edición: 2594 , Martes, 13 noviembre 2018
13/12/2010
Medidas adicionales a las reformas que pueden hacer cambiar el mapa bancario español

Trichet no ve otra salida: acompañar las reformas con “bajada de precios y salarios”

Una ‘devaluación interna’ provocaría una reconversión salvaje de la banca
Juan José González

No salieron con buena cara del edificio de Alcalá donde se celebraba el acto financiero más relevante de Europa el pasado viernes. Los representantes de la banca española, presentes en la recepción del Banco de España a los responsables del Banco Central Europeo, así como al presidente de la Unión Europea. Los banqueros se fueron con una mala sensación proporcionada por los discursos de Jean Claude Trichet y del gobernador, Miguel Ángel Fernández Ordóñez. Las miradas se dirigen al sector bancario cuando se habla de reformas estructurales, del papel de los grandes bancos –Santander y BBVA-, de la necesidad de dar salida a los cinco bancos medianos –según el BCE- en tierra de nadie por tamaño e influencia, aunque con posibilidades de dar muchos problemas a los dos más grandes. Los bancos temen ahora a que prospere y salga adelante la teoría de los presidentes de la UE y del BCE: la “devaluación interna”.

La urgencia en la aplicación de las reformas y el énfasis de Trichet en algunos adjetivos, vino a turbar el plácido fin de semana que se preparaba tras el largo puente de la Constitución. Posteriormente al turno de discursos, los responsables del BCE, del Banco de España, ministerio de Economía, así como un grupo de representantes del sector financiero, se dieron a una animada conversación particular acerca de cómo interpretar el futuro económico en función del presente político. Y todas las opiniones de los funcionarios europeos se dirigían hacia la misma dirección: en España no será suficiente con hacer las reformas previstas, como tampoco será suficiente el último paquete de medidas económicas presentado hace apenas una semana.

Santander y BBVA pueden respirar mejor, están más protegidos contra las pérdidas al estar más diversificados, pero no así los medianos que, aunque dispongan de una base suficiente de capital para absorber pérdidas en los dos próximos ejercicios. Y la banca mediana sí que tendría problemas de supervivencia. Los test de estrés realizados hace apenas unos meses, dejaban al descubierto algunos huecos que la banca mediana no será capaz de resolver con simples reajustes; será necesario otro tipo de terapia, como por ejemplo la concentración o fusión de entidades, algo que después de analizar algunas cuentas de las pruebas de estrés, es más que evidente.

“Serán necesarias medidas más duras que las anunciadas”, dejaba caer Trichet a los responsables de varias cajas de ahorros. El presidente del BCE se explicaba de forma sencilla: “para mejorar el crecimiento de la economía española y, por tanto, del empleo, España no se podrá quedar en la reformas propuestas por el Ejecutivo”, luego será necesario canalizar por la vía de los precios y dejar la más explotada de las cantidades para hacer el ajuste de la economía.

A las finanzas públicas les queda una escasa carga de oxígeno, las prestaciones de empleo están desangrando, y para seguir, las finanzas del Estado. Se impone, aseguran desde el BCE, que las medidas “accesorias” a las que se verán obligadas las autoridades españolas, serán ni más ni menos que un recorte en los precios y en los salarios, lo que se conoce en la terminología económica como una ‘devaluación interna’.

Una medida dura, que consideran los economistas como salvaje y más propia de una situación de escasez y restricciones similar a la de la posguerra. La ‘devaluación interna’ conllevaría una bajada traumática de precios, lo que pondría en aprietos a, prácticamente, toda la banca mediana, así como a un nutrido grupo de cajas de ahorros que hoy no tienen posibilidades de ir mucho más allá de 2011. Aseguran en medios de las cajas que, de ser así, “podría decirse que no hay mal que por bien no venga” para los bancos medianos, compelidos casi de forma obligatoria, a fusionarse, pues la caída de los precios reduciría al mínimo las posibilidades de obtener márgenes de beneficios rentables para el sector bancario, en el segmento de los medianos.

Pero las reformas estructurales –las de verdad, las que nunca van en ningún paquete- no terminan de llegar y las turbulencias financieras se suceden y se sucederán seguramente a lo largo de los dos próximos meses porque antes será difícil que se pueda aprobar, entre otras, la reforma de las pensiones.

Y mientras el Ejecutivo, el Banco de España y el BCE están inmersos y preocupados en políticas y problemas de corto y muy corto plazo, los inversores internacionales tienen dudas sobre la seriedad de las opiniones a propósito de la continuidad de la moneda única europea como divisa de referencia europea. Lo cual frena la entrada de inversores financieros en la economía española, un problema de algo más que plazo.

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