edición: 2611 , Viernes, 7 diciembre 2018
16/05/2016
Aliado pero insuficiencte

El TTIP no sacará a España de la `segunda división´ europea

Aunque la mediación de EE UU puede librar al Gobierno español de una vergonzosa sanción de Bruselas
Juan José González
Llega desde la Casa Blanca el llamamiento a Bruselas para que no aplique todo el rigor legal ni político a sus socios más necesitados de flexibilidad fiscal, como Portugal y España. La solicitud, en principio tan amistosa y constructiva como interesada del centro de poder norteamericano, se produce en un entorno preelectoral en aquel país, de tensión europea por la amenaza de sanciones a los incumplidores del déficit público y, en particular, en el preámbulo del que se pretende nuevo marco de relaciones comerciales entre Europa y EE UU, de siglas TTIP, y con el que se pretende mejorar (cambiar) algunas reglas del libre comercio intercontinental. La ocasión que se presenta con la entrada de EE UU en el escenario comercial europeo, puede ayudar a que España no sea sancionada por Bruselas, aunque no para ascender de categoría.
Reza la exposición de motivos del futuro documento de comercio TTIP que más de 800 millones de ciudadanos se verán beneficiados por el cambio de reglas que conlleva el nuevo tratado comercial. Un estudio reciente del think tank Centre for Economic Policy Research (CEPR) adelanta que la economía de Europa puede crecer medio punto y creará más de dos millones de empleos, lo cual no podrá ser verificado hasta bien entrado 2027. El ejercicio de previsión parece sencillo sobre el papel, igual que cuando se `vendió´ la reforma laboral en España, de la que se aseguró que produciría en dos o tres años una reducción del desempleo "sustancial". Dos años después, las cuentas confirmaron un millón de puestos de trabajo destruidos, reducción salarial y precariedad. Ahora quedan por comprobar la forma en que la mencionada buena reforma laboral influirá sobre las pensiones, y para lo que habrá que habrá que esperar a 2019.

La Comisión Europea parece estar muy cerca de las tesis americanas en el nuevo TTIP porque basa su postura en base a las ideas del CEPR una vez desestimado otro estudio que aseguraba un crecimiento de la economía norteamericana del 15% frente a un 5% de la europea, lo que en términos de empleo se correspondería con 1,3 millones de europeos que perderían su trabajo. Así pues, la suerte en la cara y la cruz de la misma moneda parece flotar sobre el futuro de un nuevo tratado de imprevisibles consecuencias para Europa y, en particular para España.

Sin embargo, no parece llegar el TTIP en su fase inicial de negociación, en el mejor momento para España, socio de la Unión Europea actualmente `imputado´ en una falta por incumplimiento del objetivo de déficit público con el agravante de reiteración. Otro asunto es que la petición de la Casa Blanca a Bruselas para que flexibilice la fiscalidad a los socios en apuros suponga aportación alguna en uno u otro sentido -sanción o apercibimiento- a la decisión que adopte Bruselas sobre el incumplimiento de España. Es, por tanto, EE UU el mejor aliado ocasional que se puede haber encontrado España en el actual escenario.

Llega el `aliado´ americano en ayuda del `socio´ español en el momento de máxima debilidad, en el sexto mes con un Gobierno en funciones, un ministro de Economía en posición de salida, con Bruselas amenazando con la imposición de sanciones por un incumplimiento, el del déficit público, que parece ser la norma en el historial de otros socios de la Unión. La suma de motivos y circunstancias que juegan en contra de España parece que se sustanciará con una nueva clase de advertencia o con una sanción más leve por incumplir reiteradamente los objetivos (compromisos). Bruselas quiere, y necesita, decisiones ejemplarizantes, que sirvan como aviso directo a incumplidores crónicos como Grecia e infractores cínicos y descarados como Francia e Italia.

Los gobiernos españoles anteriores se han llegado a plantear el modus operandi de los cínicos, descarados y crónicos socios de la Unión Europea, aunque seguramente no habrían obtenido los mismos resultados, dado su menor potencial económico y político. El actual Ejecutivo, con anterioridad a su situación en funciones, apenas pudo lograr un escaso reconocimiento, siempre sobre la base del acatamiento leal y seguimiento fiel al dictado del más poderoso socio; Alemania. La experiencia, por tanto, parece haber demostrado que ni una ni otra son tácticas adecuadas para conseguir ganar posiciones que aseguren la pertenencia a la primera división europea. 

Quizá aprovechando el momento de debilidad manifiesta de la posición española en la Unión Europea, como demuestra esa última decisión contra una empresa multinacional española (Telefónica) y ante la amenaza de una sanción por incumplimiento del déficit, debería mostrar España la habilidad para sacar provecho de la situación adversa y convertir la debilidad (en este caso en forma de amenaza) en oportunidad, sobre todo cuando se cuenta con la opinión favorable de un `aliado´ como EE UU.

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