edición: 3006 , Jueves, 9 julio 2020
05/06/2010

Turquía se erige en líder de la causa palestina mientras Israel pierde la batalla de la propaganda

Pedro González
En Turquía el presidente Gül y el primer ministro Erdogan no podían seguir perdiendo popularidad a cuenta de la desesperanza de sus negociaciones de adhesión a la Unión Europea y de ser considerado un país demasiado volcado hacia Occidente. Su pertenencia a la OTAN, considerada en gran parte del mundo musulmán, como una alianza militar destinada a sostener los valores euro-norteamericanos, y sus acuerdos con Israel constituían dos factores decisivos para que muchos países árabes contemplaran a Ankara con bastante desconfianza. Los sucesivos gobiernos turcos habían mantenido hasta ahora estrechas relaciones con Israel, cuyas fuerzas aéreas afinaban habitualmente su puntería en los polígonos de tiro de Anatolia. Por ésta y muchas otras razones, Estados Unidos considera a Turquía un aliado fundamental para el equilibrio estratégico de Oriente Medio y un factor de moderación frente al creciente extremismo que se extiende por el mundo musulmán.

Con estas premisas Turquía no podía seguir permitiéndose el lugar de mantener un discurso del que no obtenía réditos tangibles frente a su propia opinión pública, de manera que Recep Tayyip Erdogan empezó a variar su discurso. El punto de inflexión se marcó hace año y medio en Davos, cuando lanzó una violenta requisitoria contra Israel en presencia de su jefe de Estado, el veteranísimo político Simon Peres. Siguieron después una serie de admoniciones a Bruselas advirtiendo a la UE de los límites a su paciencia para ser admitido en el club europeo, al tiempo que descalificaba la opción de segunda división pergeñada por el presidente francés, Nicolás Sarkozy.

El cambio geoestratégico subió algunos grados más hace unas pocas semanas cuando Erdogan y el brasileño Lula otorgaron a Irán una salida alternativa al control internacional de su programa nuclear. Finalmente, el gobierno de Ankara respaldó la organización y flete de la llamada Flotilla de la Libertad, la presunta expedición pacifista destinada a romper el bloqueo impuesto por Israel a la franja de Gaza.

Una operación liderada por una institución turca muy conocida por haber estado ligada al extremismo islámico en distintos países del mundo, la Fundación para los Derechos Humanos, Libertades y Ayuda Humanitaria (IHH), y donde el saldo de nueve muertos y tres decenas de heridos ha sido una “inversión” rentabilísima en términos de comunicación tanto para Turquía como para Hamas, una organización terrorista, según la lista de Estados Unidos y la UE, teledirigida por Irán, al igual que la Hizbolah, cuya plataforma de actuación se sitúa en el sur del Líbano.
 
El diseño de la operación era impecable puesto que, bajo el manto misericordioso de la presunta ayuda humanitaria, el principal objetivo era forzar a Israel a actuar para impedir la ruptura del bloqueo. Con el terreno abonado de un implacable cerco mediático a la única democracia real de todo Oriente Medio, se amplificaba el drama palestino y se demonizaba aún más a un país al que se le niega cada vez más su derecho a defenderse. En consecuencia, Turquía demostraba a sus hermanos musulmanes que estaba tanto a más dispuesta que ellos a defender las reivindicaciones palestinas, aunque se tratase en esta ocasión más de las de Hamas que de las de la Autoridad Palestina, la institución presidida por Mahmud Abbas y reconocida internacionalmente. Para remachar el clavo, Erdogan desplegó una batería de descalificaciones a la actuación de los comandos israelíes, recibió como héroes a los integrantes de la expedición, tanto a los muertos como a los heridos y los activistas supervivientes, facilitó la difusión de todas las declaraciones de condena a Israel de aquellos, y en fin proclamó la ruptura de la mayoría de los acuerdos con el Estado judío, incluidas las facilidades de entrenamiento de su aviación.
 
El aluvión de condenas internacionales a Israel no logró sin embargo el que hubiera sido un colofón apoteósico, la condena por el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas. La diplomacia norteamericana no podía llegar a tanto, puesto que semejante condena equivaldría a abandonar a su principal aliado, un lujo que ni siquiera el progresista Obama puede permitírselo, de manera que el Consejo se limitó a condenar los hechos, y en ellos caben tanto la violación forzada y consciente del bloqueo como la actuación de los comandos israelíes. Acostumbrados como estamos a la pericia y precisión quirúrgicas de las operaciones de Tsahal y del Mosad, lo ocurrido con la Flotilla de la Libertad parece casi una chapuza. Lo determinará finalmente la comisión de investigación que analice todos los detalles del ataque.

Israel ha perdido en todo caso una nueva batalla en el decisivo campo de la comunicación global. Quienes analizan su soledad con la perspectiva del buenismo cómodo que se va instalando en gran parte de la sociedad occidental, especialmente europea, no comprenden  de todas formas que la idiosincrasia que domina en todo Oriente Medio es que cualquier gesto de generosidad se interpreta como signo de debilidad, previo a la pérdida de todo prestigio o influencia en quién hizo las cesiones. Por eso, que Netanyahu no gobierne Israel como querrían los que no sufren la amenaza de desaparecer por aniquilación, no significa que sea un redomado criminal. A menos que para apiadarse del pueblo judío algunos solo lo admitan bajo la tragedia de otro holocausto.

LA OPOSICIÓN TURCA TAMBIÉN SE RENUEVA

Sin salir del área que nos ocupa, hay que resaltar la renovación que acaba de producirse en la oposición turca. El nuevo líder del Partido Republicano (CHP) es Kemal Kiliçdaroglu, a quién muchos califican como el Gandhi turco, no solo por su evidente parecido físico con el padre de la independencia de la India, sino también por el contenido de sus proclamas y las formas con que las transmite.

Kiliçdaroglu sucede a un veteranísimo de la política turca, Deniz Baykal, quién en casi cuarenta años de actividad jamás logró ganar unas elecciones. Pese a ello, la veneración de la que gozaba en razón de su pasado impedía su destitución. Pero, curiosamente apareció un video sexual, en el que Baykal aparecía manteniendo presuntamente una relación extramarital con una diputada de su partido. Era el único escándalo que podía provocar su evicción fulminante, tal y como ha sucedido, lo que alimenta cuando menos la impresión de que el descubrimiento y publicación de tal video podría haber sido obra de elementos de su propio partido para forzar una renovación tan urgente como necesaria.

El nuevo líder del CHP tiene apenas un año para concurrir a las próximas elecciones generales y disputar al AKP de Recep Tayyip Erdogan la primacía. Para empezar deberá modificar los principios más anquilosados del CHP, es decir su negativa radical a reconciliarse con los países vecinos, especialmente Armenia; su oposición no menos firme a aceptar los derechos de las minorías étnicas, en particular los que reclaman los kurdos, y el no menos sacrosanto principio de no aceptar que las fuerzas armadas se supediten al poder civil. Ha sido precisamente la fosilización de estas posiciones a la que cabe atribuir la fuga de los votantes y militantes más moderados hacia el islamismo moderado del AKP de Erdogan.

Que cunde un cierto temor en el AKP respecto del tirón de Kiliçdaroglu parece demostrarlo la virulenta campaña de prensa lanzada contra él por los medios de la órbita del AKP. De momento, los ataques se centran en que el presunto cambio del CHP es solo de cara “pero en absoluto de una mentalidad anquilosada, incapaz de seguir el acelerado ritmo de la modernización de Turquía”.
 
EL CHAPAPOTE DE BP EMBADURNA A OBAMA

El presidente de Estados Unidos ha visitado por tercera vez parte de la zona del Golfo de México afectada por el incesante escape de petróleo. Su presencia mitiga en parte la cólera y frustración de pescadores, marisqueros y los cientos de miles de pequeños y grandes negocios relacionados con el turismo en Mississipi, Louisiana, Alabama y Florida.

La compañía Bristish Petroleum (BP) ha culminado esta semana su cuarto y fallido intento por colmar una brecha por las que siguen escapándose millones de barriles de crudo. Ya ha aceptado la multa máxima de 70 millones de dólares que la legislación americana impone para incidentes de este tipo, pero además acata sin rechistar los 342 millones de dólares que solicitan diversos reclamantes afectados. Una lista que no hará sino aumentar a medida que los negocios se vean obligados a cesar su actividad a causa de este chapapote.
 
El propio Obama expresaba este viernes su profundo enfado al achacar el accidente de la plataforma Deepwater Horizon, cuyo derrumbamiento es la causa del vertido, a la codicia de las compañías, que le ha llevado a profundizar sus prospecciones a más del doble de la profundidad que sería conveniente para ejecutarlo con garantías de seguridad. Si la codicia rompe el saco, según un viejo adagio, la BP ha sufrido de momento tanto un derrumbe en la cotización de sus acciones como en su calificación de riesgo, rebajada tanto por Moody´s como por Fitch.

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