edición: 2514 , Viernes, 20 julio 2018
18/06/2018
banca 
Bancos y empresas temen una subida fuerte

Último aviso del BCE a las empresas para que reduzcan su endeudamiento

Un año es el plazo más idóneo, según las autoridades monetarias, para que bancos y empresas se preparen para una subida de tipos
Juan José González
Se termina la financiación a coste cero, llega el final del dinero `gratis´, agitada la nueva época por el cambio de rumbo de la política monetaria aplicada bajo la batuta del Banco Central Europeo. Las empresas, tampoco la economía en el sentido más amplio del término, van a dejar de disponer de ese viento de cola que empujaba la financiación barata y a buen precio. Las empresas parecen haber aprovechado los tiempos de crisis para reducir deuda, de modo que en la medida de su menor endeudamiento también han reducido sus riesgos de exposición a las subidas de tipos. No es sin embargo, una afirmación que se pueda generalizar puesto que algunos sectores, como el sector bancario, siguen afectados por el exceso de deuda y por las fuertes provisiones que deben llevar a cabo dado el mayor peso de los activos tóxicos en sus balances. Por tanto, las autoridades supervisoras ya han comenzado a `meter prisa´ o presión, que viene a ser lo mismo, sobre algunos bancos que siguen manteniendo un elevado nivel de endeudamiento. Tampoco quiere decir que las entidades bancarias y también muchas empresas no financieras, se hayan dormido en los laureles de la financiación barata, a tipos de interés negativos. Prueba de ello es la reducción de la deuda empresarial desde 2010 hasta 2017 en cerca de 40 puntos porcentuales. Es por ello que no se puede decir con rotundidad que las empresas hayan dejado pasar la oportunidad de reducir deudas con el precio del dinero más bajo de la historia. Ahora las autoridades monetarias apremian al sector bancario para que busque alternativas que ayuden a sumar rentabilidad en su negocio, y a ser posible, antes de que se produzca una primera subida de tipos, entre otras cosas, porque para esto último queda, al menos, un año.
La rentabilidad de la banca sigue enganchada, atrapada en un bucle del que le resulta difícil desprenderse, que no es otro que la curva de tipos plana que está llevando en la práctica a que todos ellos, sin distinción, a una situación en la que no consiguen obtener los márgenes suficientes para cubrir los costes de explotación. Los tipos de interés vienen siendo estos años el verdugo del tradicional negocio bancario, la intermediación de tomar depósitos a corto para convertirlos en préstamos o inversiones a un plazo mayor. Actividad que no ha sido suficiente para cubrir los costes de explotación y que en el mejor de los casos apenas han dejado un margen que se pueda considerar como rentabilidad.

Así las cosas, los bancos parecen haber asumido que el actual es un año de transición, desde los tipos a cero o negativos hasta una nueva fase donde el diferencial del precio del dinero a corto y a más largo plazo permita conseguir el margen deseado, el necesario para hablar de rentabilidad y el exgido por el mercado y los inversores. Sin embargo, no parece que el tiempo ni tampoco las autoridades vayan a lograr corregir el desfase del margen dado que no se espera una fuerte actividad de demanda de crédito; ni empresarial ni de consumo.

El principal motivo en el que parecen coincidir los analistas se encuentra en la política de reducción de deudas, o desapalancamiento, que están llevando a cabo empresas y entidades bancarias. En este sentido, tampoco habría que olvidar la nueva situación de competencia a la que se enfrenta el sector bancario, obligado por la normativa del sector en el apartado de capital como también presionado por una creciente competencia por parte de las grandes empresas tecnológicas.

Ahora el principal problema al que se enfrentan bancos y empresas no financieras es, precisamente, a la mala posición financiera en la que se encontraría el sector empresarial, debido al elevado endeudamiento que registran muchas de las grandes empresas como también de los esfuerzos realizados por las menos endeudadas para devolver los préstamos. De ahí que los temores de la nueva fase que parece abrirse con el anuncio del BCE, confirmando el cambio de dirección de la política monetaria en el horizonte de los próximos doce meses, se centren sobre el ritmo y la velocidad de la subida de tipos que vaya a aplicar el BCE, ya que de lo contrario -una subida fuerte- el remedio será peor que la enfermedad, en la medida en que este segundo escenario dispararía los costes de financiación.

Cabe interpretar que los doce que el Banco Central Europeo acaba de fijar como plazo, más o menos probable, para iniciar una subida de tipos, sea en realidad, el plazo prudencial previsto por las autoridades para que bancos y empresas vayan adaptando sus costes y sus deudas a la nueva realidad monetaria que acaba de comenzar con la retirada de los estímulos monetarios o compra de activos, ya que de lo contrario, hay que suponer los efectos negativos sobre la economía del país. En particular para algunas de las operaciones pendientes como son la venta del paquete de control de Bankia en manos del Estado y, sin perder de vista, algunas aventuras empresariales cuya ejecución dependía (o sigue dependiendo) del mercado y de los planes del nuevo Gobierno. Aunque en este último caso, es probable que las privatizaciones (con la salvedad de Bankia) se queden en dique seco.

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