edición: 3010 , Miércoles, 15 julio 2020
02/03/2010
El Ejecutivo se la juega con la subida del IVA

Un nuevo Gobierno con menos carteras coincidirá en julio con un plan de estabilización

Inversores y organismos internacionales, pesimistas con las medidas de austeridad
Juan José González

Ni el severo plan de austeridad ni la Ley de Economía Sostenible ni las reformas del mercado laboral y de pensiones van a ser suficiente para alcanzar el 3% de déficit para 2013, anunciado y prometido por el Ejecutivo español. Y los inversores ya tienen encendidas sus alarmas ante la pérdida de confianza y credibilidad en el ajuste y en la recuperación de las cuentas públicas españolas. En una reciente reunión entre funcionarios del Banco de España y representantes de banca privada europeos, entre los que se encontraban dos ejecutivos de los dos primeros bancos españoles, cuando se comparaba la situación griega con la española, no se hacía referencia a enero de 2010, sino a finales de ese mismo ejercicio, que será entonces cuando el parecido resultará más cercano.

Dicen los analistas de algunos servicios de estudios españoles que la intención del Gobierno no puede ser otra más que cumplir con el objetivo previsto comunicado a Bruselas, como es alcanzar ese 3% de déficit público del PIB, por una sencilla razón, porque será prácticamente imposible que la economía española crezca hasta 2013 al ritmo que cree que crecerá el Ejecutivo español.

El escenario en el que debe trabajar a corto y medio plazo, indica que cualquier ajuste que se realice va a ser de gran sacrificio para los ciudadanos, que ya han comenzado a ajustar sus presupuestos al igual que las empresas. Con todo, las medidas más impopulares que pueda tomar el Gobierno, no han llegado todavía a su destino porque aún no han sido meditadas en el seno del Ejecutivo, que tras comprobar el revuelo alcanzado por la filtración del alargamiento en la edad de jubilación, ha preferido esperar a obtener algún buen dato económico. En los próximos meses, el Ejecutivo estará en disposición de repetir el primer gran error cometido en 2007, cuando afirmó que no veía crisis en España por ninguna parte, convencido de la situación pasajera de los problemas económicos en el país.

Próximos meses hasta los que piensa ganar tiempo para unir los dos hechos políticos más importantes del actual curso político, y lograr la coincidencia en la presentación de un plan de estabilización económico nacional con la presentación de un nuevo Gobierno. Por el primero, presentará un duro programa de ajuste, similar al propuesto ahora por Grecia, si bien, a desarrollar en un período de mayor duración y con mayor margen y flexibilidad de aplicación que el heleno, pero con una novedad: la obligatoriedad por ley general para que las Comunidades Autónomas realicen su particular ajuste fiscal. Acompañando al plan de estabilidad económica estaría una remodelación en profundidad del Ejecutivo, del que se pueden caer hasta ocho titulares si se tiene en cuente que entre dos y tres carteras pueden verse afectadas por su desaparición del organigrama gubernamental.

El equipo económico del Gobierno estudia estos días la posibilidad de que el rompecabezas que tiene planteado en la actualidad el Ejecutivo español, pueda presentarse en el mes de julio una vez concluida la presidencia española de la UE y se haya ‘vendido’ su balance, por supuesto, positivo. Sería la antesala para que, unido a algún indicador económico más benevolente, como el inicio del crecimiento del PIB, la salida de la recesión, con una inflación controlada y un desempleo estabilizado, y unas cuentas públicas que ya habrían logrado frenar la velocidad de caída, el Ejecutivo presentase un plan de estabilización que comenzara por el mismo Gobierno. Plan que estaría marcado por la austeridad y el ahorro público, con la desaparición de tres carteras ministeriales, cuatro organismos públicos y el anuncio de una reforma de la función pública en los tres niveles de la Administración: central, autonómica y local.

También en el mes de agosto se darán a conocer algunos informes de organismos públicos e instituciones privadas, OCDE, FMI, así como algunas agencias calificadoras que publicarán las cifras de sus analistas sobre la economía española, lo que ayudará a contrastar los indicadores de esas organizaciones con los elaborados por Economía, Trabajo y Banco de España, principalmente. Precisamente, la desconfianza de aquellos hacia los avances que se puedan producir en la economía española esta sirviendo para sembrar las dudas entre los inversores internacionales hacia España. Se cita, entre otras cuestiones, la fuerte oposición a las medidas del actual Gobierno, el cual depende de varias formaciones nacionalistas para sacar adelante las principales medidas económicas.

Al final, el Gobierno se juega su futuro a corto plazo así como la recuperación económica española a una arriesgada carta, la subida en dos puntos de un impuesto que, como el IVA, puede retraer el consumo de particulares y producir una nueva oleada de cierres de empresas. Sólo en Japón tienen constancia de la sensibilidad de la recuperación del consumo y de la improcedencia de tocar un impuesto en situaciones tan delicadas. Esperemos a los resultados.

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