edición: 2575 , Martes, 16 octubre 2018
02/04/2013
La venta de dos submarinos Scorpene a Malasia hace una década ha generado una investigación judicial francesa

Un procedimiento que afecta indirectamente a Navantia podría estar al borde de su extinción por un testimonio clave

Carlos Schwartz

Una investigación judicial iniciada en París en 2009 por una denuncia anónima sobre presunto pago de comisiones ilegales a miembros del Gobierno de Malasia para la venta de dos submarinos clase Scorpene a la Armada Real de Malasia y que ha incluido allanamientos en las sedes de empresas francesas de defensa, puede dar un giro inesperado en breve. La semana pasada debería haber llegado -festivos mediante- a manos de los jueces que investigan la causa la comparecencia escrita de uno de los empresarios malasios que intermedió en la operación. El documento, pretende subsanar los retrasos de la justicia francesa para concretar la declaración del testigo en forma directa que se gesta desde el pasado mes de septiembre.

Los submarinos que están en el origen de la cuestión fueron construidos en los astilleros de Navantia en Cádiz. La empresa, antes denominada Izar, tenía un acuerdo para la construcción del casco de los sumergibles con la francesa DCN, titular de la licencia de los Scorpene. Pese a que Navantia y DCN rompieron sus acuerdos en 2010, a raíz de la exclusión de DCN de la construcción de submarinos S80 para la armada española, la investigación podría afectar de forma marginal al desarrollo de los negocios españoles en Malasia. Los submarinos clase S80 fueron inicialmente considerados una copia de los Scorpene por DCN, sin embargo el constructor español logró imponer su criterio de que constituyen un diseño propio.

El empresario malasio de origen indio Jasbir Chahl, que forjó los acuerdos con DCN y Thomson CSF (en la actualidad bautizada como Thales), para la venta de los submarinos envió junto con su comparecencia toda la documentación relativa a la operación. Esta documentación incluye los contratos, los estados de cuenta de las dos sociedades malasias que intervinieron en la operación, el detalle de los pagos recibidos y efectuados y una descripción acabada del papel de las empresas que actuaron como integradora y coordinadora del proyecto de un lado, y como asesora de DCN-Thales la otra. Se trata de un lado de la empresa Perimekar, integradora y coordinadora, que recibía pagos del Gobierno de Malasia por su trabajo. Su actividad no solo incluía la integración y coordinación del proyecto sino la organización en Francia y el pago a la armada francesa -en la persona de la sociedad NAVFCO- de los cursos para formar una fuerza de 160 marinos en la operación y guerra submarina. La otra sociedad es Terasasi y esta tenía contratos directos con DCN-Thales, para las que actuó como asesora y consultora para la venta del proyecto. De la documentación a la que ha tenido acceso este redactor surge que la comisión obtenida por Perimekar equivalió al 3,9% del contrato total.

En el capital de Perimekar tienen una participación no menor del 40% el fondo de pensiones del personal retirado de las fuerzas armadas de Malasia (LTAT) y la empresa industrial de capital estatal BOUSTEAD. La cuentas de Perimekar están auditadas, sus auditorías son limpias y están depositadas en el registro mercantil de Kuala Lumpur que es de acceso público. Las cuentas desde 2001 (que abarcan desde la constitución de la sociedad en 1999 hasta ese año) hasta 2011 no presentan salvedades, con la excepción de que en 2002/2003 el retraso en los cobros hizo que el endeudamiento superara al capital, situación que se equilibró a partir de 2003. Por su parte la sociedad asesora de DCN-Thales, Terasasi se llevó un 10,44% del total del proyecto entre comisiones de éxito pactadas en 2000 y honorarios referidos a la presentación, desarrollo y seguimiento del proyecto. Una vez más la comisión neta está en torno al 5%. En cualquier caso ambas están dentro de lo que la OCDE considera recomendable. Esto sin contar con que todas las participaciones de LTAT y BOUSTEAD son auditadas también de forma independiente.

La importancia de la comparecencia de Jasbir Chahl estriba no solo en su conocimiento directo de la operación, ya que fue quien la negoció y desarrolló, sino además en el hecho que la organización no gubernamental de derechos humanos Suaram afirma que ese es el hombre clave que conoce todos los secretos de la operación. Suaram se personó en el procedimiento judicial en Francia con el objetivo de ejercer como acusación popular, pretensión que fue desestimada por la corte. Sin embargo está presente como parte interesada. Por lo tanto el testimonio de Chahl y la documentación que aporta al caso amenazan con derribar los argumentos de la investigación que hasta ahora no ha encontrado fundamento a la denuncia anónima. Un detalle llamativo de la operación es que el contrato de adquisición suponía además un convenio de contrapartidas comerciales del cual las empresas españolas fueron totalmente excluidas por la parte francesa. El importe total de la venta ascendió finalmente a 1.100,6 millones de euros incluyendo la formación de los cuerpos de marinos y las comisiones. Hubo un ahorro neto sobre el presupuesto inicial de unos 389,5 millones de euros.

Sin embargo el damero muestra más complejidades que las que son observables a través de un relato de los simples hechos. La lucha judicial en Francia, de la cual hasta ahora han estado ausentes los promotores de la formación de la fuerza de submarinos de la Armada Real de Malasia, ha reforzado las posiciones de la oposición política al Gobierno del primer ministro Najib Razak, del partido de coalición nacional llamado Barisan Nasional, algo de lo que parecen haberse dado cuenta tardíamente. De acuerdo con fuentes empresariales en Kuala Lumpur el primer ministro del país, Najib Razak, anunciará en el corto plazo la convocatoria de elecciones generales para este año.  La convocatoria del proceso está pendiente desde 2012. Las elecciones van a confrontar a un viejo líder de la oposición, Anuar Ibrahim, disidente del partido mayoritario del actual primer ministro, y actual figura clave de la formación PKL y su volátil alianza con otras huestes .

La inestabilidad del frente opositor se debe a sus tres componentes: de un lado el PAS, una organización islámica que se ha radicalizado en años recientes y muestra una creciente fuerza entre la población musulmana mayoritaria en el país. El DAP, que constituye una formación liberal, que se autocalifica de socialdemócrata, con fuerte incidencia sobre la vasta colonia china del país a la que distingue su preocupación histórica por la violencia étnica local. Y finalmente el PKL de Ibrahim.

“Es difícil de encajar la idea de que un electorado no confesional como el chino pueda digerir una coalición del DAP con el PAS islamista. Las tensiones parecen inevitables y pueden acabar dejando a Ibrahim solo.

Más que una coalición de Gobierno el cuadro que ofrecen parece indicar que funcionaría en todo caso como una oposición articulada por intereses específicos a la espera de una oportunidad y no como una opción de gobierno”, señala la fuente.

Mientras, el periódico de Kuala Lumpur New Straits Time, ha recogido una serie de acusaciones según las cuales el financiero George Soros financia a la ONG Suaram. Aunque hasta ahora no hay pruebas de que ello sea así, la fundación sostenida abiertamente por Soros, Open Society Institute, tiene una persistente actividad en contra del Gobierno de Malasia y clara simpatía por el opositor Ibrahim. Soros y Malasia tienen una larga historia de desencuentros, entre otras cosas porque durante la crisis asiática de 1997, de acuerdo con fuentes financieras, Soros fue uno de los grandes especuladores en contra de las sobrevaluadas monedas locales, comenzando por el bat tailandés y siguiendo con el ringgit malasio. Esto llevó a unas inadmisibles declaraciones antisemitas en contra de Soros por parte del entonces primer ministro malasio Mahatir bin Mohamad. Sin embargo, despojando a los hechos de su contenido antisemita que las ha descalificado, el propio Soros admite haberse puesto corto en el bath tailandés y el ringgit malasio con divisas que no tenía, es decir mediante contratos de futuros a seis meses. Mientras Soros afirma haber sido neutral en la crisis, la percepción local es que contribuyó a la devaluación de las monedas y a la catástrofe financiera de 1997.

Hay quienes ven en el trasfondo de la batalla judicial en Francia, apoyada por Suaram, no solo el objetivo de reforzar a la oposición de Anwar Ibrahim, sino a los intereses de la industria de armamento estadounidense que verían su camino expedito con el candidato preferido de la administración estadounidense, Ibrahim. Quizá entre otras cosas porque Irán y Malasia tienen proyectos conjuntos en el sector del petróleo, como el desarrollo de una refinería multilateral con Venezuela y Siria. Por otra parte la petrolera estatal malasia Petronas tiene contratos para la explotación de reservas de gas off shore en territorio iraní.

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