edición: 3102 , Viernes, 4 diciembre 2020
03/09/2012
Con la Inspección en rebelión por ofertas del sector privado

Un nuevo Banco de España prepara el "rescate soberano" a partir del 10 de septiembre

Moncloa aplaza sine die el estatuto del banco central
Luis María Linde, gobernador del Banco de España
Juan José González

Reentré de la actividad política y económica con tres y más puntos de IVA en las facturas, con un agresivo programa de medidas legislativas para despejar la reforma financiera, asignatura esta que en opinión de los políticos europeos permanece atascado el Ejecutivo español. Agosto ha proporcionado al equipo económico el aire suficiente para llegar vivo a septiembre. La sombra del rescate no remite y mantiene su posición firme sobre el sistema bancario español. Menor presión veraniega de los medios que deja a un lado, temporalmente, el otro rescate, el de la deuda soberana, el del Estado. En todo caso, de puertas adentro, en el Ministerio de Economía y en el Banco de España no han dejado ni un solo día –ni uno- de trabajar en el montaje de los andamios necesarios para que a partir del día 10, día fijado en las agendas de los vips de ambos negociados como día “D”, España solicite el rescate –blando- de la deuda del Estado.

Desde la calle de Alcalá o desde el paseo del Prado, es difícil comprobar la luz de algunos despachos del Banco de España pero se distingue claramente el del gobernador, donde seguramente se hayan librado en las últimas semanas algunas batallas dignas de una best seller. El mismo día en el que llegaba al primer despacho un Luis María Linde con el “mandato” de prepararse para un rescate el día 10 de septiembre, Fernando Restoy (subgobernador) entraba al mismo despacho con un problema de “personal”: algunos inspectores estaban siendo “tentados” por entidades financieras con suculentas ofertas para cambiar función pública por empresa privada.

Linde obligaba a los “deseados” inspectores del banco a aplazar problemas hasta conocer los cambios de la restructuración financiera que el pasado viernes parece haber dibujado un nuevo horizonte, función y vida para los profesionales del banco central español. El FROB, en pocas palabras, deja al Banco sin azúcar ni cafeína, y lo convierte en una especie de filtro destinado a identificar y detectar los problemas del sector financiero, dejando, una vez informado el Ministerio de Economía, que el FROB resuelva las crisis que se presenten.

En pocas palabras, el Ejecutivo lograba a los nueve meses de su llegada al poder eliminar todos los obstáculos (principalmente, el Banco de España) y el máximo control de la crisis financiera tras aprobar el nuevo Real Decreto financiero, el mismo que recoge la creación del “banco malo”, así como del criterio por el que los accionistas de entidades intervenidas, tenedores de productos como preferentes, deberán asumir buena parte de la pérdida.

Para el Banco de España, se trata de la reforma de mayor calado llevada a cabo en los últimos tiempos, desde la cesión obligatoria de la gestión política monetaria al Banco Central Europeo. El Banco seguirá, según se desprende del nuevo texto, desempeñando su capacidad inspectora y sancionadora, si bien parece interpretarse que a un mismo nivel que el FROB, el organismo que pasa a ser el gestor o instrumento de mayoría del Ejecutivo, para intervenir en las entidades bancarias de forma preventiva y proceder, llegado el caso, a la liquidación de las considere inviables.

En todo caso, el nuevo Real Decreto donde se contempla el alcance de las funciones del FROB, deberá ser desarrollado en breve, puesto que la reforma financiera española se encuentra en un punto de no retorno, pendiente de las cantidades consignadas en el documento de rescate de Bruselas, pero pendiente también de que las autoridades españolas despejen la situación financiera de Banco de Valencia, Novagalicia y Catalunyacaixa, además del principal escollo del sector: Bankia.

De esta forma arranca el curso político-económico para un Banco de España mermado en funciones y con rebelión a bordo, que se encuentra de un día para otro (el 3 de agosto) con el encargo ministerial de montar el andamiaje de un probable “rescate blando” a partir del próximo lunes 10 de septiembre. Y, por supuesto, del nuevo estatuto para el Banco, anunciado por la vicepresidencia del Gobierno hace casi un año, ni hablamos: Moncloa lo aplaza hasta las próximas elecciones.

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