edición: 3051 , Martes, 22 septiembre 2020
26/06/2010
AZIMUT

Un guerrero intelectual sustituye a un general de acción para concluir la guerra de Afganistán

Obama encarna la máxima expresión de un poder al que han de someterse incluso los generales del tipo 'éstoloarregloyoendospatadas'
Soros considera que el verdadero peligro para la UE y el euro viene de Alemania
El general David Petraeus
Pedro González

Aunque los múltiples y descarnados flecos de la crisis económica tapen en buena medida todo lo demás, el mundo occidental está librando una guerra en Afganistán que, lejos de ser un conflicto menor, está engullendo ingentes recursos económicos, causando numerosas bajas aliadas y, sobre todo, provocando un cuestionamiento moral de grandes proporciones. Todo ello ha confluido esta semana en el choque entre el poder civil, representado por el presidente Barack Obama, y el militar, encarnado por el general Stanley McChrystal, resuelto de la única forma posible, con la fulminante destitución del general, no tanto por los insultos y la mofa hacia su persona y hacia el equipo de la seguridad nacional presidencial, expresados por McChrystal en una entrevista a la revista Rolling Stone, cuanto porque esa insubordinación socavaba directamente la arquitectura institucional americana.

Aunque Estados Unidos nunca ha tenido la desgracia de sufrir un golpe de Estado militar, no es la primera vez que algún general, normalmente los que consideran a los políticos poco menos que unos cobardes amanerados que no saben lo que es combatir sobre el terreno a gente experta en la bayoneta y el degüello, intenta coaccionar al extremo a la máxima autoridad civil. Como comandante en jefe de las fuerzas armadas, el presidente norteamericano encarna la máxima expresión de un poder al que han de someterse incluso los generales del tipo “éstoloarregloyoendospatadas”. Ya le ocurrió en su día al mismísimo Abraham Lincoln, que hubo de poner en su sitio al general George McClellan que, durante la Guerra de Secesión, intentó cuestionarle su responsabilidad para adoptar las decisiones finales. No menos díscolo le resultó el general Douglas MacArthur al presidente Harry S. Truman. El militar que humilló a Japón y recibió su rendición incondicional se crecería después con ocasión de la guerra de Corea, tratando de imponer a la Casa Blanca su convicción de que había que extender las operaciones no solo a toda la península coreana sino incluso a una parte de la limítrofe China. Truman, que también había sido capitán de artillería, le acusó de insubordinación para destituirle también de manera fulminante.

Este caso determinaría el comportamiento a seguir en adelante. Y es que, a partir de la pretendida incursión de MacArthur queriendo hacer su propia estrategia política, Truman teorizó sobre la necesidad de no permitir el más mínimo atisbo de indisciplina, ya que ello equivaldría a debilitar el sacrosanto principio de la supeditación de los militares al poder civil.

Resuelto ahora, pues, este nuevo conato militar de cuestionar a la Casa Blanca, queda por ver si el general David Petraeus es capaz de enderezar el rumbo de una guerra que pinta más mal que bien para la coalición aliada. El hombre que logró estabilizar Irak, dentro de lo que cabe, ha vuelto a hacer gala de la prudencia que le caracteriza. Más intelectual y por supuesto mucho menos vehemente que McChrystal, Petraeus no quiere dar fecha alguna para la pretendida retirada de las tropas americanas del país. Es una actitud prudente y lógica, toda vez que no puede enviar a la vez señales a sus aliados afganos –el presidente Karzai y su círculo de fieles- de que les va a dejar abandonados a su suerte, y a los talibanes de que no tendrían más que esperar un poco para hacerse con todo el poder.

Empero, a McChrystal no se le había calentado la boca de golpe. La falta de resultados respecto de la pretendida conquista de los bastiones talibanes de Marjah y Kandahar había sido el último detonante de la desmoralización de sus tropas, entre las que cunde la impresión –como en toda guerra que se va perdiendo- de que los que mandan desde los lejanos despachos de la política, en este caso Washington, no se preocupan lo suficiente de su suerte.
 
El flamante premio Nobel de la Paz que es el presidente Obama no lo tiene tampoco nada fácil. Si quienes le concedieron el galardón creyeron espolearle para concluir rápidamente la guerra de Afganistán, los guerreros talibanes le están demostrando que, en su propio terreno, son prácticamente inexpugnables. Pero, en absoluto puede salirse de aquel territorio con el rabo entre las piernas, sobre todo después de haber construido su nueva doctrina de lucha contra Al Qaeda (sustitutiva de la guerra al terrorismo de Bush Jr.), en base precisamente a la total pacificación de Afganistán y a la frontal oposición a que Irán desarrolle un programa  nuclear que pueda desembocar en que disponga de bombas atómicas.

ALEMANIA, EN EL PUNTO DE MIRA DE GEORGE SOROS

El hombre que puso de rodillas al Reino Unido mediante maniobras especulativas contra la libra esterlina apunta ahora a Alemania. George Soros considera que el verdadero peligro tanto para la Unión Europea como para el euro viene de Berlín y de la canciller Angela Merkel. En una entrevista, concedida al diario Die Zeit, el multimillonario financiero no descarta un colapso tanto de la divisa como del proyecto europeos en su conjunto, y que caso de llegar a tan lamentable acontecimiento el continente volvería a revivir los mismos conflictos entre estados que jalonaron su violenta y sangrienta historia del pasado siglo.
 
En opinión de Soros, la actitud de la canciller Merkel está determinada por las experiencias de hiperinflación posteriores a las dos guerras mundiales que libró, de manera que sus miedos son mayores a la inflación que a la recesión. Sin embargo, lo que exige tanto a sus conciudadanos como al resto de los europeos puede llevarles a la deflación, esto es a un largo periodo de estancamiento. “Si ello se consumare –dice Soros- desembocaría de nuevo en una explosión de nacionalismo, de malestar social y de xenofobia. Por lo tanto, la democracia estaría seriamente amenazada”.

Aunque con otros argumentos, Soros se une así al coro anglosajón que argumenta que sin crecimiento aumentarán los déficits, por mucho que se multipliquen los recortes. Es por lo tanto una nueva actualización del keynesianismo, defendido por lo demás por gran parte de los europeos hasta el histórico fin de semana del 7-9 de mayo, en que operaron un giro copernicano para defender ante todo la reducción de los déficits y las políticas de ajuste fiscal como absolutamente prioritarias. Más aún, “sin alternativa posible”, como mantra general extendido a lo largo y ancho de toda la UE.  

IBERRED Y LA RED JUDICIAL EUROPEA REFUERZAN LA LUCHA CONTRA EL CRIMEN TRANSNACIONAL Y GLOBALIZADO

La lucha contra la impunidad y la delincuencia internacional es el eje del acuerdo firmado en Madrid entre la Red Iberoamericana de Cooperación Jurídica Internacional (IberRed) y la Red Judicial Europea. Los secretarios generales de ambas organizaciones, el español Víctor Moreno, y la portuguesa Fátima Martins, respectivamente, señalaron que el acuerdo enlaza a las autoridades judiciales de 23 países iberoamericanos y a los 27 Estados de la UE, es decir a más de mil millones de ciudadanos.
 
Ante los fuertes desafíos actuales planteados por el crimen organizado, especialmente los delitos graves perpetrados por organizaciones criminales transnacionales, es necesaria una respuesta conjunta. Para Víctor Moreno “el mundo necesita un sistema jurídico rápido, ágil y eficaz, sólido y seguro”. En su opinión, IberRed está llamada a ser la herramienta más útil para facilitarlo en el ámbito iberoamericano y actuar coordinadamente con Europa.

Por su parte, Fátima Martins recalcó que, a los 34 años de existencia de la Red Judicial Europea, era plenamente necesaria esta nueva etapa de cooperación con los sistemas judiciales del otro lado del Atlántico, “dado que nuestro sistema político y de convivencia ya no presenta barreras geográficas para la delincuencia pero mantiene fronteras para la Justicia”.

Además de cuestiones como la sustracción de menores, la extradición y la asistencia penal, ambos firmantes coincidieron en que el narcoterrorismo es la principal lacra a la que se enfrentan poderes ejecutivos y judiciales de Europa y América. Las enormes cantidades de dinero que manejan las redes transnacionales y los resquicios legales que ofrece la dispersión de la legislación según los diferentes países, son los principales pilares en los que se asienta el creciente poder de un narcoterrorismo despiadado, cuyos métodos buscan el terror sobre la población y el correspondiente amedrentamiento de los poderes políticos y judiciales.

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