatría ya las inversiones de EEUU, estudia desinversiones y busca qué activos vender en Argentina para tener acceso a parte de los 7.500 millones de dólares que calcula en esas participaciones.

No es casualidad que, sobre la mesa del ministro Bodou, sus asesores le hayan recordado que sólo la venta de la participación de Telecom y Tenaris le permitiría ingresar a las arcas del Tesoro al menos 2.500 millones de dólares. Y si hace falta, la Casa Rosada busca -advierte Barclays- nuevas fórmulas de reproducir la inyección de la nacionalización de las pensiones para saciar su sed de liquidez., aunque sea lanzando globos sonda en los corrillos bonaerenses: para empezar, ése que jura que ya le han puesto los ojos a varias energéticas para poder volver a tocar de cerca y a dos manos su liquidez. Asume ya sus efectos secundarios: la restricción a las importaciones ahoga la industria y enfada a sus vecinos, la fuga de capitales, desabastece a la industria y deja a los bancos en brazos de sus bonos; las empresas hace un año que no emiten acciones. Y hasta la Anses le recuerda que ya está en rojos, duplicó su déficit en dos trimestres y no da para mucho más, ahora que las nuevas reglas de movilidad le  el suelo de su caja tonta.

A CONTRARELOJ

Les pone fecha, alto y claro, Standard and Poors, con la misma letra con la que pronosticó las quiebras de General Mostors y Chrysler: a los Kirchner “les queda poco tiempo”. “Si no corrigen su política económica” la tierra del tango desembocará de nuevo en la cesación de pagos en 2010; ni la emisión de nueva deuda en los próximos trimestres ni el rebaño de las últimas migajas de la Anses serán ya suficientes para contener la vía de agua de la fuga de capitales, la tormenta de la caída de las reservas oficiales y de los flujos de ingresos: si no llueve en latitudes argentinas la financiación externa antes de tres meses, dará con sus huesos en la reedición del default. Si hasta ahora necesitaba 6.500 millones de dólares anuales pasa salvar las urgencias de su financiamiento, en 2010, sólo el vencimiento de deuda tendrá que enfrentar 20.000 millones, en un país que se aleja del horizonte de un superávit comercial de 15.300 millones y en el que la salida de capitales, la debilidad del músculo fiscal, la recesión prevista en un 3% para 2010 y ya huelen a 2001.

Argentina, después de seis años consecutivos de superávit ha acabado con sus cuentas fiscales en rojo y pese al auxilio fiscal de la Anses y la distribución de ganancias del BCRA en el primer simestre, el superávit primario cayó en 13.000 millones de dólares. Pero la Casa Rosada sólo tiene ojos para el consuelo de Morgan Stanley: a pesar del déficit fiscal en 2010 de casi el 1% del PIB, sus ‘juegos de manos’ le permitirán pagar, aunque no a medo plazo, más allá de los 18 meses. Y sigue la bitácora inversa a las recomendaciones. Nada de reducir gasto público, nada de recuperar acceso a los mercados voluntarios, menos aún, un acuerdo con el FMI que permita salvar la brecha de 2010. Camina por el desfiladero del riesgo, sin las pértigas de la Anses, ni los paracaídas de la emisión de bonos, o los parches de ayuda brasileña y venezolana. Cada vez más cerca de las aguas del default. Hasta el Banco Central le recuerda que si no regresa a los mercados y genera un mayor superávit, puede tener problemas para cubrir los servicios de deuda y otras necesidades de financiamiento más allá de 2010.

Ya han comenzado a intentar barrer bajo la alfombra de la diplomacia las luces rojas de sus impagos: la Casa Rosada le ha pedido clemencia a Hugo Chávez, no tiene cómo pagar los más de 800 millones de dólares de deuda atrasada con Petróleos de Venezuela (Pdvsa) por el fuel y el gasoil con el que alimenta sus centrales termoeléctricas, menos aún de hacerlo en efectivo y con prisas, ahora que Caracas ha comenzado a poner la mano de sus propias urgencias y está dispuesta a dejarla a dos velas en pleno invierno austral, si no canjea, al menos un primer pago de 12 millones de dólares como señal. La Casa Rosada renegocia ya otra ‘patada hacia adelante’ con el Palacio de Miraflores: ya en mayo acordaron subir los intereses del 2 al 6% anual a cambio de la paciencia venezolana. Todo con tal de no romper la sintonía con el mejor ‘padrino’ de sus emisiones de bonos. Pero ni la nueva ‘cara’del Indec, ni los esfuerzos de Bodou por desandar el camino de los bonos públicos ligados a la inflación -CER- ocultan que, por más que el Instituto Nacional de Estadísticas y Censos reconozca un 2,7% de alza de la inflación en el primer semestre, las consultoras privadas multiplican por tres un valor al que sigue ligado el 42% de los bonos de la deuda soberana argentina, más de 140.000 millones de dólares.

No quiere oír nada más. Dicen los muros de Palacio que la presidenta se deprime y ha prohibido que le cuenten las miserias del perfil de su deuda y los riesgos de sus finanzas. A Carlos Fernández la sinceridad le costó la cabeza. Varios ministros hacen llegar sus temores a los analistas independientes y bajo la mesa del nuevo titular de Economía, Amado Bodou: la liquidez de la Anses y los depósitos públicos en la banca oficial serán sólo un ‘aperitivo’, aún si consigue salvar el último trimestre, la prueba del nueve vendrá después. Los Kirchner cambian de cara al Ministerio, le lava la fachada -y los asesores al Indec- pero Bodou ha dejado claro que la bitácora sigue siendo la de la ‘senda K’, aunque el efecto postelectoral, la contracción fiscal, la huida de capitales-2.000 millones de dólares al mes-, la caída de las importaciones y la actividad industrial, la orfandad de inversiones, la recesión económica -que hasta el Indec comienza a descontar para 2010- y la sequía del surtidor de sus recursos públicos -la Anses y el Banco Central- le estrechen el camino aún más.

En los últimos cinco años ha esquivado la laguna del default con las pértigas de los bonos que colocó en Venezuela, las inyecciones de liquidez del sector público y el bálsamo de su balanza comercial. Ahora, con los mercados voluntarios de crédito aún cerrados, su capacidad financiera bebe de una recaudación fiscal en caída y al superávit comercial y se prepara para echar mano del Banco Nación y otros organismos públicos, de algunas ayudas del BID y abrir con más intensidad el grifo del Banco Central -en contra de las advertencias de su propio presidente Martín Redrado- e intenta apretarle las últimas tuercas de la liquidez al sistema financiero: a la vista del enfado del tejido bancario argentino han vuelto a meterlas al congelador, pero Bodou y Echegaray no ocultan que sólo buscan una oportunidad para imponer un impuesto a la renta financiera sobre todos los instrumentos–aún a riesgo de subir más las tasas de interés, retraer el crédito y aumentar la fuga de capitales- y un bono sobre los recursos en poder de los bancos -probablemente sus depósitos en dólares- como el que ya fracasó con Domingo Cavallo justo en 2001. Martín Redrado aceptó comprarle bonos a la Anses, que deposita luego los fondos en el Banco Nación, pero eso es todo: no quiere que Economía se apropie de la liquidez de los bancos.

En las entidades financieras suponen que, como poco, el Gobierno intentará una colocación ‘voluntaria’ de bonos al 10% en dólares, pero los banqueros prefieren incluso seguir con su dinero en títulos que cotizan ya a precio de default. Los Kirchner apuntan de nuevo con los cañones de Hacienda a la contabilidad del Banco Central para financiarse: no se conforman ya con sus reservas, propondrán evaluarlas contando con el retorno obtenido por la depreciación del peso frente al dólar para poder trasvasar más liquidez a las arcas del Tesoro. Al ministro Bodou sólo le queda hacer valer el acuerdo con China para el intercambio de divisas en caso de emergencia por 10.000 millones de dólares y acelerar otro similar con Brasil por 1.800 millones -si el enfado de Lula por el proteccionismo de los Kirchner lo permite- . Los acuerdos sociales que los Kirchner cocinan cargarán aún más las espaldas del Tesoro. Ya han comenzado a barrer debajo de la alfombra: si los planes de los Kirchner salen adelante, incorporarán el déficit de Aerolíneas Argentinas al presupuesto de 2010 como gasto social. La negociación con el campo para las retenciones a la exportación agravará en al menos 3.200 millones de dólares el costo fiscal, un acuerdo con los gobernadores por el impuesto al cheque al menos otros 5.000 millones de dólares por año y las nuevas políticas sociales comprometidas por la Casa Rosada para avalar el bautizo de Bodou, al menos otros 10.000 millones.

SE LES VACÍA LA ‘CAJA FUERTE’

Sacude las últimas telarañas de sus ‘cajas de caudales’. La Anses, el salvavidas del sudoku de su déficit y de la orfandad de las inversiones institucionales que antes hacía la AFJP-, grandes compradoras de títulos y los principales inversores en las suscripciones de acciones-, no podrá seguir siéndolo ya más, no al menos por mucho tiempo: ha duplicado sus cargas y finalizó  junio con un rojo de $ 1.460 millones, gracias a unos gastos de 10.170 millones. De sus recursos adicionales, sólo el 60% se destinó a las prestaciones, el resto fue a financiar el gasto corriente y de capital de la Casa Rosada. Si no hubiera sido por los 6.000 millones de dólares adicionales que Amado Bodou vio sobre la mesa de la Anses en 2008, ya tendría un déficit de 3.000 millones de dólares. Del total de 80.000 millones heredados del ahorro de las administraciones privadas, 60.000 están ya en títulos públicos, préstamos garantizados y Letras de Tesorería y 7.500 millones de dólares corresponden a acciones de empresas locales, tampoco de disponibilidad inmediata. Además, desde septiembre habrá que financiar el aumento a jubilados por la Ley de Movilidad, al menos 2.000 millones de dólares de costo adicional para el último trimestre y 7.000 millones para 2010.

La nueva orden para la Administración de la Seguridad Social es repatriar, a toda velocidad capitales invertidos en el exterior. Ya ha comenzado a hacerlo, el pasado mes, con el retorno de 764 millones de dólares en efectivo utilizando un fondo de inversión gestionado por una sociedad de Bolsa de Nueva York. Lo justo para esquivar la amenaza de embargos del juez Griesa ante las denuncias de los tenedores de bonos y traer a la Casa Rosada una nueva inyección de liquidez. Quedará menos margen para gasto público y política anticíclica con una recaudación afectada por la crisis. Menos aún, para sostener las inversiones. Ha comenzado a soltar el lastre fuera. Y se piensa retirar la mano del Estado y reeditar la tocata y fuga -la ‘bolsa a cambio de la vida’ y de la renuncia al sitio en las Juntas Directivas de las grandes multinacionales- a bordo del accionariado de algunas de las participadas por los fondos de pensiones.

Lo ha comenzado a descontar el titular de Economía, todos los pasos de sus urgencias se pisan ya allende las fronteras argentinas, busca el atajo al redil del crédito internacional, pero trata de hacerlo esquivando la puerta del FMI. Sólo acepta las migajas de los 2.500 millones de Derechos Especiales de Giro que le corresponden a Argentina: lo justo para algunos vencimientos cercanos de deuda, como los 2.350 millones de dólares que vencen el 3 de agosto del Bonden 2012, pero poco para aproximarse a los al menos 8.000 millones de dólares de reservas que tendrá que usar en los próximos dos semestres sólo para seguir cumpliendo con el programa de la deuda atrasada. Nada de acercarse a las promesas de Cristina Fernández que en septiembre- en plena euforia por la digestión de la Anses- prometía  cancelar los 6.900 millones de dólares de mora con el Club de París y refinanciar los bonos por valor de 20.000 millones de dólares con los tenedores que rechazaron su canje en 2005, tras el default de 102.000 millones de dólares de 2001. Con los primeros, reedita las sonrisas. Con los segundos, sólo le queda cruzar los dedos para que -paradojas de la tierra del tango- sea justamente el precio por los suelos de los bonos en default lo que anime a los holdouts a negociar para sus 28.000 millones de dólares pendientes lo que repudiaron en 2005. Pero no es Credit Suisse First Boston el único que recomienda no acercarse a los bonos argentinos -ni a los 5.000 millones a 20 años que estudia emitir la Casa Rosada en los próximos meses- mientras el Gobierno no cambie o aclare sus horizontes a medio plazo.

Es el mismísimo Banco Central y las luces rojas que ha encendido a su llegada el nuevo ministro de Economía, Bodou, las que llueven sobre mojado en los avisos de las calificadoras de riesgo y el perfil de los bonos: Ni la letra pequeña de S&P a la que se aferran los Kirchner ni las nuevas caras de su aparato económico opacan los fantasmas que  Fitch Ratings advierte a iProfesional: la nacionalización del sistema de seguridad social fue la respuesta inadecuada a la crisis. La falta de liquidez en el mercado local es sólo una evidencia más de que los inversores extranjeros no se acercan y los argentinos se ponen a cubierto en la trastienda de un escenario en el que han entonado la tocata y fuga. El zigurat de sus impagos tiene sucursales provinciales, se lo advierte el BCRA: las cuentas provinciales seguirán deteriorándose por la caída de recursos propios y la coparticipación federal de impuestos. Economía y Regiones estima que el déficit de las provincias ascenderá al menos a 10.0000 millones de dólares en 2010, 12.000 si se reabren las paritarias antes de fin de año. Los Kirchner vuelven a guardar a la nevera el surgimiento de las ‘cuasimonedas’ regionales. Y buscan ofrendas de paz para los gobernadores, que con Buenos Aires en cabeza -incluso los oficialistas hasta ahora más cercanos al ‘kirchnerismo’- exigen los pagos retrasados del Estado y apoyo del Gobierno para acceder al mercado de crédito internacional, si no quiere que se zambullan en cesación de pagos y emisión de monedas propias como en la crisis de 2001.Sólo la capital requiere 4.000 millones de pesos si no quiere acabar el año en quiebra.

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