edición: 2611 , Viernes, 7 diciembre 2018
19/11/2018
banca 
A seis semanas del cierre

Tres bancos evalúan la posibilidad de replantear la política de reparto del beneficio

El pago del dividendo, en el caso de BBVA, Santander y Sabadell, está cuestionado por la obligación de reconocer el deterioro de la cartera de las participadas
Juan José González
La banca deberá avisar en breve a la CNMV si espera algún impacto significativo o relevante en sus cuentas por minusvalías en inversiones, en instrumentos financieros o por mora. El tiempo se termina para una de las tareas más ingratas que debe llevar a cabo una empresa, como es la de admitir minusvalías y pérdidas de valor de sus apuestas particulares, bien en inversiones de cartera en otras empresas, bien en instrumentos financieros. El caso que se suele de ejemplo en los últimos tiempos corre a cargo de BBVA, entidad que año tras año parece situarse en el Ibex como la principal afectada por sus participaciones societarias. Desde enero del presente ejercicio, la situación es aún más comprometida en la medida en la que la nueva normativa de contabilidad internacional y su aplicación obligan a reflejar en las cuentas de la sociedad la anomalía que supone la caída de las cotizaciones y su menor valor en cartera de las participadas, que en la práctica se traduce en una alteración del patrimonio así como también de sus resultados o beneficios.
Un cambio en la norma NIIF9 que sustituyó a la NIC39, que obligaba a BBVA a reconocer su pérdida histórica por la participación del 6,33% de la participación en Telefónica. Otro problema que viene a complicar las cosas es la próxima entrada en vigor, en enero de 2019, de la NIIF16 que afectará básicamente a los arrendamientos, lo que dará lugar a que muchas empresas financieras como BBVA, Santander, Caixabank y Sabadell principalmente, amén de las constructoras con obra en el exterior y otras como Telefónica, deban aflorar los activos y pasivos en el estado de su situación financiera, lo que seguramente restará, más que sumará, a los beneficios.

El cambio normativo ya se viene aplicando en realidad desde principios de año, si bien, no se habían reflejado en los resultados o en las cuentas trimestrales. Pero ahora, a partir del primero de enero todo será distinto puesto que la NIIF16 obliga a un cambio de criterio contable como el señalado antes en el caso de los activos y pasivos de los arrendamientos, los cuales deberán ser enumerados y valorados (en suma, aflorados) en el estado de posición y situación financiera.

Algo así es lo que sucedió en el pasado ejercicio a BBVA cuando la normativa le obligó a reconocer una pérdida de 1.1233 millones de euros por deterioro del calor de su participación bursátil en el capital de Telefónica. Entonces, la reacción del banco no fue otra sino una comunicación de urgencia a los inversores y accionistas confirmando que la pérdida, muy relevante, no tendría consecuencias sobre la política de distribución de beneficios y que, por ello, no tocaría el dividendo.

Los quebrantos causados por las caídas de valoración de participadas, instrumentos financieros o morosidad deben ser reconocidos de forma inmediata por las compañías, según la nueva normativa, por lo que, en este caso, el banco BBVA comunicó en un hecho relevante a la CNMV la pérdida y por tanto la reducción de los beneficios de 2017 desde los 4.500 millones esperados hasta los 3.450 por asumir citada la pérdida.

Pero la historia se repite y la fatalidad de las inversiones del sector bancario se verán afectadas de nuevo al término del presente ejercicio. Cuando apenas restan seis semanas para el cierre, entidades bancarias, entre ellas, el más damnificado por la norma (por sus inversiones) es, de nuevo, BBVA, al que seguirá Santander. Entre ambos pueden llegar a reconocer pérdidas por contabilización del deterioro de las participadas industriales de 3.000 millones de euros; 1.600 millones de BBVA y 1.400 millones para Santander, mientras Sabadell, con 600 millones de pérdidas por deterioro de participaciones e inmuebles, sería el menos afectado.

En medios del sector reconocen que el impacto contable, a primera vista "espectacular" no se corresponde con el nivel de preocupación puesto que dicho impacto ya se consideraba descontado desde el inicio del plazo de la norma. Y no preocupa en tanto que las minusvalías latentes, como son las que se contabilizan por la cotización de las participaciones, "no se llevan contra fondos propios", señala un alto directivo bancario, lo que causaría un daño considerable en las cuentas y reduciría la solvencia. Pero ahora, el asunto cambia de color porque la nueva normativa obliga con precisión a las entidades a que esos deterioros afecten a los beneficios, obviamente, en el caso de BBVA, Santander y Sabadell, rentando beneficios. La magnitud de las minusvalías determinarán al final, qué política aplican las afectadas, si modifican o no la política de distribución de dividendos.

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