edición: 2747 , Miércoles, 26 junio 2019
12/03/2019

Turquía entra en recesión tras el segundo trimestre negativo en un cuadro de endeudamiento exterior

Los analistas temen el efecto sobre la banca de un fuerte aumento de los créditos improductivos
Carlos Schwartz
El producto interior bruto de Turquía cayó en el cuarto trimestre del año pasado un 3% superando la previsión de los analistas que cuyo consenso era una caída del 2,7%. No se trata de episodio coyuntural y varios fondos de inversión esperan que en 2019 se registre una caída del PIB del orden del 2,5%. El Gobierno por su parte estima que se registrará un “moderado crecimiento” durante 2019 y 2020. El próximo domingo se celebran elecciones locales en Estambul y Ankara, las dos principales ciudades del país, en medio de un creciente escepticismo en las promesas del ejecutivo de Tayip Recep Erdogan quien ganó las elecciones generales en junio pasado prometiendo un periodo de mayor prosperidad.  El partido islamista moderado de Erdogan, Justicia y Desarrollo, que lanzó una feroz caza de brujas al socaire de un intento de golpe de estado fallido sospechoso de haber sido incentivado por los servicios de inteligencia controlados por Erdogan en 2016, para consolidar su posición y eliminar la oposición interna de su ex aliado Fetulah Gullen. 
La lira turca comenzó a dar señales de debilidad frente al dólar desde comienzos de 2017 y Erdogan en un cambio de política en enero de 2017 solicitó al Banco Central de Turquía que diera una lección a los especuladores. La autoridad monetaria del país subió los tipos de interés de forma reiterada hasta dejarlos en julio pasado en el 24%, lo que ocasionó un freno al endeudamiento pero afectó seriamente a la liquidez de las empresas. La lira ha caído un 30% frente al dólar en el último año creando una situación sumamente difícil para las corporaciones turcas que tienen un fuerte endeudamiento en divisas calculado en 200.000 millones de dólares. 

La fuerte devaluación de la moneda local en la que las empresas registran sus ingresos ha hecho esa deuda casi impagable. Sectores intensivos en mano de obra como la construcción han despedido un tercio de sus 3 millones de trabajadores y las ventas de coches han caído en picado. El Gobierno ha instruido a los bancos, en general bien capitalizados, para que mantengan la financiación de las empresas con sus propios recursos. De acuerdo con los analistas esta financiación ha permitido mantener muchas empresas a flote. Pero el problema de la solvencia corporativa en el largo plazo no está resuelto.

“El sector privado jamás ha tenido estos niveles de deuda en el pasado. Los balances están en una situación lamentable. Sería bastante mejor ayudar a las empresas ahora, antes de que quiebren, que tener que salvar a los bancos después de que las empresas entren en suspensión de pagos y vayan a la quiebra”, comentó al Wall Street Journal Refet Gurkaynak, profesor de Economía en la Universidad Bilkent de Ankara. 

BBVA es propietario del 49% del banco turco Garanti en el que ha invertido 7.000 millones de euros pero en el que al mismo tiempo ha acumulado una minusvalía latente de 5.000 millones de euros. El año pasado la tasa de insolvencias para el banco fue del 5%, y los analistas esperan que la morosidad suba hasta un 25% en 2020 por la caída de ingresos de las empresas y las familias. El Garantí se ha tenido que quedar con el 12% de la principal operadora de telefonía y un resort de lujo a causa de las dificultades de pago de sus clientes. Las sucesivas oleadas especulativas en contra de la lira, que Erdogan adjudicó a una conspiración exterior, ha agudizado los problemas de las empresas. 

Un sector de los analistas y de los economistas que siguen el desempeño de la economía turca señalan como probable que el país deba pedir asistencia al Fondo Monetario Internacional (FMI) con el objetivo de asistir al proceso de saneamiento de la deuda del sector privado. En 2003, cuando Erdogan asumió la presidencia del país tras ganar las elecciones generales, gracias al apoyo decisivo del dirigente musulmán Fetulah Gullen, el país estaba embarcado en un plan dictado por el FMI.

Erdogan ha hecho siempre bandera del éxito económico de sus gobiernos, que han logrado reducir a una escala poco significativa la deuda externa del país en divisas. Pero como en todas las economías emergentes, esto se ha hecho a expensas de un endeudamiento interior entre el Tesoro y los inversores, en primera línea los bancos. Pero ahora el problema es la carga de la deuda impagable en divisas de las corporaciones turcas.

El ministro de Economía, Beirat Albayrac, admitió los datos de contracción de la economía pero los atribuyó a efectos exteriores al país como una operación de ataque concertado sobre su moneda, afirmando que lo peor ya había pasado y que las expectativas más pesimistas no se habían materializado. Albayrac fue designado por Erdogan -su suegro- tras el triunfo electoral del año pasado con el objetivo de mantener la política económica sujeta en su puño. De acuerdo con el ministro los datos señalarían que el país ha esquivado caer en unas crisis como las de 2001 y 2008, secuela a su turno de la conmoción internacional.

Turquía ha vivido una fuerte expansión de su economía, apuntalada por una política monetaria de abundante liquidez para incentivar el crecimiento del sector empresarial y el crédito al consumo. El cuarto trimestre de 2017, la tasa de crecimiento de la economía fue del 7,5%.

Los años de fuerte incentivo monetario al crecimiento económico comenzaron a pasar factura al país que sufre una tasa de inflación del 20% anual. Los analistas consideran que esta vez la recesión en el país no va a ser tan corta como en el pasado. La debilidad económica de Turquía se agudiza, a pesar de que tanto Estados Unidos como Europa han postergado un endurecimiento de sus políticas monetarias con subidas de tipos de interés, lo cual quita presión a las monedas de las economías emergentes entre ellas la lira turca. El panorama de la economía turca es inquietante, y las multinacionales con inversiones en el país hace rato que han tomado medidas para amortiguar los efectos de la crisis. Este no es el caso de la banca.

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