edición: 2475 , Lunes, 28 mayo 2018
21/10/2009
RSC

Un informe de la Cátedra 'La Caixa' de Responsabilidad Social incita al sector privado a combatir la corrupción

Las políticas anticorrupción favorecen un clima de confianza dentro de la compañía
La rentabilidad futura de las compañías se ve mermada cuando se producen casos de corrupción
Beatriz Lorenzo

Son dos los pilares que fundamentan la confianza empresarial: la ética y la transparencia. El primero requiere de un código de conducta propio e inexcusable, y el segundo precisa un especial esfuerzo de nitidez y exactitud a la hora de comunicar los proyectos, metas y actividades de la compañía. Pero existe una barrera para ambos, la corrupción empresarial, un mortífero enemigo que puede borrar de un plumazo años y años de confianza depositada en la compañía por parte de los stakeholders.

Hasta hace bien poco, la corrupción era un concepto directamente relacionado con el sector público, pero en los últimos años se ha ido aumentando el análisis de la corrupción sobre su presencia, influencia y consecuencias en la esfera privada empresarial. Los resultados pueden afirmar que la corrupción es un grave problema social, político, legal, económico y ético que afecta y debe preocupar tanto a instituciones públicas como a empresas privadas. El documento “La lucha contra la corrupción: una perspectiva empresarial” de la Cátedra ‘la Caixa’ de Responsabilidad Social de la Empresa y Gobierno Corporativo apunta que el sector privado forma parte del problema y, por tanto, tiene también la obligación moral de compartir responsabilidades y unir esfuerzos para combatir la corrupción.

Y es que a pesar de la magnitud del problema, el sector privado todavía parece resistirse a considerar que la corrupción es algo que les afecta de forma directa, y por consiguiente no dedican esfuerzos suficientes para luchar contra ella. Para hacer entender hasta qué punto puede estar el sector privado condicionado por la corrupción, el sitio web de lala Iniciativa de Alianza Contra la Corrupción (PACI – Partnering Against Corruption Initiative) expone las siguientes preguntas a fin de concienciar a las empresas sobre la presencia de la corrupción en sus actividades: ¿Se atrevería a afirmar ante un juez que nadie de su empresa paga o acepta sobornos? ¿Se asociaría con una empresa implicada en un escándalo de corrupción? ¿Se podría permitir aparecer en los titulares de prensa por motivos de corrupción? En este momento, ¿es la corrupción algo que le afecta a usted?. Preguntas incómodas todas ellas que, en más de un caso, pondrían en un apuro a los directivos que se viesen obligados a contestarlas.

En opinión de Antonio Argandoña y Ricardo Morel, autores del informe, la empresa necesita establecer una cultura corporativa ética e implementar una sólida estrategia anticorrupción. En este sentido, Transparencia Internacional, establece principios básicos para las empresas, tales como conducir la actividad comercial de forma justa, honesta y transparente, no pagar ni ofrecer sobornos, ya sea directa o indirectamente, para conseguir ventajas comerciales, no aceptar sobornos, ni directa ni indirectamente, y desarrollar un programa para implementar y respaldar estos principios.

RESPONSABILIDAD EXTERNA, INTERNA Y COLECTIVA

El Foro Internacional de Líderes Empresariales (IBLF, en sus siglas en inglés), organización internacional sin fines de lucro, señala que, a la hora de definir la estrategia anticorrupción, se deben contemplar tres tipos de acción: en primer lugar, representa una responsabilidad interna, pues afecta a la propia cultura de la empresa, su rentabilidad, capacidad de supervivencia, su relación con sus accionistas, directivos y empleados, clientes y proveedores; una responsabilidad externa respecto a sus deberes de cara a la sociedad civil, y una responsabilidad colectiva en su capacidad de organizarse con otras empresas para unir fuerzas en la lucha contra la corrupción y lograr resultados de mayor impacto.
 
A cambio, los beneficios de institucionalizar políticas anticorrupción, son nítidos: facilita la creación de un clima de mayor confianza dentro de la organización, consolida la lealtad de los grupos de interés y dota a la compañía de una sólida reputación de empresa socialmente responsable, lo que sin duda se traduce en mejores resultados económicos, sociales, humanos y éticos.

Existen otras iniciativas que también han sentado bases para la lucha contra la corrupción. Por ejemplo, el Pacto Mundial de Naciones Unidas cuyo objetivo es comprometer voluntariamente a las empresas a ser socialmente responsables en materia de derechos humanos, laborales y medioambientales, así como a luchar contra la corrupción. Por su parte, la institución independiente Iniciativa de Reporte Global (GRI), propone una serie de directrices e indicadores para la elaboración de memorias de sostenibilidad para que las empresas puedan evaluar su desempeño económico, ambiental y social.

Existen múltiples conductas dentro de la esfera empresarial que son consideradas corruptas. El soborno, la extorsión, el abuso de pagos o favores son las más comunes, pero no deben olvidarse los abusos de patrocinio, lavados de dinero, episodios de nepotismo o favoritismo, manipulación de información….como claros ejemplos de conductas con mala fe, consideradas corruptas, que en ocasiones están tan implementadas en el espíritu corporativo de una empresa que son difícilmente identificables,

La corrupción afecta de forma directa al personal de la empresa, que ve lesionada su dignidad e integridad moral, y pierde la confianza en la dirección, la compañía. Una empresa corrupta suele caer en la falsedad contable y fiscal, viendo reducida su transparencia y deteriorada su reputación, además de la posibilidad de ser incluida en listas negras de ciertas organizaciones públicas. Por otra parte, la capacidad de supervivencia o rentabilidad futura se ve claramente mermada cuando se producen casos de corrupción. Estudios hechos por el Banco Mundial o Ernst & Young resaltan que los costes de corrupción repercuten en las empresas en la pérdida de oportunidades comerciales y multas o sanciones diversas. Así, a largo plazo, el dinero gastado en corrupción resulta una pérdida para la empresa. Además, una vez dentro del terreno de la corrupción, es muy difícil poder salir.

INICIATIVAS CONTRA LA CORRUPCIÓN

El mundo empresarial ha sido testigo de una serie de escándalos éticos en los últimos años, donde directivos de empresas como Adelphia, Enron o Parmalat, entre otras, han sido descubiertos por falsificar cuentas, ocultar información a sus superiores y utilizar los fondos de la empresa para fines personales. Es por esto que, ante la expansión del fenómeno de la corrupción –que no es sólo un problema local o nacional, sino que llega a ser global–, surgen varias organizaciones con el propósito de combatir la corrupción a nivel mundial.

En varios países donde la corrupción tiene una amplia presencia, existen organizaciones locales y grupos de presión que trabajan desde hace décadas para combatirla, mientras que recientemente la lucha legal internacional contra la corrupción ocupa cada vez un lugar más importante a través de la creación de una serie de organizaciones y plataformas de lucha contra la corrupción a nivel internacional.

El rechazo hacia la corrupción está aumentando, y en los últimos tiempos ha generado una serie de medidas e iniciativas, tanto públicas como privadas, orientadas a la lucha contra la corrupción en las empresas, como el Décimo Principio del Pacto Global de Naciones Unidas, las Directrices de la OCDE para Empresas Multinacionales, la Iniciativa de Alianza contra la Corrupción (PACI – Partnering Against Corruption Initiative), la Iniciativa para la Transparencia de Industrias Extractivas (EITI – Extractive Industries Transparency Initiative), los Principios del Ecuador para las instituciones financieras, los Principios Empresariales para Contrarrestar el Soborno de Transparencia Internacional, las Reglas de conducta sobre extorsión y soborno en las transacciones internacionales de la Cámara de Comercio Internacional, la Red de Integridad del Agua (WIN – Water Integrity Network) o Trace International.

En conclusión la lucha contra la corrupción debe ser abordada desde múltiples frentes. Un enfoque dentro del marco legal es imprescindible, pues ayuda a definir el fenómeno de forma precisa y ofrece una serie de enfoques para combatirlo cuando surja; pero no debe limitarse a un tema regido por las leyes, es importante que la empresa implemente un código de conducta anticorrupción propio.

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