edición: 2786 , Miércoles, 21 agosto 2019
10/12/2010
El italiano Mario Draghi y el español MAFO, en la terna frente al alemán Axel Weber

Trichet busca convertir el BCE en ‘gobierno económico’

No descartan la alternativa de un ‘tercero’ para presidir el Banco Central Europeo
Jean-Claude Trichet, presidente del BCE
Juan José González

Hoy, a las diez de la mañana, Jean-Claude Trichet y su anfitrión Miguel Ángel Fernández Ordóñez desayunan en el salón contiguo a la sala de consejos del Banco de España. El presidente del Banco Central Europeo viaja sin cartera, apenas una carpeta sujetada con la mano izquierda que contiene tres informes y una libreta tamaño A4 para tomar notas. La visita no responde a la declaración de ningún estado de alarma, tipo controladores, ni a la publicación de ningún decreto de corte financiero o monetario, que sí interesarían al visitante de esta mañana a Cibeles. Viene para charlar con el Gobernador, dar una conferencia sin exposición a preguntas; no esta prevista reunión (aparte) con la vicepresidenta Elena Salgado, y dispondrá de cinco minutos para saludar a un familiar que trabaja en la Villa y Corte. Nada más. Señalan los conocedores de ambos personajes –Trichet y Mafo- que hay muy buena conexión intelectual, profesional e, incluso, política. Son aliados y comparten numerosas opiniones de destino en lo universal, en el fondo y en la forma de acometer los problemas y asignar soluciones. Pero Trichet viene con algo más. Más interesante.

Desde que comenzaron los problemas con las deudas de los Estados europeos, el BCE se ha visto sorprendido con la distinta dirección que tomaban los Gobiernos para aplicar la terapia más adecuada -adecuada al interés particular de cada Estado-. Trichet ha sido testigo de la imposibilidad de articular una solución en bloque, conjunta y homogénea a cualquiera de los problemas que a diario entraban por ventanilla. Resulta así que el presidente del BCE es el primero en experimentar en propia carne la frustración de no contar con un único gobierno económico europeo. Así que viene con el mensaje ya acordado con Axel Weber (conocido por el sobrenombre de ‘el halcón’) actual presidente del Bundesbank, su próximo sucesor en el cargo al frente del BCE.

El alemán, de acuerdo y en colaboración con Trichet, ha comenzado a tomar el relevo en septiembre pasado, porque los problemas en la Unión Europea no permiten el cambio automático –será en noviembre de 2011- de un día para otro. Trichet no se siente fuerte para imponer una línea homogénea en política monetaria, y Alemania es el principal y más resistente miembro de las ideas y planteamientos del actual presidente del BCE. Weber no quiere llegar a finales del próximo año y hacerse cargo de una cartera llena de soluciones en dirección a ninguna parte. Entre otras cosas porque las soluciones contempladas no coinciden con las propuestas por Alemania: chocan frontalmente con la terapia del Gobierno de Angela Merkel. Weber –y Merkel- no quieren flexibilidad con los miembros de la UE indisciplinados. Todos deben hacer sus deberes: ahorrar, trabajar y trabajar. De lo contrario, castigo, sanción. Hoy por hoy imposible.

Pero Trichet busca en Madrid, en Paris, en Roma… un acuerdo para que Weber no ocupe todo el espacio político del BCE. Sabe que la llegada del alemán se traducirá en grandes sacrificios para los miembros con mayores dificultades, posiblemente más dolorosos que los aplicados a Grecia e Irlanda. El ‘halcón’ es inflexible, defensor a ultranza de la ortodoxia financiera, podría afirmarse que es un ‘fundamentalista’ convencido y defensor inmisericorde de la estabilidad de los precios: la inflación debe estar en el 2% en tiempos de turbulencias monetarias y no se debe mover de ahí. Ya lo hará más adelante.

El principal objetivo de la política monetaria de Weber se centra en contener la inflación, un objetivo considerado por Trichet como insuficiente y rígido. A Weber es necesario fijarle controles y límites, y en esa tarea esta trabajando el actual presidente del BCE. El nuevo responsable del regulador monetario deberá contar con frenos y contrapesos, para lo cual deberá estar rodeado de un núcleo de miembros con capacidad política y fuerza económica suficiente para oponerse. Y Trichet piensa que la ‘dictadura’ de Weber será inevitable si ese contrapeso no adquiere la forma de un gobierno económico, inexistente en la actualidad. Sin gobierno económico, difícilmente habrá capacidad de imponer decisiones en ese terreno, siendo inviable cualquier iniciativa orientada al establecimiento de un sistema de sanciones a los miembros que incumplan normas y líneas políticas acordadas entre los Estados de la Unión.

A un año y una semana que restan para concluir el mandato de Trichet, éste ya mueve ficha en una sola dirección: dejar consensuado un relevo –Axel Weber- y la alternativa al mismo, es decir, un relevo que podría surgir de un pacto entre Francia y Alemania a favor de un tercero, como sucedió en su día con Win Duisenberg, el neocelandés y primer presidente que tuvo el BCE, fruto del pacto entre alemanes y franceses. Y en ese tercero de consenso encajarían el italiano Mario Draghi y el español Miguel Ángel Fernández Ordóñez, aunque de entrada sea improbable que Alemania deje pasar la ocasión de imponer su ley en lo que considera la ‘jungla’ económica europea.

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